Desolación

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Jeremías contempla a Sión, desolada y solitaria, desgarrada por sus pecados e infidelidades; contempla doliente la soledad de sus caminos, en otro tiempo transitados con alegría por quienes iban al encuentro de Yavé en la ciudad santa: “Los caminos de Sión están de luto, porque nadie viene a las fiestas solemnes. Todas sus puertas están desoladas, gimen sus sacerdotes, sus vírgenes están afligidas, y ella misma está amargada” (Lm. 1, 4). Pero Isaías, exultante, canta la restauración del camino de Sión, ahora camino de santidad y de gracia: “Se trocará la tierra abrasada en estanque, y el país árido en manantial de aguas. En la guarida donde moran los chacales verdeará la caña y el papiro. Habrá allí una senda y un camino, vía sacra se la llamará; no pasará el impuro por ella, ni los necios por ella caminaran” (Is. 35, 7-8)

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