La paradoja del ideólogo

“La locura es la razón utilizada sin raíces”

Chesterton

“Contra malicia, milicia”

Gracian

La paradoja en la que se encuentra atrapado el tributario de una ideología es aquella en la cual rechazando lo absoluto absolutiza su idea y la radicaliza a más no poder. Veamos cómo es esto.

Por un lado relativiza todos los aspectos de la realidad y hasta la realidad misma planteando que el acceso a ella solo se da mediante el discurso, es decir, no se puede conocer la realidad si no es por medio del lenguaje, por medio de la interpretación. La realidad tal cual es no se puede conocer (aunque parece existir, mas es arbitrada por el lenguaje). Pero por otro lado únicamente el discurso valido es el suyo propio. Ahora bien, si todo es discurso ¿cuál es el criterio de validez del mismo? ¿Acaso existe un meta-discurso que valide a los demás discursos? Si esto es así debería haber otro discurso que valide a ese meta-discurso, un “super-meta-discurso”, y así al infinito. Y si este último no existe, aquel meta-discurso sería un absoluto que me permite ver y decir lo que él quiere que vea y diga (Fucó dixit).

Por otro lado cuando comienza a cooptar los resortes de la sociedad y a convertirse en un nuevo y transformado “sentido común” (a decir de Gramsci), luego de haber ganado bajo los ropajes de la cientificidad para algunos y para otros del sentimentalismo más ramplón las mentes y los corazones (que por otra parte nunca fueron bien plantados en los fértiles suelos de la verdad y el bien), muestra sus pretensiones totalitarias, pretende aparecer como la única y última explicación de la realidad (aunque sea tan solo un discurso). Y así cae en lo primeramente negado, el absoluto.

En este sentido la ideología es la agraciada y esclarecida prisión de una idea que se ha llevado al extremo, la mente del ideólogo, diría Chesterton, se mueve en un círculo perfecto pero estrecho. Pero a pesar de su estreches pretende comprehenderlo todo y se coloca como parámetro para “leer la realidad” e indicará por ejemplo, qué es lo justo. ¿Y qué es lo justo? es lo que se adecue a su idea. ¿Y lo injusto? todo lo demás.

Véase sino lo que ocurrió por estos días con el muchacho que lo disfrazaron de víctima de femicidio. Para el tribunal ideológico esto es una blasfemia. Entonces las redes sociales y los grandes medios de comunicación, todos ocupados de expandir la ideología/discurso imperante, no trepidan en aleccionar al infractor. Y detrás de ellos, para no quedar “pegados” en tamaña ofensa la “universidad” y el club tachan de “inmoral” al muchacho.  Pero por el contrario cuando una joven egresada de medicina sostiene un cartel que dice “Ahora voy a poder  recetar misoprostol a las pibas” y conjuntamente dice “Aborto legal”, esto no es ofensivo, ni apología del delito, ni siquiera intento deliberado de provocar la muerte de un no nacido, sino que es libre expresión, y no tan solo eso, es lucha por la causa del “derecho al aborto”. Como decía Chesterton “para corromper a un individuo basta con enseñarle a llamar ‘derechos’ a sus anhelos personales y ‘abusos’ a los derechos de los demás”. No nos olvidemos de aquella empleada pública tucumana que se disfrazó de la Virgen María y fingió un aborto. A ella no le hicieron ni siquiera un sumario, pero al muchacho que se recibió lo obligan a rehacer su tesis y a cursar una materia de “diversidad de género”. Y para qué hablar de las violentas, obscenas, asquerosas y ruines manifestaciones en los Encuentros de Mujeres donde, a modo de símbolo (según ellas), pintan “muerte al macho”, “machete al machote”, entre otras purulentas consignas, pero son, claro, una manera de expresarse contra el tan mentado “patriarcado”. Por último, un caso paradigmático, y que sienta antecedente, fue en del Dr. Lastra y la Dra. Perramón. En el primero madre y bebé están vivos, pero el médico fue condenado culpable por no seguir el protocolo de muerte. En el segundo madre y bebé están muertos, pero la médica fue absuelta.

Este es, para decirlo en su jerga, el discurso imperante, discurso que se impone totalitariamente desde los “aparatos ideológicos” (Althusser) que tanto defenestran pero cuando sirve a sus intereses no trepidan en usar y abusar de ellos.

Queridos amigos son épocas aciagas en donde hay que seguir a pie de juntillas aquello de ser prudentes como serpientes y sencillos como palomas. Ésta para con Dios, aquella para con los hombres. No debemos desfallecer ante esta situación y debemos recordar que si nos insultan, persiguen, o dijeran mentiras contra nosotros nos espera la recompensa del Cielo. No estén tristes por el contrario “Estad alegres en el Señor”.

