Cien testigos (3/3)

EDAD MODERNA

* Testigo 46º: Adriano VI, Papa (1522-1523)

– Todo hombre peca… si estima más las ciencias profanas que las divinas, y lee más los libros mundanos que los sagrados. Más aún: no comprendo cómo estos pueden amar sobre todas las cosas a Dios que inspiró tan saludables libros. Aunque no quiero obligar a nadie a leerlos, tampoco puede eximir a todos de la lectura de la Sagrada Escritura, siendo cierto que todos deben saber tanto de la Escritura cuanto es necesario para cumplir, sin faltar gravemente a sus deberes según las circunstancias de su persona, estado y vida. En cuanto a los párrocos, a los que ha llamado Dios a ser modelos para los otros, no entiendo cómo ellos, sin culpa gravísima, descuidan el estudio de la Sagrada Escritura. [Bibliotheca Critica, pag. 123]

* Testigo 47º: Fray Luis de Granada

– Porque cuando el profeta quiso provocar a penitencia al pueblo que fuera llevado a Babilonia, de este mismo medio se aprovechó, juntando en un lugar todos los cautivos, y leyéndoles un pedazo de esta doctrina (de la Sagrada Escritura). La cual lección dice la Escritura divina que les hizo llorar y ayunar y hacer penitencia de sus pecados. [Guía de pecadores, n.1]

* Testigo 48º: Luis de León

– Notoria cosa es que las Escrituras que llaman Sagradas, las inspiró Dios a los profetas, que las escribieron para que nos fuesen en los trabajos de esta vida consuelo y en las tinieblas y errores de ella clara y fiel luz; y para que en las llagas que hacen en nuestras almas la pasión y el pecado, allí, como en oficina general, tuviésemos para cada una propio y saludable remedio. Y porque las escribió para éste fin, que es universal, también es manifiesto que pretendió que el uso de ellas fuese común a todos. [Introducción a los Nombres de Dios]

* Testigo 49º: San Juan de la Cruz, Doctor de la Iglesia

– No me fiaré, ni de experiencia ni de ciencia, porque lo uno y lo otro puede faltar y engañar; mas no dejándome de ayudar en lo que pudiese de estas dos cosas, aprovecharme he para todo lo que con el favor divino hubiera de decir, al menos para lo más importante y oscuro de entender, de la Divina Escritura, por la cual guiándome no podremos errar, pues el que en ella habla es el Espíritu Santo.

* Testigo 50º: Santa Teresa de Jesús

– ¡Oh, Señor mío, que de todos los bienes que nos hicisteis, nos aprovechamos mal! Vuestra Majestad buscando modos y manera e invenciones para mostrar el amor que nos tenéis; nosotros, como mal experimentados en amros a Vos, tenémoslo en tan poco, que de mal ejercitados en esto, vanse los pensamientos adonde están siempre, y dejan de pensar los grandes misterios, que este lenguaje encierra en sí, dicho por el Espíritu Santo. [Conceptos del Amor de Dios, cap. 1]

– Llegados a verdades de la Sagrada Escritura, hacemos lo que debemos. De devociones a bobas nos libre Dios. [Vida 13, 142]

– Sabía de mí que en cosa de la fe contra la menor ceremonia de la Iglesia, que alguien viese yo iba por ella o por cualquier verdad de la Sagrada Escritura, me pondría yo a morir mil muertes. [Vida 33, 439]

* Testigo 51º: San Francisco de Sales

– De la misma manera que el apetito es una de las mejores pruebas de salud corporal, el gustar de la Palabra de Dios, que es un apetito espiriutual, es también señal bastante segura de la salud espiritual del alma. Gustan los Santos de las cosas santas y de razonamientos espirituales. Dice San Bernardo que el amor a la Palabra de Dios es una de las señales de predestinación y quizás es también parte de aquella hambre y sed de justicia que el Divino Salvador predicó como una de las 8 bienaventuranzas. De consiguiente, no se podrá ser celoso de la propia perfección si no se gusta de oír a los que enseñan los medios de alcanzarla, lo cual hacen los predicadores de la Palabra divina.

* Testigo 52º: P. Luis de la Puente, S. J.

– La materia de la oración mental, en que las tres potencias del ánima, especialmente el entendimiento, ha de ejercitar sus actos, es todo lo que Dios ha revelado en la divina Escritura, especialmente los misterios principales de nuestra fe que en ella están más expresados y recomendados. [Introducción a las meditaciones]

* Testigo 53º: J. J. Olier, Fundador de la Congregación de S. Sulpicio (quien solía leer la Biblia de rodillas)

– La Sagrada Escritura alimenta espiritualmente nuestra alma; ella es un copón, en el cual Dios ha querido esconderse para entregarse a nosotros y para comunicarnos su gracias.

