Una misión de locos

Bonum est diffusivum sui –el bien se difunde por sí mismo-, se escuchó al comenzar el sermón en la misa de cierre de la Misión llevada a cabo en esta ocasión en el Barrio La Isla de San Rafael, a la cual asistieron más de 130 misioneros y 4 sacerdotes.

Esas palabras del sermón probablemente han quedado remembrando en los corazones de algunas personas misionadas, pero sobre todo –y es en donde quiero hacer énfasis- en cada misionero.

Mucho podría decirse acerca del bien que estas actividades hacen, puesto que no es fácil en los tiempos que vivimos visitar casa por casa hablando de Dios, rezando, escuchando lo que la gente tiene para contar; pareciera que hay que estar locos para renunciar a la comodidad de las vacaciones y adentrarse en el esfuerzo y sacrificio que esta tarea exige. Sin embargo, y acá aparece la cuestión del asunto- ese mismo atrevimiento es lo que luego deja su recompensa en el alma. Veamos entonces el gran sentido pedagógico que esta locura merece.

¿Por qué hablamos de sentido pedagógico? Porque la misión enseña, y porque la misión educa. Orienta las inteligencias y la voluntad, para que busquen la verdad y el bien, ordena las pasiones para tener señorío de sí mismo, muestra los modelos arquetípicos hacia los cuales dirigirse, presenta criterios para conducirse cada día, y sobre todo, enseña aquello por lo cual vale la pena vivir y morir. Para sintetizar, nunca mejor dicho el consejo de San Ignacio de Loyola a San Francisco Javier:

“A grandes empresas vas

y no hay peligro más cierto

que este de que, arrebatado

por el afán del suceso,

se te derrame por fuera

lo que debes guardar dentro.

La vida interior importa

más que los actos externos;

no hay obra que valga nada

si no es del amor reflejo.”[1]

Considerando el valor cargado en estas palabras, se puede decir que se enseña a través del cultivo de la interioridad. Esto se manifiesta no sólo a través de la hora de adoración diaria en la cual se favorece el encuentro personal con Cristo, sino también en el conocimiento de sí mismo, intentando ofrecer a Dios nuestras flaquezas y miserias para que Él las convierta en herramientas para la conquista de almas.

A través de los sacrificios –muchos, innumerables- se intenta forjar el carácter, de los más chicos hasta los más grandes, sin distinción.  Sin duda cuesta tomar beneficio de ellos, pero en este tiempo especial de gracias pareciera que Dios así como desparrama oportunidades de esfuerzo, también hace lo suyo con la disposición de las almas para aprovecharlas. Y vale la pena recordar que no hay virtud más eminente que el hacer sencillamente lo que tenemos que hacer.

La formación intelectual –nunca contraria a la acción apostólica, sino más bien base de la misma- ocupa su lugar inamovible. Muy variados son los temas que se tratan a través de charlas doctrinales y de actualidad, que forman criterios y permiten orientar en la acción práctica sin descuidar los fundamentos. De hecho tal vez muchos de nosotros a través de estas charlas magistrales hemos tenido el honor de conocer a grandes referentes católicos de la patria.

La Liturgia, ocupa un lugar no menos importante. Se erigen capillas en lugares ya establecidos o de

manera provisoria, pero siempre cuidando hasta el menor 

detalle para que Cristo se haga presente con la mayor dignidad posible, y hasta pareciera que los coros angélicos se hacen presente para cantarle al Rey del Universo.

Antes de cada comida, y dispersos a lo largo del día, no como acto rutinario sino cargado de valor patriótico se entonan himnos y cantos inmortalizando a aquellos que dieron su vida por la patria, recordándonos que no sólo somos argentinos sino también hispanos en nuestras raíces, con todo el honor que tal nombre merece. Y por ello tenemos el deber de vivir de cara al sol.

Se ha demostrado también que la eutrapelia como virtud y la sana diversión es posible. Dan testimonio de ello las guitarreadas y fogones, cual más divertido, tanto que bien pueden hacer bailar una chacarera a un mexicano o a un filipino cantar una tonada cuyana.

