Para que Él NO reine o Ley 1420

Con propósito de haberse cumplido, el 8 de julio, un nuevo aniversario de la Ley Nº 1420, dejamos el siguiente artículo que sirve de una somera aproximación para conocer las consecuencias, los argumentos -a favor y en contra- de esta nefasta ley. Como reza el título de la entrada, el objetivo de esta ley radica en que Él NO reine. En este enlace dejamos el artículo completo.

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En primer término, debemos dejar en claro que cuando hablamos de  “Ley” nos estamos refiriendo, en un sentido amplio, a toda norma que regula un acto u operación, cualquiera que ésta sea, en orden a un fin. “Las normas que las autoridades de las diversas sociedades promulgan  tienen por finalidad ordenar las acciones de los miembros de esas sociedades al bien común; si son justas obligan en conciencia, porque explicitan de modo concreto la ley natural”.[1]

Por lo tanto, toda la ley humana o positiva que atente contra el Bien Común[2], es decir, entre otros bienes, que atente contra la Verdad, a decir de Santo Tomás, no es ley.

a. La ley 1.420

La ley 1420 no fue algo espontaneo, sino completamente premeditado desde largo tiempo en la mente de los laicistas. No tan sólo fue una lucha en torno a cuestiones educativas, a más sociales o políticas, sino que fue a decir de Ibarguren una lucha religiosa. Lucha que comenzó a librarse hacia 1881: “El conflicto propiamente dicho estalló en 1881 en la provincia de Córdoba […] La tendencia anticlerical se manifestó con la insólita designación de profesores ‘libre pensadores’ en las vacantes para ocupar las cátedras de teología –nada menos-”.[3]

Pero el pleito religioso se agravo a raíz de la convocatoria al Congreso Pedagógico en el mes de agosto de 1.882: “el mismo fue integrado no tan sólo por liberales sino también por católicos, quienes al advertir su clara orientación anticlerical, abandonaron el recinto de sesiones del Congreso”.[4]

En dicho Congreso Pedagógico se colocó la piedra fundamental en la que se sustentaría el edificio de la ley 1.420.

El año 1.884 fue fatal, la mayoría liberal en el Congreso, salvo alguna oposición en el Senado, aprobó la Ley de Educación Común.

La ley 1.420 fue una copia de la Ley Ferry 1.882 en Francia, la cual en nombre de la libertad de conciencia y de la paz religiosa quitó a Dios de la escuela.[5] Es decir que el laicismo escolar francés es padre y modelo del laicismo escolar doméstico.

De esta manera podemos entender aquello de Castellani cuando se refiere a la escuela laica: “nos vino de afuera, armada y violenta. No era de aquí, no estaba en la tradición, y la dejaron entrar nuestros mayores por quién sabe que fatídica flojera, como a los gorriones y al sorgo de Alepo, creyéndola un gran progreso”.[6]

b. Algunos argumentos laicistas y su respuesta cstólica

  • Debemos respetar los derechos de los padres no católicos, de lo contrario disminuirá la inmigración. La enseñanza de obligatoria de la Religión Católica en la escuela oficial, será una barrera infranqueable.

Respuesta:

Rafael Igarzábal respondería: “Abrimos nuestras playas a todos los hombres del mundo no para que vengan a colonizarnos. Así, la libertad de cultos no debe entenderse en el sentido de que por cuatro disidentes debamos cambiar el tipo de nuestra educación nacional”.

Y añadiría Estrada: “para ganar un puñado de inmigrantes sacrificamos nuestra conciencia y nuestro mejor patrimonio. Naciones que sacrifican su carácter para fomentar su riqueza son tan infames como los hombres que inmolan su conciencia por un puñado de plata”.[7]

Podríamos agregar además que la mayoría de los inmigrantes no fueron anglosajones como quería Sarmiento, sino españoles, italianos, polacos católicos. Por otra parte, antes de 1884, habían llegado miles de inmigrantes y el “problema” no existía.

  • La Religión debe ser enseñada únicamente por los sacerdotes o ministros del culto, fuera del horario escolar.

