Mons. Juan R. Laise, In Memoriam -sin omisiones “convenientes”-

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Más de una vez hemos protestado en este portal por la odiosa costumbre de muchos católicos de canonizar ipso facto a algunos cristianos apenas ocurrido su fallecimiento, como si el Purgatorio no existiera. Ni qué hablar cuando se trata de un eclesiástico que ha tenido una notable militancia en favor de “los pobres” con los que se excusan livianamente grandes disidencias con la fe; ¡hasta altares y novenas!..

Pero en el caso que nos ocupa, por el contrario, consideramos que tal vez en las semblanzas y condolencias que se han difundido se ha deslizado cierta injusticia por omisión al callar algunos datos dignos de encomio que es preciso conocer en memoria de este honorable obispo que Dios ha concedido a la Iglesia en la Argentina.

Nos parece muy oportuno que  el Santo Padre reconozca su “dedicación y entrega pastoral”, o que se mencionen sus obras a favor del culto y la defensa de la fe –lo que por otra parte debería ser lo esperable en todo obispo fiel…- pero más allá de las semblanzas políticamente correctas ante el fallecimiento de “un obispo más” creo que es deber de justicia levantar un poco más la voz para destacar algunas grandes virtudes de Mons. Laise que por desgracia no han sido últimamente las más frecuentes entre nuestros pastores. Y es comprensible que esos reconocimientos no provengan de la propia Conferencia Episcopal, pues si algo no ha sido Mons. Laise fue un pastor “políticamente correcto”, gracias a Dios.

Por eso es grato leer el justo reconocimiento del segundo sucesor suyo, actual obispo de San Luis, Mons. Martínez, quien además de sus condolencias expresa en su Carta Pastoral,

“ante todo, un cristiano agradecimiento a Dios Nuestro Señor por haber dado a la Diócesis y Provincia de San Luis un Obispo como él,”

pues es motivo de profunda gratitud para una diócesis contar con Obispos que no se conformen al sentir del mundo y se atrevan con santa parresía a predicar “contra corriente” el auténtico Evangelio, frente a sus muchas adulteraciones.

 “Especialmente valoramos, entre otras actividades: su amor por la Eucaristía, su devoción mariana, concretada en cada pueblo; su eclesial preocupación por las vocaciones, plasmada en la fundación del Seminario Mayor Diocesano, San Miguel Arcángel; su fidelidad a la doctrina católica del Magisterio de la Iglesia; sus constantes desvelos por mantener y resaltar la sacralidad de la liturgia, restaurando la Iglesia Catedral y promoviendo el canto sacro; su cercanía a la educación católica; su particular devoción al Padre Pío, con la creación de los Grupos de Oración.”

Pero a lo que se ha dicho sobre su limpia y ascendente vida al servicio de la Iglesia (desde su temprano ingreso a los Capuchinos, su sacerdocio, la licenciatura en derecho canónico en la  Gregoriana, su doctorado en derecho civil de la Universidad Nacional de Córdoba -Argentina-, su nombramiento como Superior Provincial de los Capuchinos de Argentina) falta tal vez añadir lo que más aproxima a los discípulos de Cristo a su Maestro: sus Cruces. Es, pues, mirando sus sufrimientos (cómo y por qué han sufrido) como podemos calibrar mejor la fidelidad de los hijos de Dios.

En el caso de Mons. Laise, destacamos ante todo tres grandes cruces que rubrican a su vez tres grandes combates.

Una asunción episcopal “turbulenta”:

– En 1971 fue nombrado por el papa Pablo VI obispo coadjutor con derecho a sucesión de la diócesis de San Luis, cuyo obispo estaba gravemente enfermo. Éste había sido electo años atrás como obispo Conciliar, permaneciendo durante todo el desarrollo del CVII en Roma, y a su término regresó visiblemente “aggiornado”, transformando la diócesis en un semillero de sacerdotes tercermundistas. El clero de esa diócesis, aunque escaso, estaba en efecto profundamente dividido debido a la teología de la liberación. Debido a la fuerte resistencia del sector más ideologizado y rebelde, no fue posible organizar la consagración episcopal en el territorio de lo que sería su sede episcopal, sino a 800 kilómetros de distancia, en la capilla del colegio Euskal Echea de Buenos Aires, del cual era ex alumno.

Pocas semanas después el Obispo de San Luis murió. Tan pronto como se convirtió en obispo de San Luis, la reacción del grupo de sacerdotes altamente politizados hacia el marxismo no se hizo esperar, y un número importante de ellos dejaron la diócesis y se trasladaron a la diócesis vecina de la Rioja donde el ambiente era más acorde a sus ideas, y donde por entonces era obispo el devoto montonero Enrique Angelleli... Algunos fueron incluso más lejos abandonando directamente el ministerio sacerdotal. Esto fue un duro golpe para Mons. Laise, ahora al frente de una diócesis casi sin clero (ya antes tenía muy pocos sacerdotes pues no había habido ordenaciones sacerdotales en los 18 años anteriores, y en ese momento había sólo un seminarista, pero este éxodo disminuyó aún más el número). La actitud previsible podría haber sido “contemporizar” o bien optar por un “diálogo” que mantuviera a cualquier precio un status quo que no le complicara demasiado la vida, pero sin embargo su coraje, su tesón y sus dotes de gobierno le permitieron encontrar una manera de revertir la situación según el sentir de la Iglesia y del Corazón de Cristo, haciendo desde el principio su prioridad el fomento y cuidado de las vocaciones, no sólo en cuanto a su número sino sobre todo lo más arduo y eficaz: su formación, creando en 1980 el seminario diocesano “San Miguel Arcángel”.