* Testigo 54º: Pascal

– En la Escritura, en efecto, hay bastante luz para iluminar a los que buscan a Dios, pero hay también obscuridades que vienen a ser piedras de escándalo para los que no tienen buena voluntad. Ahora bien, se puede creer que este resultado es permitido por el Espíritu Santo. Los que tienen espíritu falso no convendrán en ello, en verdad; pero los que tienen caridad están en disposición de verlo. [Pensamientos sobre la Verdad de la Rel. Crist.]

* Testigo 55º: J. B. Bossuet, Obispo de Meaux

– El cuerpo de Cristo en el adorable Sacramento no es más real que la verdad de Jesucristo en la predicación del Evangelio. En el misterio de la Eucaristía las formas visbles son signos; pero lo que en ellas se oculta, es el mismo Cuerpo de Cristo. En la predicación son signos las palabras que estáis oyendo; pero el pensamiento que las engendra y el que nace de ellas es la doctrina del mismo Hijo de Dios.

– Os envío, hijas mías, estas “Meditaciones sobre el Evangelio”, porque espero que han de producir en vosotras frutos abundantísimos. Empecé a escribirlas para el uso de algunas de vosotras, pero como las habéis recibido todas con tanto regocijo y alegría, me ha parecido que serán muy propias para el aprovechamiento y utilidad de todas. Recibidlas, pues, como un testimonio del santo afecto que os profeso, porque sois humildes y verdaderas hijas de San Francisco de Sales, que ha danto tanto honra al Episcopado y luz a nuestro siglo. [Carta a las Religiosas de la Visitación]

– Dios, en fin, por quien reinan los reyes, nada olvida para enseñarles a bien gobernar. Los ministros de los príncipes y sus colaboradores en el gobierno y en la administración de la justicia, hallarán en su Palabra lecciones que sólo Dios pudo dictar. [Politique tirée des propres paroles de l’Ecriture sainte, prólogo]

* Testigo 56º: Pío VI, Papa (1775-1799)

– Es muy loable tu prudencia, con la que, en medio de tanta confusión de libros que osan impugnar la Religión Católica, y con tanto daño de las almas, circulan por las manos de los ignorantes, has querido excitar en gran manera a los fieles a la lectura de las Santas Escrituras, por ser ella fuentes que deben estar abiertas para todos, a fin de que puedan sacar de allí la santidad de las costumbres y de la doctrina, desterrados los erroresque en estos calamitosos y desarroglados tiempos tan ampliamente se derraman. Lo que sabiamente has practicado, dando a luz los Libros Sagrados, puestos en idioma vulgar, acomodándolos a la común inteligencia de los fieles, habiendo añadido aquellas notas de los Santos Padres que has tenido por convenientes para precaver cualquier abuso. [Carta al Arzobispo Antonio Martini, de Florencia (1778)]

* Testigo 57º: Felipe Scio de San Miguel, Obispo de Segovia y Traductor de la Biblia al Castellano

– Para remedio de tan espantosos males, ¿qué medicina mássegura que poner a la vista los severos castigos con que Dios ha quebrantado el orgullo de los impíos, que repetir la lectura de los oráculos del Espíritu Santo, como lo practicaron entre otros los sabios reyes Josafat y Josías para la reforma de su pueblo? Y Esdras, para purificar a los israelitas de los enormes excesos que habían cometido por el comercio con los babilonios, y fundar como de nuevo la Religión, que estaba casi arruinada como su Templo, mandó juntar todo el pueblo en una plaza grande, y leyó siete días consecutivos el libro de la Ley y de las Santas Escrituras; y con este ejercicio se movieron a penitencia y reformaron las costumbres. [Disrt. Prelim. Sobre la Translación de los Libros Sagrados a la Lengua Castellana]

* Testigo 58º: Pío VII, Papa (1800-1823)

– Dirigiéndose a los Obispos ingleses les exhorta a que alienten al pueblo a leer la Sagrada Escritura: “pues nada puede ser más provechoso, más consolador y más confortante, porque ella es apropiada para fortalecer la fe, para sembrar la esperanza y para inflamar la caridad del verdadero cristiano”. [Carta, 1820]

* Testigo 59º: Gregorio XVI, Papa (1831-1846)

– Son muchos los testimonios de la más absoluta claridad que demuestran el singular empeño que los Romanos Pontífices, y, por mandato suyo, los demás Obispos de la Cristiandad, han puesto en los últimos tiempos para que los católico de todos los países traten de posesionarse con afán de la Palabra divina, tal como aparece en la Sagrada Escritura y en la Tradición. [Encíclica “Inter Praecipuos”, 6 Mayo 1844]