Respuesta:

Goyena expresa: “(…) Será imposible que el reducido número de sacerdotes del país den la enseñanza religiosa a un gran número de niños”. Se crea así la imposibilidad de que los niños reciban educación religiosa a través de un subterfugio legal. Porque los maestros no están habilitados y los sacerdotes, por ser un número reducido, se ven imposibilitados de cumplir tal actividad. El mismo Goyena agrega, previendo las ideas oscuras de los laicistas: “Y, conocido el espíritu de la ley, no sería extraño que se pusiera a los sacerdotes dificultades para usar el recinto de la escuela, o que se combinase el horario de modo que la enseñanza religiosa fuera impracticable (…)”.[8] Tales pronósticos se cumplieron al pie de la letra.

  • La Religión es un asunto privado. Es un problema de la familia y de la Iglesia. Quien desee tal enseñanza que se la pague. Además, la enseñanza religiosa en la escuela pública es algo inconstitucional.

Respuesta:

La Constitución argentina empieza invocando el nombre de Dios, seguidamente expone que se debe sostener el culto católico, promoviendo la conversión al catolicismo a toda aquella parte de la población que todavía no se halle civilizada. Por tanto la Religión no es asunto privado sino que de ella, como quedó estipulado en la Constitución de 1853 –amén de las reservas consideradas en lo citado más arriba- es un elemento vital para mantener la unidad nacional.[9]

Por otra parte, es injusto que los padres deban costear la educación de sus hijos en una escuela privada, pues, con sus impuestos colaboran para el sostenimiento de la escuela pública. Es decir, que debe pagar por algo que no usan. Además, aquello padres imposibilitados de acceder a la educación privada, se ven obligados a enviar a sus hijos a la escuela laica viendo como destruyen la fe de sus hijos.

Así como hemos expuesto estos tres breves puntos, se pueden nombrar otros tantos atropellos contra el derecho de los padres a educar a sus hijos; por ejemplo, el monopolio abusivo de la educación por parte del Estado.  

c. El laicismo en la escuela: un camino sin salida

A pesar de que el laicismo es presentando con bombos y platillos como el sistema de la libertad, vemos en él ciertas contradicciones.

El laicismo no trae libertad de pensamiento, sino eclecticismo: “forma una cierta variedad de caracteres vagos, inconsistentes, que no cesan de balbucear, incapaces de soluciones, destinados a la ineficacia y que disimulan su debilidad  bajo su apariencia de objetividad científica”[10].

Nuestras diferencias decían provienen de nuestros prejuicios, de los “dogmas” y “verdades preestablecidas” a partir de las cuales nosotros pensamos. La meta de la educación sería, pues, el aprendizaje de una libertad absoluta del pensamiento y la ética. El pensar libre es descrito por Edmond Benzecri como: “estar en condiciones de desprenderse de todos los poderes engañadores […], externos e internos”.[11] Es, entonces, todo lo que es “otro” en lo que se corre riesgo de “perder la libertad”. ¿Podrán estos hombres rechazar las leyes físicas? ¿Podrán vivir fuera de los usos trasmitidos por la palabra, los hábitos sociales, la familia? ¿Podrán expresar lo que piensas, sin pedir prestado, el canal de una lengua heredada?

Así vemos que el laicismo rechazado el absoluto, el dogma y pregonando la libertad de pensamiento, se convierte en un dogma absoluto del pensamiento único. Y esto es lo que se vive a partir 1884.

d. El objetivo: la enseñanza religiosa

Más allá de la gratuidad y obligatoriedad, importa destacar que el punto central de esta ley era la abolición de la enseñanza religiosa:

  • Se deja de lado la enseñanza religiosa como objeto de la enseñanza (art. nº 1).
  • Se establece un mínimo de instrucción obligatoria del cual se excluye la enseñanza religiosa (art. nº 6).
  • Sólo se permite la enseñanza religiosa antes o después de las horas de clases y dada por los ministros autorizados del culto (art. nº 8).