 

 

José Gastón

Ante un nuevo acto de culto democrático

Gueydán de Russel caracterizaba a la política sin Dios como una “política juego”, donde los equipos se dividen en partidos y se entregan a un espectáculo circense. En este tipo de política idolátrica, viciada desde sus mismas raíces, se busca desordenadamente el poder por el poder mismo. Hay una sustitución de principios, en lugar del bien lo útil, en lugar del orden natural lo antinatural, en lugar de la certeza moral el relativismo, en lugar de la concordia el odio y la venganza.

Este estilo de política y este relevo de principios se vienen concretando en nuestra Patria con asidua y persistente continuidad, pero en los últimos años se ha profundizado de manera notable. Lo acontecido el día de ayer en nuestra Argentina es muestra de la inconsistencia moral y del deterioro, que casi llega a la putrefacción, de gran parte de los argentinos. Y con esto me refiero a la victoria de la mafia Fernández y Fernández. Victoria que dejó en claro el talante moral de ciertos fanáticos suyos con cánticos, pintadas y todo tipo de manifestación contra “el gato” Macri. No se atreva el lector a colocarnos en el tablero de “Juntos por el Cambio”, no. Las dos fórmulas que se discutían el poder palmo a palmo tan solo nos merecen un calificativo: despreciables.

Sin embargo a pesar de que cambia el color político, nada cambia, es más de lo mismo: la tenaz lucha contra Cristo y su Iglesia y contra el Orden Natural. Ahora se hará por izquierda, antes por derecha, pero en definitiva es una tenaza que constriñe cada vez más los últimos resabios del decadente orden social cristiano (con las facilidades que le dan los mismos cristianos, y en particular la jerarquía católica).

Estamos frente a una política que se ha separado de la moral y de un hombre que le ha vuelto la espalda a Dios. El hombre, entonces, es endiosado y se convierte en fuente de todo bien y de toda moral. Y este principio del liberalismo es lo que da sustento a la democracia liberal, que es el non serviam en plural del que hablaba Madiran.

Este sistema corrupto y corruptor (que no una de las tantas formas de gobierno que acepta la Iglesia) se sustenta ante todo en la descomposición moral. Luego, la batalla no está en las urnas, terreno imponderable del enemigo, la batalla está en el ámbito cultural. Bien lo entendieron Gramsci, los de Frankfurt y sus secuaces. Tan bien lo entendieron y tan bien les salió la jugada que hasta los mismos católicos caemos en sus tretas. Repito, la batalla está en el ámbito de la cultura, en el amplio sentido en que hoy se entiende, en todas las manifestaciones diarias, desde el saludo (antes se estilaba al saludar decir “Ave María” y el otro respondía “Sin pecado concebida”, o también “adiós” que es apócope de “A Dios encomiendo su alma”) hasta la creación de editoriales, clubes, empresas, escuelas, medios de comunicación, todo lo que esté a la mano como decía Castellani. Es decir, creación de Cuerpos Intermedios. Pero primero y antes que nada debemos corrernos del lugar de Marta y ser como María quien se quedó con la mejor parte. El católico no debe, no puede olvidar que es preciso restaurar a Cristo en cada uno de nosotros, debemos ser otro Cristo. Lo demás, lo que hace Marta, que podríamos llamar en término general justicia social, es consecuencia de aquello. Por lo tanto, lo inaugural, es “Buscad primero el reino de los cielos”.

Ha dicho con magistral sabiduría Genta

“que el hombre convertido a Dios en Cristo, transforma a la sociedad y a la historia en la acción redentora por la cual el tiempo se hace imagen de la eternidad y la comunidad de los hombres se convierte en Iglesia, en Cristo total cuya cabeza es Él y nosotros sus miembros”.

Por tal motivo la obligación del católico es el ajustar su vida política a las exigencias de su recta razón, iluminada por la fe. Es deber innegociable conocer las exigencias de su fe, formarse en la Doctrina Social de la Iglesia, conocer el Magisterio, ilustrase bebiendo de las fuentes que manan de los grandes pensadores católicos.