“Por sus frutos los conoceréis”, y bien se puede decir que los frutos tanto materiales como espirituales son inabarcables. Sólo por referir a algunos, se puede mencionar a las religiosas y seminaristas que reconocen a “la misión” como principio de su vocación, las múltiples conversiones de vida, los noviazgos y matrimonios que surgieron de ella, y las verdaderas amistades fundadas en comunión de ideales eternos.

Sin duda, es necesaria una mención especial a los sacerdotes, que con su ejemplo y testimonio de vida arrastran a las almas por el camino del bien, sin los cuales nada de esto sería posible. Y puesto que para llevar adelante esta misión de locos, ellos no lo son menos.

No cabe duda que aquí la obra es de Dios, sin embargo, no negamos que por nuestras debilidades se pueden encontrar miles de imperfecciones. El Padre Castellani en la Oración por nosotros los vencidos,  nos recuerda que a pesar de nuestra indigencia, si es por amor, Dios recibe hasta lo más imperfecto que podamos entregarle:

“Dios, que recibes hasta la derrota,

cuando ha luchado tanto el derrotado

que de su sangre la postrera gota

quedó sobre el costado traspasado.

(…)

Rey a quien no interesa la victoria

sino que sea el juego bien jugado

y más que los laureles de la historia

que salga alguno, y sea buen soldado.

(…)

Mírame, oh Rey, mi vida dimediada

la flor de mi vivir ya dimediado,

con este gran dolor en el costado

de no haber hecho nada, nada, nada.”[2]

 “Non nobis, Domine, non nobis, sed Nomini Tuo da gloriam” reza el lema templario, y eso es lo que imploramos: “No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a Tu Nombre da la gloria”. Que sean esas almas misionadas, las que nos permitan la gracia de llegar al cielo.

 

Prudencia Primm

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NOTAS:

[1] PEMAN, J.M. “El Divino Impaciente”, Madrid: Ed. Aguilar, 1962, ps. 83-85.

[2] CASTELLANI, L. “El libro de las oraciones”, Buenos Aires: Biblioteca Dictio, 1978, ps. 81-83.

El Santo de la Trapa

Hermano Rafael

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IMG-20190425-WA0005Desde la Autovía A-62 (Salida 90), San Isidro de Dueñas – Palencia, se alcanzan a divisar a lo lejos los primeros carteles con la inscripción “Chocolates TRAPA” que indican que está pronto el acceso, al gran Monasterio Trapense San Isidro de Dueñas.

Amplia y extensa es la historia del Monasterio. Los orígenes del mismo datan de la época visigoda del siglo VII, pero sin dudas, en su período cisterciense –desde 1814 hasta la actualidad- “La Trapa” fue testigo de uno de los grandes místicos del siglo XX: San Rafael Arnáiz Barón. Sus restos reposan hoy en la capilla que lleva su nombre.

Accediendo al lugar lo primero que se alcanza a ver –en el punto más alto del edificio- es la torre con la campana, que tantas veces habrá indicado al santo el rezo de las horas litúrgicas, desde su ingreso en enero de 1934; y en la cima: la cruz. Cruz en la que descubrió su tesoro y su descanso, porque en ella estaba Dios. Así lo expresa en algunos de sus escritos: Ama con locura lo que el mundo desprecia porque no conoce, adora en silencio esa Cruz que es tu tesoro sin que nadie se entere. Medita en silencio a sus pies, las grandezas de Dios, las maravillas de María, las miserias del hombre del que nada debes esperar… Sigue tu vida siempre en silencio; amando, adorando y uniéndote a la Cruz… ¿qué más quieres?[1]

Dios que bien ordena los acontecimientos siempre para su gloria[2] quiso probarlo misteriosamente con una penosa enfermedad –la diabetes sacarina- que lo obligó a abandonar tres veces el monasterio, volviendo siempre respondiendo con fidelidad y generosidad heroicas.

La vida simple y profunda de Fray María Rafael es ante todo un testimonio de la trascendencia de Dios; de lo absoluto de Dios. Él sabía que ¡Sólo Dios llena el alma…, y la llena toda![3]

Santificado en la gozosa fidelidad a la vida monástica y en la aceptación amorosa de los planes de Dios, partió a la casa del Padre en la madrugada del 26 de abril de 1938, con apenas 27 años.

