Y quiero decirles finalmente lo siguiente: para los tiempos que van llegando, que ya están, hay una cosa que les digo sobre todo a los jóvenes. Es necesario como nunca la unión en la amistad, la amistad verdadera y plena. Necesitamos de ella como nunca, porque en ella está involucrada la amistad de todas las amistades que es la de Nuestro Señor Jesucristo y su Santísima Madre. Necesitamos de la amistad, y cuando surjan las parejas, que sepan que las cuatro exigencias que se requieren para una real, verdadera y definitiva unión, hay una que es primera y principal. Las cuatro son: atracción carnal, porque sin eso lógicamente como va a usted compartir el lecho toda la vida, pero es la menor de todas. Después viene una segunda exigencia que es la amistad, o sea la confianza, la confidencia, la entrega plena del uno al otro en la verdad; sin esa comunión en la amistad, no puede haber amor duradero. Pero hay una tercera exigencia que todavía es más principal que todas, que es la disposición al sacrificio, al sacrificio de uno para el otro, y de ambos para con los hijos. Esta tercera, es la radical en la unión de una pareja. Y hay una cuarta que es importantísima, que es rezar juntos, o separados, pero rezar, porque rezar significa reconocer, alabar, la voluntad, la inteligencia de las personas divinas, y traducir la total y absoluta dependencia que de Ellas tenemos.

Cuatro cosas, atracción carnal, amistad, disposición al sacrificio, y si son creyentes, orar, porque en la oración está la expresión de la esperanza, esa virtud tan esencial de orden sobrenatural.

Necesitamos de esta comunión en la amistad y de esta comunión en el hombre. Uno ha tenido una vida difícil. Uno podría decir sin ningún alarde, mi vida fue una tierra de dificultad y de trabajos agobiadores, como dice en la suya San Agustín. ¿Y qué te ha sostenido?, ¿qué lo ha sostenido a uno a lo largo de esa vida? Ante todo, el amor de Dios, de Cristo crucificado, sin el cual no somos nada ni podemos nada. Y luego los grandes amores de esta vida, el amor de la mujer, el amor de los hijos, el amor de los amigos.

Uno ha sido tan rico, es tan rico de esos amores, que yo quisiera poder decir como Ion Motza, en su testamento, «yo he entendido así el deber de mi vida, he amado a Cristo, y he ido feliz a la muerte por Él». Y podemos decirlo, les digo, a los jóvenes sobre todo, «hagan de nuestro país una tierra bella como el sol, una nación moderna y respetada, temerosa de la palabra de Dios».

Para que ustedes vean como nos identifica un mismo pensamiento con el espíritu y la definición legionaria de Codreanu, fundador de la Legión Rumana, miren estas palabras, que son para recordar y tener presentes en todo momento:

«Cristo ha resucitado, así resucitará también la justicia para el pueblo rumano, (para el pueblo argentino). Mas para obtener esto es necesario que sus hijos recorran el camino que recorrió Jesús, que pongan sobre su cabeza la corona de espinas, que suban el Gólgota de rodillas con la cruz a cuestas y se dejen crucificar si es necesario. Legionarios, sed vosotros esos jóvenes. Quien renuncia a la tumba, renuncia a la resurrección».

Quien renuncia a la tumba renuncia a la resurrección, porque no hay camino a la resurrección sino a través de la muerte. Esto es así, pero eso sí, la vida hay que jugarla en el momento preciso. En el acto moral se requiere siempre tener en cuenta tres cosas en las que deben pensar siempre sobre todo los jóvenes. Primero, tiene que ser bueno el fin; bueno el objetivo del acto; tiene que ser buena la intención, y tienen que ser buenas las circunstancias. Cuando nosotros malogramos la bondad de cualquiera de estos tres factores, malogramos la bondad del acto moral. Debemos actuar en el momento oportuno, en el momento ajustado, porque a veces, con la mejor intención, y yendo hacia el mejor objeto, obramos mal porque no lo hacemos en las circunstancias debidas. Y esto no lo debemos olvidar nunca, lo debemos tener presente siempre.

Por otra parte Dios le pone a uno en la vida, situaciones en las cuales ineludiblemente tiene que dar testimonio, y lo único que cabe pedirle a Dios es que le dé la fuerza para hacerlo como Dios manda.

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En: GENTA, J.B. Asalto terrorista al poder. Santiago Apóstol, Bs. As., 1999, pp. 239-241.

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