Y por último, como corolario de la acción política ser Testigos (que en griego se dice mártir). Es ofrecerse a través del sacrificio personal, defendiendo con viril energía todo aquello que es sagrado, reverenciado y respetado. Bien lo ha dicho Genta, y lo demostró con su propia muerte: “sin disposición al sacrificio no puede haber fidelidad continuada, ni constancia persistente en el esfuerzo, ni fortaleza suficiente para resistir la adversidad”. Pero este sacrificio no es un voluntarismo, sino más bien, sigue diciendo Genta,

“Tiene que ser partícipe por la Gracia de Dios, de la Pasión, Muerte y Resurrección de N. S. Jesucristo para ser vencedor incluso en la derrota y para que la Vida verdadera surja de la muerte con nitidez fulgurante en la Esperanza sobrenatural”.

El Testigo triunfa indefectiblemente, pero a costa de su sacrificio personal. Por eso Castellani agrega: “para algunos, por vocación, salvar el alma es lo mismo que salvar la Patria”. Esta fue la vocación de Genta, salvó su alma intentando salvar la Patria. Genta fue testigo, siguió el ejemplo de aquel Supremo Testigo, Jesucristo, que vencido, vence.

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La sociedad se encuentra en pleno desorden y desorientación. Pero en la medida que Dios nos provea de testigos que alcen la voz y reclamen los derechos de Dios, reaparece la Cruz como signo, como bandera y como estandarte. Es por ello que ningún cristiano debe entender la historia como un mero transcurrir del tiempo y de los caprichos del hombre, pues si la comprende así, sin una mirada teológica ha sucumbido al oleaje del mar del mundo. Y nosotros no podemos pensar así, porque el director de la orquesta es Dios y su Hijo, Cristo Rey, se reserva el último acorde.

 

José Gastón

Réplica al artículo ‘Los Cruzados Virtuales…’

La nota que adjunto encontró albergue en un blog titulado “Que no te la cuenten”, dirigido (o administrado, como se dice ahora) por el Padre Javier Olivera Ravassi. El texto no lleva firma, salvo que pueda considerarse por tal el sello del Centro de Estudios Universitarios “Leonardo Castellani”.
Hasta ayer creí que el texto estaba dirigido a Antonio Caponnetto. Algunos amigos también lo creyeron. Incluso Antonio Caponnetto consideró que era un ataque contra él. Pero todos nos equivocamos puesto que el Centro “Leonardo Castellani” emitió un comunicado aclarando que el escrito no tiene un destinatario concreto -“mucho menos Antonio Caponnetto”- sino que es tan sólo la “descripción genérica de una mentalidad”, la de los “cruzados virtuales”. Eso me trajo tranquilidad.
No obstante, releyendo el escrito, con un azoramiento del que no salgo, retornó a mí la inquietud. El tenor general del escrito es sumamente agresivo y evidencia una cólera apenas contenida, un frenesí crítico que no se corresponde con la mera descripción de una “mentalidad”. El texto no se refiere a Caponnetto, de acuerdo. Pero entonces, ¿a quienes? ¿Quiénes son los portadores argentinos de este virus mental, moral, ideológico y religioso contra los que el anónimo autor alza el índice acusador? Estas son preguntas lógicas respecto de un texto en extremo violento y a la vez viciado de ambigüedades.
Tras varias lecturas, mi parecer es que el autor se dirige a muchos de nosotros. A los que no vemos que una empresa partidocrática sea un medio aceptable para llegar a buen puerto. A los que consideramos que la pelea por la familia y la vida de los hijos de esta Patria –hoy llamada “provida”, a secas- no puede desvincularse de la Verdad. A los que seguimos creyendo que no han desaparecido los alcázares, ni las campanas, ni los púlpitos. Ni los vigías. A los que seguimos enseñando eses puñado de verdades a nuestros hijos y alumnos, a los amigos que quieran escucharnos.
No tenemos más que las clases y las charlas que damos, o los pocos textos que escribimos. No congregamos multitudes ni somos influencers, pero cada uno de nosotros –¡cómo recuerdo a mis amigos y camaradas de varios lugares del país que, a pesar de los dolores y las angustias, siguen en la brecha del Buen Combate diario! – nos entregamos con fervor, con auténtica fe y esperanza en la resurrección de aquellos que se llamó Argentina. Ninguno de los hombres que conozco, y que aparecen acusados caricaturescamente en esta nota, falta a la caridad a la hora de decir o escribir sobre las cosas que a todos nos importan.
Nunca he escrito un texto como éste. Jamás ocupé mi tiempo en responder un ataque. Si he tenido críticas a gente amiga o a camaradas, o guardé silencio o las manifesté en persona. Hay tantos enemigos de la Familia, la Patria y la Iglesia que es cosa triste que alguien pueda tomarse unas horas para calumniar a la propia tropa. Pero me siento obligado a escribir esto, aunque me duele. Y aunque soy un don nadie y carezco de la estatura intelectual necesaria, es necesario que alguien lo haga. Casi como una cuestión de defensa propia.

