Canción vulgar

Para mi mujer

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Voy a cantar hoy, mujer,

una tan honda poesía,

que sólo tú, que eres mía,

vas a saberla entender.

Voy a cantar de un querer

tan unido a mi vivir,

que en cuanto voy a decir,

mujer, no debe asombrarte

que hoy falte en primor y en arte

lo que me sobra en sentir.

Estos versos de hoy no son

vanos y dulces sonidos

que enamoran los oídos

sin llegar al corazón.

No son rosas de pasión

que florecieron ayer

y que, al punto de nacer,

faltas de vida, se helaron:

frutos son que maduraron

al abrigo de un querer.

.

Y así como un rumor blando

en las horas estivales

denuncia entre los jarales

al río que va cantando,

así quiero yo, rimando,

mujer, mi culto sentir,

saber de tal modo urdir

los versos de mi cantar,

que puedas tú adivinar

cuanto no acierte a decir…

.

No es mi querer una ardiente

pasión vana y alocada,

como burbuja irisada

que se lleva la corriente.

Es un querer mansamente

tan entramado y tan fino

y, por modo peregrino,

tan elevado y tan llano,

que tiene un mucho de humano

y un no sé qué de divino.

.

Por eso no voy, mujer,

a hacer un cantar de amores

que ahogara en falsos primores

la hondura de este querer.

Fuera intentar sin poder

el pretender expresar

mi sentir en un cantar

que brotara de mi pluma…

¿Qué nos descubre la espuma

en las honduras del mar?

.

Inútil y necio fuera

rimar en una canción

cosas tan del corazón

que nadie las entendiera.

Con honda pasión sincera

la canción de este querer

ya está rimada, mujer,

en el alma de los dos…

¡Sólo nosotros y Dios

la podemos entender!

.

Escucha, pues, la escondida

canción de mi corazón;

escúchame esta canción,

que es la canción de mi vida…

¡Es tan hondo y tan sentida,

que al decírtela hoy a ti,

yo no sé que siento en mí,

que quiere hacerme entender

que Dios se alegra, mujer,

de ver que te quiero así!

.

A ti te debo, mujer,

la más íntima dulzura

y la más rara ventura

que a nadie pude deber;

porque te debo el saber

íntimamente gozar

la poesía de un hogar

lleno de amor y alegría…,

¡que es la más honda poesía

la fuerza de ser vulgar!

.

A tu vida pura y sana,

con mi pobre vida unida,

debo el amar hoy la vida

sencilla, buena y cristiana…

Poesía cotidiana

que ilumina cada hora,

y conforta, y enamora,

y es eterna, y nunca hastía…,

¡que por nacer cada día

no es menos bella la aurora!

.

Por ti aprendí la verdad,

y, de verdades henchida,

el alma le dió a la vida

cimientos de eternidad.

Por ti amo la austeridad

del recio y hondo sentir;

por ti, en mi claro vivir,

de ritmo grave y pausado,

ni me avergüenza el pasado,

ni mi inquieta el porvenir.

.

Por ti tan sólo, mujer,

hoy siento mi pobre vida

preciada y ennoblecida

de un nuevo y alto valer;

que es tan noble este querer,

y es tan puro y verdadero

el fervor hondo y sincero

en que abrasándome estoy,

que hoy sé lo mucho que soy

por lo mucho que te quiero.

.

Tras la falsa idealidad

vagaba yo, solo y triste,

mientras que tú no me diste

el pan de la realidad.

En ti encontré la verdad

y puse la vida en ti

porque, al hallarte, entendí,

de mí mismo escarmentado,

que el corazón te ha enseñado

más que los libros a mí.

.

Desde entonces, mi poesía,

mujer, debe ser tu orgullo,

porque su sentir es tuyo

y sólo la forma es mía.

Mi pobre forma vacía

con tus sentires henchí,

y hoy pienso, mujer, que así,

a pesar de los pesares,

algo valdrán mis cantares

por lo que tienen de ti.

.

Y así, si llegara el día

en que este mi nombre oscuro

alcanzara el inseguro

favor de la nombradía;

si esta mi pobre poesía

lograra el tiempo vencer,

es porque lleva en su ser

y en su intimidad secreta

más que el arte de un poeta,

el alma de una mujer.

.

¡Un alma pura y henchida

de poesía noble y sana!

¡Un alma buena y cristiana,

y, por cristiana, sufrida!

¡Un alma, en fin, que a la vida

de un poeta supo dar

un objeto en que emplear

el ardor de su sentir,

y un modelo que seguir,

y una pasión que cantar!

.

Un alma, en fin, sin doblez,

y de tan puro sentir,

que logró, mujer, unir

la hondura y la sencillez;

y, honda y sencilla a la vez,

es cual remanso que llena

el agua limpia y serena,

que al ser claro, aun con ser hondo,

permite ver en el fondo

hasta los granos de arena.

.

Ésta es, mujer, la canción

de mis sentidos amores,

tan escasa de primores

como henchida de emoción.

Tú que con el corazón

sabes, mujer, vislumbrar

cuanto no pude expresar

en mis pobres versos…, ¡dime

si no es mi canción sublime

a fuerza de ser vulgar!

 

José María Pemán

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