Treinta años después, al cumplir 75 años y abandonar el mando de su diócesis, había más de cincuenta seminaristas, y un joven y numeroso clero que trabajaba activamente en las ciudades y pueblos de la provincia. Del mismo modo, promovió la instalación de diversas congregaciones religiosas, especialmente la creación de una nueva congregación femenina, el Instituto Mater Dei de carácter diocesano que ha pasado las fronteras de la provincia con una casa en Buenos Aires, y del país con fundaciones en Chile, Canadá, España y Francia.

Desde el principio, su actividad fue múltiple e incesante: la fundación de casas religiosas, escuelas, una extensión de la Universidad Católica, numerosas iglesias y capillas para los nuevos distritos de una provincia cuya población está en constante crecimiento y la organización de congresos y conferencias, han dotado a la provincia de San Luis de una fisonomía plenamente diversa del resto, haciendo de su catolicidad una nota distintiva incuestionable.

Las directivas apostólicas se sucedieron en el espíritu y las decisiones del obispo Laise, a un ritmo febril, pero como religioso capuchino sabía bien que la actividad, incluso la más noble, como la del apostolado, no es fructífera si no nutre sus raíces en la contemplación. Es por eso que también alentó la instalación en la diócesis de comunidades contemplativas.

El combate por la dignidad de Cristo Sacramentado

– En segundo lugar, podemos hablar de un buen combate por lo que fue en lo que se ha destacado de modo especial: la piedad y devoción eucarísticas. Ella se ha traducido de manera especial en la Adoración del Santísimo Sacramento, que por su expresa voluntad ha sido expuesta cotidianamente durante todo el día en la catedral desde los años 80. También se manifestó en su cuidado por la organización de la fiesta y procesión solemne del Corpus Christi por las calles de la ciudad, y en sus homilías para la ocasión.

Por esta razón, se comprende que en 1996 se encontró con una grave responsabilidad, ante la decisión de la Conferencia Episcopal Argentina de solicitar un indulto de la Santa Sede para dar la Sagrada Comunión en la mano. Éste, que además de haberse obtenido en un principio a través de una desobediencia frontal al Papa que se oponía claramente a la introducción de ese uso, constituía indudablemente una manera menos devota, al hacer menos clara la Presencia Real y la especificidad el Sacerdocio y multiplicar las posibilidades de sacrilegios y profanaciones. Por este motivo, al obtenerse el indulto, tras haber presentado sus reparos a la Sda. Congregación de Ritos, Mons. Laise determinó no hacer uso del mismo, siendo San Luis la única provincia argentina en que no está permitido comulgar en la mano.

Pero esta decisión no fue gratuita: pese a haber recibido por parte de Roma la autorización y aliento por su celo y responsabilidad pastoral en este tema, la respuesta hostil de sus “hermanos en el episcopado” no se hizo esperar. Como laica, doy fe del ensañamiento con que fue criticado Mons. Laise por su decisión, por parte de no pocos sacerdotes y muchos obispos. En su libro extensamente fundamentado sobre el tema Comunión en la mano. Documentos e historia, publicado originalmente en 1997, expone la reverencia que cada fiel debe dar al Santísimo Sacramento al comulgar. Con pruebas incontestables, concluye que la única forma de manifestar sinceramente con la palabra y con los hechos la fe en la presencia eucarística del Señor es el recibir la comunión en la boca, directamente de manos del sacerdote. Como difusores entusiastas de esta obra, puedo dar fe de la negativa terminante de recibirlo en numerosas librerías “católicas” de Bs. As.: “de Laise, nada”…

La fidelidad a la Doctrina Católica, sin adulteraciones

– Otro punto central de su actividad como obispo, al promulgarse el Catecismo de la Iglesia Católica, fue el abocarse a componer una serie de Catecismos pequeños, que fue publicando gradualmente y que consistían en una adaptación para el uso de del niños de los contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica, por temas (la Oración, el PadreNuestro, la Comunión, la Confirmación, Los Mandamientos, etc.). Estos causaron cierta controversia por considerarlos demasiado conservadores, y pese a haber recibido gran aliento del entonces Cardenal Ratzinger, fueron también “proscriptos” en gran medida en las librerías y ambientes sedicentemente católicos.

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Consideramos que el haber pasado sus últimos años en el Santuario de San Giovanni Rotondo, donde vivió durante toda su vida San Pío de Pietralcina, no fue un mero dato anecdótico, como tampoco el haber muerto confesando, siendo así medio de la más exquisita Misericordia.

Descanse en paz, siervo bueno y fiel…!

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Visto en:  Caritas in Veritate. Escrito por María Virginia Olivera de Gristelli

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