La nota de marras es pusilánime, innoble, dañina, triste y desesperanzada. Y en apretada síntesis diré por qué.
1) La nota desborda pusilanimidad pues arroja sus envenenados dardos desde un ignominioso anonimato. El autor calumnia e injuria parapetado en el amontonamiento, tira piedras a lo piquetero, desde la masa. En vez de su nombre y apellido, firma como si todos los miembros de ese Centro de Estudios lo hubiesen escrito mancomunadamente. Casi me recuerda a los obispillos que –disminuidos en fe y coraje- firman resguardados en esas entelequias ajenas a la Tradición denominadas Conferencias episcopales.
Si el autor hubiera firmado con nombre y apellido otro sería el cantar. Pero no, el escriba anónimo, que blasona de ser un “alma templada a golpes”, que acusa a los “cruzados virtuales” de esconderse detrás de una “trinchera-covacha”, no tiene la entereza de dar su nombre y apellido, tal como un cruzado real haría.
2) Este es un escrito innoble, aplebeyado, ayuno de hidalguía, desdoroso y deshonroso. Estas cosas no se hacen, y mucho menos con la “propia tropa”. Esto, ni al enemigo. Y hablando del enemigo parece surgir del texto que el enmascarado autor es un milite de los que se comen las balas sin pelar, que se la pasa cruzando lanzas con la turba del trapo verde náusea, en cada manifestación, en cada aquelarre, en la puerta de cada iglesia o catedral sacrílegamente violentada, en cada demoníaco abortorio, en cada juzgado que convalida el escándalo de la niñez “trans”. Es eso lo que se evidencia cuando se leen sus temerarias incursiones en “la peligrosa plataforma que se llama el mundo real”. A tenor de lo allí estampado, uno se siente inclinado a pensar que el cruzado real autor, no le deja pasar una a los masones de toda extracción- estén donde estén, ocupen el lugar que ocupen-. Casi puede imaginárselo desayunándose muchachos de La Cámpora, así de puro guapo. Es lo que uno imagina, pero el mismo autor se desmiente.
Es probable es que esta persona haya participado de las marchas antiaborto desde 2018 (antes no había manifestaciones, ni muchedumbre, ni audiencias sino una prolija acumulación de leyes perversas, ante el silencio generalizado) y que haya audicionado en el Congreso “para que no salga la Ley”. O para demorarla.
Pues bien, yo estuve en cada marcha –no hubo “hermano separado” con el que no me abrazara, emocionado-, intervine en la audiencia neuquina del infame Código Civil (espeté en la jeta de Fuentes, Filmus y Camaño) y sin embargo, jamás sentí que mi vida estuviera en riesgo, nunca pensé que esa gesta sería la última. Que Dios me de siempre el buen sentido, y el pudor, de no creerme un cruzado real por putear a un senador, entonar cánticos protestandoides “por las dos vidas” o ir a las conferencias de los celebrities liberalotes que andan de gira sacándole el mango a nuestra buenas y sanas gentes.
3) Es una nota dañina.
Este texto ha hecho mucho daño. Mucho. Quizás su autor no lo sepa. Tal vez sólo pretendía dar rienda suelta a su encono hacia “él”/“ellos”/”nosotros”, escribiendo una pieza turbia –robándole unas horas a su cotidiano combate callejero- para terminar leyéndose y releyéndose, sonriendo jactancioso en la soledad de su covacha escritoril. Quizás no midió consecuencias. Pero lo cierto es que ha cometido una injusticia, ahondado viejas heridas que empezaban a restañar, profundizado divisiones que no deberían existir, zahiriendo a personas que -equivocadas o no, Dios sabrá- presentan el combate como pueden, testimoniando con pasión y entrega, siempre abigarradas en un puñado de verdades inveteradas, sólidas como rocas. Esta persona ha herido, confundido, desunido, escandalizado.
Es que hay que atreverse a declamar y reclamar caridad y al mismo tiempo injuriar con lindezas como estas: “espíritus geométricos, adalides de la matrix, puritanos, rebuznadores, caballeros conceptuales, puristas, carceleros de la ortodoxia, cruzados de escritorio, gustosos de la victimización, asomo de perseguidos”.
Hay que atreverse a hacer berrinches porque habemos quienes no acompañamos a NOS (que refiere, ya no a la forma átona del nosotros, sino a la primera palabra del Preámbulo de la Constitución de 1853, lo cual ya dice mucho) y al mismo tiempo perorar sobre lo prudencial porque “la política es opción entre dificultades”. Si la política es eso, es mero optar y actuar en la madeja de lo fáctico, si es cuestión eminentemente prudencial, ¿cuál es el problema con que algunos opten por no convalidar esa o cualquier otra opción política partidocrática?