Una mañana de invierno, un grupo de jóvenes visitan la capilla donde se encuentran sus restos, con la grata sorpresa de tener una cita personalísima: Fray María Rafael, la Virgen y ellas. Con lágrimas en los ojos y el corazón henchido de amor, le rezan por él a “la Señora”, entonando Salve Regina.

Siendo parte de tal espectáculo no pudieron más que expresar, junto con el santo ¡Qué grande es Dios, qué dulce es María![4]

 

 

Prudencia Prim

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NOTAS:

[1] San Rafael Arnáiz Barón, “Rafael. Vida y Escritos del Beato Fray Maria Rafael Arnaiz Baron, Monje Trapense”. Ed. El Perpetuo Socorro.

[2] Ídem.

[3] Ídem.

[4] Ídem.

Católicos ¿Por qué asistir al Encuentro de Mujeres Autoconvocadas?

Defensa CatedralSe acerca Octubre, y se viene a la memoria la imagen de pañuelos rojos, verdes, violetas, el sonido de bombos y gritos que suenan al compás de “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”, “Iglesia, basura, vos sos la dictadura”…

Frente a esto, y bajo el amparo de María Santísima, mujer por excelencia, me tomo el atrevimiento de escribir estas palabras sin la intención de ofensa ni falso heroísmo, sino simplemente de incentivar y despertar en cada uno de nuestros corazones la lucha por el deber que nos espera…desde el Sagrario.

Como todos los años, desde hace 30 años, se lleva a cabo el Encuentro Nacional de Mujeres Autoconvocadas (que de la esencia de la mujer verdadera muy poco tiene). Este año a desarrollarse en la ciudad de Mar del Plata, durante los días 10, 11 y 12 de Octubre.

Imagino que todos saben de qué estoy hablando; pero si no es así, aclaro que este Encuentro, bajo las notas de “espíritu autónomo, autoconvocado, autofinanciado, pluralista, democrático y horizontal”, y con el lema “El Encuentro somos todas”, recibe a más de 30.000 “mujeres” de todo el país para “reunirse, dialogar y debatir” (tan propio de este tiempo) temas como: familia, feminismo, aborto, anticoncepción, educación, género, etc., para nombrar algún ejemplo.

Sin embargo, sabemos que el tan nombrado “dialogo y debate” con las católicas no existe; por tanto, cuando no hay más lugar para el debate, puede ser que haya llegado la hora del combate, para que sólo Él defina la Victoria, nunca sin Cruz. Bien lo dice el Beato cardenal Newman: “Aquí vivimos para esforzarnos y soportar la tribulación: luego vendrá el descanso eterno”.

Ahora bien, ¿por qué participar de estos encuentros?

  • Porque defendemos el orden natural.
  • Porque tenemos la misión de defender la vida y la familia.
  • Porque por nuestra voz y presencia se puede salvar la vida de muchos.
  • Porque las gracias que recibimos son inmensas e incontables.
  • Porque amamos a esta Patria que lleva como enseña los colores de Nuestra Señora.
  • Porque amamos y defendemos a Nuestra Santa Madre Iglesia.
  • Porque debemos ser fieles a Cristo en todos los ámbitos y aspectos de la vida.
  • Porque debemos esforzarnos para que la Verdad y el Bien se impongan.
  • Porque es necesario testimoniar la verdad, ¡porque para esto hemos nacido!

Y este testimonio ¡es proporcional a la profundidad del amor… del amor a la Verdad Crucificada!

Por tanto, ¡no podemos permanecer al margen de estos sucesos! Porque tal vez, sin darnos cuenta aplaudimos con entusiasmo la película Cristiada o Un Dios prohibido, exaltados por el heroísmo de los mártires, o deseamos haber sido nosotros quienes estuvieron en las Cruzadas defendiendo la fe católica, y mientras, miramos para otro lado cuando Dios nos pide nuestra presencia real, aunque débil y falible, ahora, en nuestro tiempo.