Respecto a esto y profundizando algunos de las ideas explicadas en el punto anterior, como sostiene Guillermo Furlong[12], la ley 1420:

  • “es anti-argentina: porque está en contradicción con toda la tradición desde 1534 hasta 1884 a la vez que, tratándose de un pueblo como el nuestro, no es posible reconocer su historia y su literatura, sus creencias, sus sentimientos, sus tradiciones más queridas si no se conoce, y muy de cerca, a la Iglesia Católica […] y como no se ama lo que no se conoce, la enseñanza laica forzosamente, necesariamente, amenguará o extinguirá el verdadero y eficiente amor a la Patria”.
  • “es anticonstitucional […] porque una Constitución que invoca a Dios en su mismo preámbulo, que exige que el presidente sea católico[13], que sostiene el culto católico, que ordena la instrucción religiosa de los indígenas ¿no supone, no requiere, no exige que se conozca a ese Dios?”.
  • “es anticatólica, ya que excluye la enseñanza religiosa como asignatura, la hace imposible […]”.
  • “no atiende al sentimiento religioso del 95% de la población argentina que era católica”.
  • “Fue dictada por un Congreso que distaba de haber sido elegido ‘democráticamente’ (a causa del reconocido fraude electoral); y no tuvo en cuenta las más de 160.000 firmas que se pronunciaron en contra de esta ley”.

Acudiendo al Magisterio, nos parece “evidente, por tanto, que la libertad de que tratamos, al pretender arrogarse el derecho de enseñarlo todo a su capricho, está en contradicción flagrante con la razón y tiende por su propia naturaleza a la perversión más completa de los espíritus (…)”. “Solamente la verdad debe penetrar en el entendimiento, porque en la verdad encuentran las naturalezas racionales su bien, su fin y su perfección (…)”.Este es el fundamento de la obligación principal de los que enseñan: extirpar el error de los entendimientos y bloquear con eficacia el camino a las teorías falsas”.[14]

Ese es el deber del maestro: iluminar con la verdad y no seguir los caprichos de una pseudo-libertad como propone el laicismo, porque la autoridad del maestro es muy grande ante los oyentes y porque son muy pocos los discípulos que pueden juzgar por sí mismos si es verdadero o falso lo que el maestro les explica.

Por todo lo expuesto podemos terminar con aquello del Rvdo. Padre Leonardo Castellani:

“La religión de Cristo es la religión de la mayoría nacional; es la religión de nuestros muertos, de nuestros Padres, de nuestros Grandes […], es la única verdadera […]. ¿Se debe enseñar o no el cristianismo a los argentinos pichones? […] ¡Y qué otra cosa quiere enseñar, entonces!”.[15]

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NOTAS:

[1] PONFERRADA, G. Introducción al Tomismo. Club de Lectores. Bs. As., 1985, p. 155. Ley Natural que obliga a hacer el bien y evitar el mal, que se manifiesta en conservar el ser, la especie y a vivir en sociedad según normas racionales. A su vez la ley natural es una participación de la ley eterna.

[2] Para tener una somera idea sobre Bien Común, entre infinidades de libros y artículos, se puede leer el “Santo Tomás y el orden social”. En: SACHERI, C. Orden social y esperanza cristiana. Escipión, Mendoza, 2014.

[3] IBARGUREN, F. Nuestro ser nacional en peligro. Vieja Guardia, Bs. As., 1987, p. 134.

[4] Ibídem., p. 134-135.

[5] Cfr. RÖTTJER, A. La escuela argentina... op. cit., p. 11.

[6] CASTELLANI, L. Cristo… op. cit., p. 127.

[7] En: RÖTTJER, A. La escuela argentina... op. cit., p. 12.

[8] En: Ibídem., pp. 29-30.

[9] Cfr. Discurso de Pedro Goyena. En: RÖTTJER, A. La escuela argentina... op. cit., p. 28-29.

[10] CREUZET, M. La Enseñanza… op. cit., p. 19.

[11] L’Action Laïque, enero de 1962, p. 17. En: CREUZET, M. La Enseñanza… op. cit., p. 25.

[12] FURLONG, G. La tradición religiosa y la escuela en argentina. Teoría, Bs. As., 1957, pp. 83 y ss. En: DIEZ, M. Luces y sombras… op. cit., p. 90.

[13] Luego de 100 años se modificó esto. Con la reforma de 1994.

[14] Libertas Praestantissimun, nº 19.

[15] CASTELLANI, L. Cristo… op. cit., 133.

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