Tengo para mí, al resguardo, el incólume afecto por los familiares y amigos que guardan expectativas –que no esperanza- con las próximas elecciones, los legisladores “provida” y el arribo de un veterano malvinero que hará retornar las cosas a su quicio, que nos sacará del abismo. Me gustaría creer en eso, en serio, pero no lo puedo ver, no me sale. No obstante, tras señalar con afecto esa imposibilidad mía a amigos y familiares, guardo un caritativo silencio. Y lo mismo puedo afirmar respecto de la actitud de muchos de mis amigos del nacionalismo.
4) Este texto es triste y desesperanzado.
Además del tono jactancioso y soberbión, todo el escrito evidencia un gran encono, una tirria apenas contenida que no encuentra explicación, sobre todo si el objetivo ha sido la mera descripción de una forma mentis.
Pero esencialmente estas páginas segregan una terrible tristeza, como devela uno de sus párrafos iniciales:
“¡Ay de mí! Ya quisiera yo ser llamado a contemplar en paz un misterio del Santo Rosario o cantar en coro con el corazón en ascuas un himno gregoriano tomado del Gradual y ser arrebatado a la tercera morada, pero me fue impuesto tener que trabajar, hacer mandados y consultar de reojo cuánto cerro el dólar la mañana de hoy”.
Es cosa penosa y dolorosa la burla que contiene ese párrafo.
Pero la cosa sigue, y la pena se ahonda, como muestra esta peligrosa y patética befa que es casi una profesión de desesperanza:
“(‘Ellos’) esperan una restauración. Esperan la Parusía. La consumación final y la plenitud de los tiempos; y si miran a oriente cada mañana, se vuelven un poco más realistas y les asoma el alma por la ventana de la burbuja virtual y respiran la agreste atmósfera del mundo consumado en fracaso, y exclaman con profundo realismo: ¡Cristo Vuelve! Y de repente el corazón se les inflama y sus conceptos cobran vida, y ese brote de esperanza interrumpe la obtusa mirada cotidiana, y sus palabras se vuelven Verbo por una vez… pero miran alrededor y encuentran que ese anhelo les contesta: ‘todavía no’”.
Hay que tener mucho rencor para escribir esto. Parecen líneas de Renán. Pero sigue, angustiosamente, como quien ya no ve sino Derrota:
“Ya no quedan palacios, ya no quedan cuarteles, ya no quedan alcázares, ya no quedan vigías, ya no quedan ni siquiera púlpitos, ya no suenan las campanas del mediodía. Ya los niños están tristes con sus infancias alienadas. Las familias agonizantes. Ya no hay pastor. Ya no hay maestros. Ya no está occidente con sus preciosas instituciones republicanas heredadas de la Roma prístina. Las preciosas formas que instauraron la gloria de la cristiandad, del Reinado Social de Cristo, de las Catedrales y los Claustros se quedaron sin materia. Quedaron las formas luminosas y sus esencias pero ya no hay materia. Ya no hay soporte”.
Yo espero la Restauración. Y la Parusía. Creo que ¡Cristo vuelve! Creo en el arquetipo del Alcazar, en el tañido eterno de las campanas, en los buenos sacerdotes en sus púlpitos. Creo en los vigías –y a veces sueño que lo soy- y sé que hay Pastor y maestros, porque los he visto y oído. Creo en la Tradición y hago lo que puedo por transmitirla. Y porque creo que Dios puede demorar una ley perversa –no creo que sea cosa de la voluntad de la masa- creo en el Reinado Social de Cristo. Sigo creyendo que todo debe ser restaurado en Él y que eso no será obra de hombres aunque habrá quienes dejen la vida en ese empeño. Y todo lo que creo y espero se lo debo a Dios.
En fin, confieso que esta nota me ha provocado un gran abatimiento. Hace tres días estoy abandonado en un constante oscilar entre la bronca y la tristeza, aunque al momento de “subirla” me domina la pena.
No quiero yo saber quien es el autor de este texto. Quería, pero ya no. Sólo me interesa transmitirle algo, si es que llega a leer este ya larguísimo escrito: soy sólo un profesor perdido en la Patagonia, carente de toda entidad intelectual. Soy un pecador, repleto de vicios y miserias y quizás uno de mis pecados sea el de ser efectivamente un cruzado virtual. Si es así, ya rendiré cuentas por eso, además de por mis otras faltas. Pero hay algo que me permito aconsejarle: reflexione sobre lo que ha escrito, sobre lo que ha hecho. Y ya sea que ratifique o rectifique, la próxima vez dé la cara.