Dice San Juan de Ávila: “Si Nuestro Señor regresó al cielo herido y llagado, ¿vamos
a ir sus siervos vestidos y bañados?”
; o como bien lo expresa el Padre Castellani “(…) Quieren llegar a ella sano y limpio el esquife, seca la ropa y todos los bagajes en paz, cuando solo se arriba a ella lanzando al arrecife el bote y atacando desnudo a nado el caz”.

No debemos olvidar que nosotros sólo somos frágiles y miserables instrumentos de los cuales, inmerecidamente, Dios se vale para que el Espíritu Santo obre. He aquí también la importancia de prepararse formativa y espiritualmente, porque es Él quien mueve los corazones. Por lo tanto, debemos en estos días previos en los cuales tantas pruebas hay, rezar y ofrecer sacrificios por sus almas, por las nuestras, por la rectitud de intención, y prepararnos para todas las gracias que nos esperan.

Pero sobre todo, no debemos desconocer que este combate, es ante todo espiritual. ¡Pensemos cómo nuestros ángeles guardianes combaten contra el Demonio! ¡Y esa presencia se nota! ¡Pensemos en la alegría que debe haber en el Cielo, en los momentos en que nos enfrentamos cara a cara con el mal! ¡Y con qué amor de madre la Virgen recibirá cada una de nuestras acciones y plegarias!

Recordemos que, llegada la hora, se nos pedirá cuentas del bien que realizamos y del bien que omitimos realizar. ¡Cristo nos pide estar ahí, este año en Mar del Plata! ¡Nos pide que dejemos las comodidades, que nos sacrifiquemos, y que ofrezcamos todo para Mayor Gloria Suya!

Y Él, que ve en lo más profundo de los corazones, sabe que más allá de lo que se ve exteriormente, este gesto tiene el valor invisible de querer honrarlo; y por tanto, que sean sólo para Él todos los méritos.

¡Viva Cristo Rey de la Patria y de nuestros corazones!

Prudencia Prim

Vivir de cara a Dios: la santidad en la vida cotidiana (3/3)

AngelusLo que NO es ser santo

El Padre Castellani en una carta de febrero de 1961 escribe: “Tengo dos ideas desacostumbradas acerca de la santidad: una, que la de hoy en día es diferente a la de otros tiempos; dos, que los santos de hoy no parecen santos –muchos de ellos al menos. Y estoy por tornar la preposición: que además, los que parecen santos hoy en día, no lo son”.

Santo no es sinónimo de “beatón”, tan común en nuestro tiempo…

“El beatón quiere ser santo; pero mientras el santo tiene deseos de Dios, el beatón cifra sus ansias en la santidad. Vive la más necia cobardía con ropajes de prudencia. No pueden hablar de espadas ni de muerte, ni de audacia, ni de reciedumbre. El beatón es miope en las cosas del espíritu. Le preocupan extraordinariamente las formas que equivocadamente cree que santifican. (…) es aquel que pasa horas en la iglesia cuando su obligación es trabajar en aquel momento o atender a su familia. El beatón es un sentimental de corta inteligencia.

Así son tales individuos: muchas cruces, muchas medallas, de estampas llenas todos sus libros, siempre tienen entre manos hojas de propaganda anunciando actos piadosos. Pero a la hora de entregarse, de negarse a sí mismos les falta generosidad porque de su profesión no se ocupan y de ganar amistades tampoco. No puede uno acercarse a ellos esperando un poco de calor, porque el corazón lo tienen frío. Nos hablan de horarios de misas, de oficios pero no de apostolado personal que no lo entienden.

(…) si obrero, mal compañero; si empleado, mal caballero; si estudiante, poco estudioso. Les falta hombría y ni siquiera saben amar a lo humano.”

(Urteaga, J: El valor divino de lo humano).