 

Prof. Sebastián Sánchez

¿NOS están engañando?

Amén de los artículos y las argumentaciones que se han expuesto en este blog, y en otros por estas fechas, insistiendo una y otra vez sobre la perversión del sistema democrático y su oposición a la Doctrina de la Iglesia, por estas horas nos hemos adentrado en las propuestas del partido comandado por Gómez Centurión, NOS. Más allá de las propuestas económicas de corte liberal, nos hemos centrado en las propuestas “provida” que sostiene. Y partir de aquí ver cómo apuntala y defiende estas últimas.

Bien. Sabemos que esta forma de gobierno (corrupta, por cierto) se sostiene en el número, y que la sanción de las leyes se rige por idéntico criterio. Por lo tanto el número cuenta, la mayoría es prioritaria. Es de crucial importancia lograr bancas en el Congreso, tanto en senadores como en diputados. Y es en este punto en el que nos comenzó a hacer ruido la “estrategia” de NOS.

NOS solo lleva candidatos a senadores en Chaco y Salta, y de diputados en las dos provincias ya citadas más Santa Fe (que, como dato no tan anecdótico, son ¡10! los candidatos que se enfrentan en la interna). Esto es lo que nos resulta raro ¿cómo es posible que no se lograra conseguir candidatos en el resto de las provincias? ¿Falta de tiempo, incapacidad, ingenuidad, o argucia?  ¿Acaso se desconoce cómo funciona el sistema de distribución de diputados por provincia? ¿Por qué se le pusieron “tantas fichas” a la elección presidencial sabiendo de antemano que contra los poderes y los intereses de las oligarquías que manejan gran parte del mundo, incluido nuestro país, poco se puede hacer? ¿Qué fuerza podrán hacer, si por esas casualidades ganan los diputados y senadores de las provincias citadas ut supra frente a una bancada repleta de abortistas como los de Macri, Cristina y los demás?

Claramente hubo una estrategia deficiente, por no decir concertada de antemano. Las dos cámaras quedarán en las garras de los abortistas.

Nos podrán decir “¿y si gana Centurión?”. Casi los podríamos considerar un milagro. Supongamos que gana… ¿Entonces?- pregunto. Mi interlocutor dirá: “puede vetar la ley”. Es cierto, pero lo único que hace es prolongar, por muy breve tiempo, la agonía. Dice el art. 83 de la Constitución:

“Desechado en todo o en parte un proyecto por el Poder Ejecutivo, vuelve con sus objeciones a la Cámara de su origen; ésta lo discute de nuevo, y si lo confirma por mayoría de dos tercios de votos, pasa otra vez a la Cámara de revisión. Si ambas Cámaras lo sancionan por igual mayoría, el proyecto es ley y pasa al Poder Ejecutivo para su promulgación”.

Repito, la estrategia fue mal consumada.

¿O por el contrario bien consumada y NOS están engañando?

 

José Gastón

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Finalizada esta nota, un querido maestro me hace llegar el vídeo de un programa emitido el día de ayer, en el cual Soaje Pinto y Chinda (por cierto, los primeros engañados) desenmascaran la jugada de Gómez Centurión. La pregunta es ¿Por qué no lo dijo antes?

Mons. Juan R. Laise, In Memoriam -sin omisiones “convenientes”-

Más de una vez hemos protestado en este portal por la odiosa costumbre de muchos católicos de canonizar ipso facto a algunos cristianos apenas ocurrido su fallecimiento, como si el Purgatorio no existiera. Ni qué hablar cuando se trata de un eclesiástico que ha tenido una notable militancia en favor de “los pobres” con los que se excusan livianamente grandes disidencias con la fe; ¡hasta altares y novenas!..

Pero en el caso que nos ocupa, por el contrario, consideramos que tal vez en las semblanzas y condolencias que se han difundido se ha deslizado cierta injusticia por omisión al callar algunos datos dignos de encomio que es preciso conocer en memoria de este honorable obispo que Dios ha concedido a la Iglesia en la Argentina.

Nos parece muy oportuno que  el Santo Padre reconozca su “dedicación y entrega pastoral”, o que se mencionen sus obras a favor del culto y la defensa de la fe –lo que por otra parte debería ser lo esperable en todo obispo fiel…- pero más allá de las semblanzas políticamente correctas ante el fallecimiento de “un obispo más” creo que es deber de justicia levantar un poco más la voz para destacar algunas grandes virtudes de Mons. Laise que por desgracia no han sido últimamente las más frecuentes entre nuestros pastores. Y es comprensible que esos reconocimientos no provengan de la propia Conferencia Episcopal, pues si algo no ha sido Mons. Laise fue un pastor “políticamente correcto”, gracias a Dios.