Ejemplos de Santidad en la vida cotidiana (ofrecimiento de las acciones diarias):

  • Joven obrero metalúrgico escribe a un camarada: “…cuando he dado remate a la confección de un eje, lo tomo en mis manos y lo elevo hacia Nuestro Señor. ¡Es algo tan bello un eje bien acabado y pulido! Es como si en él hubiera algo de Dios. Mi trabajo es algo así como una hostia.”
  • Una ama de casa reza esta “Oración desde la cocina”. Una plegaria suplicante de un corazón profundamente sencillo:

 “Desde mi cocina os elevo, Señor, mi plegaria, puesto que no puedo ser santa,

Tras los muros silenciosos de un convento o en el desierto de África,

Mediante las largas meditaciones de una novicia fervorosa,

Santificadme por medio de mi trabajo en la cocina,

Por medio de mi tarea al dar limpieza a la vajilla,

Necesito las manos de Marta

Pero todavía más el corazón de María,

Y cuando limpio los zapatos veo vuestras sandalias, Señor

Las veo dirigirse a la casa de Marta

Cuando yo aquí friego los suelos.

Aceptad, pues, esta meditación

Ya que es cuanto puedo hacer.

Calentad la cocina con vuestro amor

E iluminadla con vuestra paz.

Y perdonadme todas mis torpezas,

Hacedme apacible y contenta.

Vos que os complacisteis en alimentar a los hombres en la llanura y junto al mar,

Aceptad el trabajo de mis manos

Que hago en aras de vuestro amor. Amen.”

 

 

A decir de San Francisco de Sales: “Seamos lo que somos y hagámoslo bien, para hacer honor al Artífice de cuya obra somos. Seamos lo que Dios quiere, con tal de que seamos suyos”.  No olvidemos que por más pequeñas que sean nuestras acciones, las obras de Dios son siempre grandes. Y la santidad es ante todo una obra de Dios en nosotros. Pidamos a Nuestra Señora que para ser fieles nos alcance un corazón sencillo, puro y santo; un corazón grande e indomable, un corazón atormentado por la gloria de Jesucristo, herido de su amor, con herida que sólo se cure en el cielo.

Prudencia Prim

Vivir de cara a Dios: la santidad en la vida cotidiana (2/3)

AngelusLa santidad no sólo debe ser admirada, sino sobre todo deseada, trabajada y suplicada a Dios. Ahora bien, debemos comprender que esto implica en nosotros una integridad que nos proporciona un estilo de vida. Sin embargo, se pueden brindar algunos consejos para ello.

 

 

***

Pautas para vivir la santidad en la vida cotidiana:

A modo de ejemplificar las mismas se tomara como modelo a Fray María Rafael, quien llama la atención, porque no fundó nada, ni tuvo ningún puesto relevante, ni se destacó externamente ante los demás; es más, hubo de conformarse con ser un simple “oblato”, ya que su salud no le permitió abrazar íntegramente la regla trapense… No hizo cosas grandes, ¡¡sólo fue santo!!

-Siendo fieles en lo poco para ser fieles en lo mucho: Fiel cumplimiento de las responsabilidades diarias, en el estado en que cada uno se encuentre.

  • Como estudiante, hijo, esposo, religioso, etc. Esforzarme por vivir el estado y la situación en la que me encuentre de modo magnánimo. Como estudiante, ser el mejor estudiante, como esposo, ser el mejor esposo, etc.
  • Pequeños gestos, palabras, detalles, hechos por amor. Dios no mira el gesto en sí, sino la disposición interior para realizarlo.
  • Cumplir el pequeño deber de cada momento: “haz lo que debes y está en lo que haces”.

 “… el camino de la santidad cada vez lo veo más sencillo. (…) Muchas veces no llegamos a comprender la grandiosidad que se encierra en un acto de sencillez, porque buscamos lo grande en lo complicado, buscamos la grandiosidad de las cosas en la dificultad de las mismas.

No hace falta para ser grandes santos, grandes cosas. Basta el hacer grandes las cosas pequeñas. Dios me puede hacer tan santo pelando patatas que gobernando un imperio.”

(San Rafael Arnáiz)

-Con generosidad.

  • Siempre son vistas al fin, los ojos fijos en la meta, rectificando las intenciones.
  • Poner nuestros talentos al servicio de los demás: debemos ser antorchas vivas, debemos ser ejemplos para los demás, demostrando los dones con que Dios nos ha adornado: dar consejos, explicando al que no comprende, escribiendo para dar luz a los demás, etc.