Por eso es grato leer el justo reconocimiento del segundo sucesor suyo, actual obispo de San Luis, Mons. Martínez, quien además de sus condolencias expresa en su Carta Pastoral,

“ante todo, un cristiano agradecimiento a Dios Nuestro Señor por haber dado a la Diócesis y Provincia de San Luis un Obispo como él,”

pues es motivo de profunda gratitud para una diócesis contar con Obispos que no se conformen al sentir del mundo y se atrevan con santa parresía a predicar “contra corriente” el auténtico Evangelio, frente a sus muchas adulteraciones.

 “Especialmente valoramos, entre otras actividades: su amor por la Eucaristía, su devoción mariana, concretada en cada pueblo; su eclesial preocupación por las vocaciones, plasmada en la fundación del Seminario Mayor Diocesano, San Miguel Arcángel; su fidelidad a la doctrina católica del Magisterio de la Iglesia; sus constantes desvelos por mantener y resaltar la sacralidad de la liturgia, restaurando la Iglesia Catedral y promoviendo el canto sacro; su cercanía a la educación católica; su particular devoción al Padre Pío, con la creación de los Grupos de Oración.”

Pero a lo que se ha dicho sobre su limpia y ascendente vida al servicio de la Iglesia (desde su temprano ingreso a los Capuchinos, su sacerdocio, la licenciatura en derecho canónico en la  Gregoriana, su doctorado en derecho civil de la Universidad Nacional de Córdoba -Argentina-, su nombramiento como Superior Provincial de los Capuchinos de Argentina) falta tal vez añadir lo que más aproxima a los discípulos de Cristo a su Maestro: sus Cruces. Es, pues, mirando sus sufrimientos (cómo y por qué han sufrido) como podemos calibrar mejor la fidelidad de los hijos de Dios.

En el caso de Mons. Laise, destacamos ante todo tres grandes cruces que rubrican a su vez tres grandes combates.

Una asunción episcopal “turbulenta”:

– En 1971 fue nombrado por el papa Pablo VI obispo coadjutor con derecho a sucesión de la diócesis de San Luis, cuyo obispo estaba gravemente enfermo. Éste había sido electo años atrás como obispo Conciliar, permaneciendo durante todo el desarrollo del CVII en Roma, y a su término regresó visiblemente “aggiornado”, transformando la diócesis en un semillero de sacerdotes tercermundistas. El clero de esa diócesis, aunque escaso, estaba en efecto profundamente dividido debido a la teología de la liberación. Debido a la fuerte resistencia del sector más ideologizado y rebelde, no fue posible organizar la consagración episcopal en el territorio de lo que sería su sede episcopal, sino a 800 kilómetros de distancia, en la capilla del colegio Euskal Echea de Buenos Aires, del cual era ex alumno.

Pocas semanas después el Obispo de San Luis murió. Tan pronto como se convirtió en obispo de San Luis, la reacción del grupo de sacerdotes altamente politizados hacia el marxismo no se hizo esperar, y un número importante de ellos dejaron la diócesis y se trasladaron a la diócesis vecina de la Rioja donde el ambiente era más acorde a sus ideas, y donde por entonces era obispo el devoto montonero Enrique Angelleli... Algunos fueron incluso más lejos abandonando directamente el ministerio sacerdotal. Esto fue un duro golpe para Mons. Laise, ahora al frente de una diócesis casi sin clero (ya antes tenía muy pocos sacerdotes pues no había habido ordenaciones sacerdotales en los 18 años anteriores, y en ese momento había sólo un seminarista, pero este éxodo disminuyó aún más el número). La actitud previsible podría haber sido “contemporizar” o bien optar por un “diálogo” que mantuviera a cualquier precio un status quo que no le complicara demasiado la vida, pero sin embargo su coraje, su tesón y sus dotes de gobierno le permitieron encontrar una manera de revertir la situación según el sentir de la Iglesia y del Corazón de Cristo, haciendo desde el principio su prioridad el fomento y cuidado de las vocaciones, no sólo en cuanto a su número sino sobre todo lo más arduo y eficaz: su formación, creando en 1980 el seminario diocesano “San Miguel Arcángel”.

Treinta años después, al cumplir 75 años y abandonar el mando de su diócesis, había más de cincuenta seminaristas, y un joven y numeroso clero que trabajaba activamente en las ciudades y pueblos de la provincia. Del mismo modo, promovió la instalación de diversas congregaciones religiosas, especialmente la creación de una nueva congregación femenina, el Instituto Mater Dei de carácter diocesano que ha pasado las fronteras de la provincia con una casa en Buenos Aires, y del país con fundaciones en Chile, Canadá, España y Francia.

Desde el principio, su actividad fue múltiple e incesante: la fundación de casas religiosas, escuelas, una extensión de la Universidad Católica, numerosas iglesias y capillas para los nuevos distritos de una provincia cuya población está en constante crecimiento y la organización de congresos y conferencias, han dotado a la provincia de San Luis de una fisonomía plenamente diversa del resto, haciendo de su catolicidad una nota distintiva incuestionable.

Las directivas apostólicas se sucedieron en el espíritu y las decisiones del obispo Laise, a un ritmo febril, pero como religioso capuchino sabía bien que la actividad, incluso la más noble, como la del apostolado, no es fructífera si no nutre sus raíces en la contemplación. Es por eso que también alentó la instalación en la diócesis de comunidades contemplativas.

El combate por la dignidad de Cristo Sacramentado

– En segundo lugar, podemos hablar de un buen combate por lo que fue en lo que se ha destacado de modo especial: la piedad y devoción eucarísticas. Ella se ha traducido de manera especial en la Adoración del Santísimo Sacramento, que por su expresa voluntad ha sido expuesta cotidianamente durante todo el día en la catedral desde los años 80. También se manifestó en su cuidado por la organización de la fiesta y procesión solemne del Corpus Christi por las calles de la ciudad, y en sus homilías para la ocasión.

Por esta razón, se comprende que en 1996 se encontró con una grave responsabilidad, ante la decisión de la Conferencia Episcopal Argentina de solicitar un indulto de la Santa Sede para dar la Sagrada Comunión en la mano. Éste, que además de haberse obtenido en un principio a través de una desobediencia frontal al Papa que se oponía claramente a la introducción de ese uso, constituía indudablemente una manera menos devota, al hacer menos clara la Presencia Real y la especificidad el Sacerdocio y multiplicar las posibilidades de sacrilegios y profanaciones. Por este motivo, al obtenerse el indulto, tras haber presentado sus reparos a la Sda. Congregación de Ritos, Mons. Laise determinó no hacer uso del mismo, siendo San Luis la única provincia argentina en que no está permitido comulgar en la mano.

Pero esta decisión no fue gratuita: pese a haber recibido por parte de Roma la autorización y aliento por su celo y responsabilidad pastoral en este tema, la respuesta hostil de sus “hermanos en el episcopado” no se hizo esperar. Como laica, doy fe del ensañamiento con que fue criticado Mons. Laise por su decisión, por parte de no pocos sacerdotes y muchos obispos. En su libro extensamente fundamentado sobre el tema Comunión en la mano. Documentos e historia, publicado originalmente en 1997, expone la reverencia que cada fiel debe dar al Santísimo Sacramento al comulgar. Con pruebas incontestables, concluye que la única forma de manifestar sinceramente con la palabra y con los hechos la fe en la presencia eucarística del Señor es el recibir la comunión en la boca, directamente de manos del sacerdote. Como difusores entusiastas de esta obra, puedo dar fe de la negativa terminante de recibirlo en numerosas librerías “católicas” de Bs. As.: “de Laise, nada”…

La fidelidad a la Doctrina Católica, sin adulteraciones

– Otro punto central de su actividad como obispo, al promulgarse el Catecismo de la Iglesia Católica, fue el abocarse a componer una serie de Catecismos pequeños, que fue publicando gradualmente y que consistían en una adaptación para el uso de del niños de los contenidos del Catecismo de la Iglesia Católica, por temas (la Oración, el PadreNuestro, la Comunión, la Confirmación, Los Mandamientos, etc.). Estos causaron cierta controversia por considerarlos demasiado conservadores, y pese a haber recibido gran aliento del entonces Cardenal Ratzinger, fueron también “proscriptos” en gran medida en las librerías y ambientes sedicentemente católicos.

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Consideramos que el haber pasado sus últimos años en el Santuario de San Giovanni Rotondo, donde vivió durante toda su vida San Pío de Pietralcina, no fue un mero dato anecdótico, como tampoco el haber muerto confesando, siendo así medio de la más exquisita Misericordia.

Descanse en paz, siervo bueno y fiel…!

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Visto en:  Caritas in Veritate. Escrito por María Virginia Olivera de Gristelli