“Alguien que me dice que ¡qué estoy haciendo! ¿Que qué estoy haciendo? ¡Virgen Santa! ¡Qué pregunta! Pelar nabos…, ¡pelar nabos!… ¿Para qué?… Y el corazón dando un brinco contesta medio alocado: “Pelo nabos por amor…, por amor a Jesucristo”

(Fray María Rafael)

-Despojándonos de nuestros vicios y revistiéndonos de las virtudes de Cristo.

  • Las son aquellas disposiciones habituales y firmes para hacer el bien. Debemos forjar virtudes y educar el carácter.
  • Hacer pequeños sacrificios y mortificaciones para dominar el cuerpo, la imaginación, la curiosidad, etc. Por ejemplo: Levantarnos rápido. Privarme del postre. No usar guantes. Abstenerme de lecturas frívolas, etc.
  • Plantearse propósitos pequeños y simples. Por ejemplo: Rezar el Ángelus, realizar alguna oración de rodillas, tener algún acto de humillación, besar varias veces al día el crucifijo renovando la fidelidad a Cristo.

Cuando Fray María Rafael muere, encuentran en el bolsillo de su hábito un papel en donde se leía lo siguiente:

Subir escalera golpeando pies [tachado].

No hacer el saludo en capitulo [tachado].

Volver cabeza durante Misa [tachado].

Señas durante el gran silencio [tachado]

Correr sin respeto en la iglesia [tachado].

Señas habladas con un profeso [tachado].

No obedecer inmediatamente campana [tachado].

Equivocarme coro, no hacer postración [tachado].

Dar muestras externas de impaciencia [tachado].

Perder tiempo trabajo [tachado].

Perder tiempo mirar ventanas [tachado].

Perder tiempo intervalos [tachado].

Accionar exageradamente como seglar [tachado].

Descuidado con el cuarto de la enfermería.

Hablar sin necesidad.

Descuidado en hacer ruidos en la escalera y con las puertas.

Distraerme en el coro y no hacer a punto las inclinaciones.

 

-Permaneciendo unidos a Dios.

  • Frecuentar los Sacramentos, porque son el medio para obtener la gracia.
  • Ofrecimiento de la mañana.
  • Ángelus o Regina Coeli: Este es un hermoso modo de honrar a Nuestra Señora por un momento. Como niños recordamos a Nuestra Madre durante el día y meditamos sobre la Encarnación y Resurrección de Nuestro Señor, el cual da sentido a toda nuestra existencia.
  • Rosario: no privar a la Reina de su ramo de rosas.

Esta integridad bien la expresa J. M. Pemán en “El divino impaciente”; en donde San Ignacio despide y aconseja a San Francisco Javier:

 

“A grandes empresas vas

y no hay peligro más cierto

que este de que, arrebatado

por el afán del suceso,

se te derrame por fuera

lo que debes guardar dentro.

La vida interior importa

más que los actos externos;

no hay obra que valga nada

si no es del amor reflejo.

La rosa quiere cogollo

donde se agarren sus pétalos.

Pídele a Dios cada día

oprobios y menosprecios,

que a la gloria, aun siendo gloria

por Cristo, le tengo miedo.

No te acuestes una noche

sin tener algún momento

meditación de la muerte

y el juicio, que a lo que entiendo,

dormir sobre la esperanza

de estos hondos pensamientos

importa más que tener

por almohada, piedra o leño.

Cada mañana tendrás

con la Señora, algún tierno

coloquio, donde le digas

esos dolores secretos

que a la Madre se le dicen

de modo más desenvuelto

que no al Padre, que por ser

el Padre, da más respeto.

Mézclame, de vez en cuando,

en el trabajo requiebros

y jaculatorias breves,

que lo perfuman de incienso.

Ni el rezo estorba al trabajo,

ni el trabajo estorba al rezo.

Trenzando juncos y mimbres

se pueden labrar, a un tiempo,

para la tierra un cestillo

y un rosario para el cielo.”

Esta integridad de la vida cotidiana, debe iluminar, debe inspirar, penetrar toda la vida cotidiana. Esto nos proporciona a los católicos el estilo de vida, interior y exterior.

Prudencia Prim