* Testigo 60º: Félix Torres Amat, Obispo de Astorga y Traductor de la Biblia al Castellano

– La Iglesia siempre ha deseado y procurado que los fieles lean y mediten las Santas Escrituras; y que si durante algún tiempo no ha permitido a todos indistintamente su lectura en lengua vulgar, sino que ha dispuesto que fuese necesario el permiso del superior eclesiástico, es porque así lo exigían justas y gravísimas causas. [Discurso preliminar sobre las Santas Escrituras]

* Testigo 61º: Beato Federico Ozanam, Fundador de las Conferencias Vicentinas

– Solía entregarse cada mañana, desde que se despertaba, a una medio hora de lectura de los Libros Sagrados, señalando enseguida los pasajes que le habían llamado la atención. A ésto él lo llamaba su ‘pan cotidiano’.

* Testigo 62º: Juan Donoso Cortés, Marqués de Valdegamas

– ¿Quién enseñó al maestro Fr.Luis de León a ser sencillamente sublime? ¿De quién aprendió Herrera su entonación alta, imperiosa y robusta? ¿Quién inspiraba a Rioja aquellas lúgubres lamentaciones, llenas de pompa y majestad, y henchidas de trsiteza, que dejaba caer sobre los campos marchitos y sobre los mustios collados, y sobre las ruinas de los Imperios, como un paño de luto? ¿En cuál escuela aprendió Calderón a remontarse a las eternas moradas sobre las plumas de los vientes? ¿Quién puso delante de los ojos de nuestros grandes escritores místicos los oscuros abismos del corazón humano? ¿Quién puso en sus labios aquellas santas armonías, y aquella vigorosa elocuencia, y aquellas tremendas imprecaciones, y fatídicas amenazas, y aquellos arranques sublimes, y aquellos suavísimos acentos de encendida caridad y de castísimo amor, con que unas veces poníana espanto en la conciencia de los pecadores, y otras levantaban hasta el arrobamiento las limpias almas de los justos? Suprimid la Biblia con la imaginación y habréis suprimido la bella, la grande literatura española, o la habréis despojado al menos de sus destellos más sublimes, de sus más espléndidos atavíos, de sus soberbias pompas y de sus santas magnificencias.

* Testigo 63º: E. Lacordaire

– Dice a un joven corresponsal: “Su vida espiritual me inspira un temor, y es que Ud. no lea nunca, o lea sin provecho, los Sagrados Códigos.” [Lettre a un jeune homme, pag. 146]

– La Escritura es como una alta montaña que constituye el faro del mundo. [Culte de Jésus-Christ dans les Escritures] – – La Biblia es a un tiempo el drama de nuestros destinos, la historia primitiva del género humano, la filosofía de los santos, la legislación de un pueblo elegido y gobernado por Dios. Es ella, dentro de una providencia de cuatro mil años, la preparación y el germen de todo el porvenir de la humanidad. Ella es el depósito de las verdades que le son necesarias, la carta magno de sus derechos, el tesoro de sus esperanzas, el abismo de sus consolaciones, la boca de Dios que se ha abierto sobre su corazón. Ella es el Cristo de Dios que la ha salvado. [Lettres a un jeune homme]

* Testigo 64º: Cardenal Gibbons y el Tercer Concilio Plenario de Baltimore (1884)

– No será necesario recordaros que la Sagrada Escritura ebe ser el más precioso tesoro en la biblioteca de cada hogar y el que ha de usarse con más frecuencia y cariño… Para los feligreses laicos, la Sagrada Escritura es un tesoro en que si bien no buscan lafe, la cual les es enseñada por la Iglesia Infalible, ni la regeneración de las almas, peri sí la firmenza de la fe, el afianzamiento en la esperanza y el incremento de la caridad.

* Testigo 65º: El Arzobispo de Caracas (1889)

– El ejemplar de la Sagrada Biblia, edición de Filadelfia, impreso bajo la dirección del Ilustrísimo Señor Arzobispo Santiago F. Wood no sólo me parece católicos sino también muy estimable y desearía que todos mis diocesanos pudieran comprarla y tenerla en sus casas para su instrucción. [Biblia de Torres Amat, editada por el Arzobispo de Filadelfia]

* Testigo 66º: León XIII, Papa (1878-1903)

– Concedió indulgencias a los que piadosamente leyeren los Evangelios. Quien lea cada día, durante un cuarto de hora por lo menos, el Santo Evangelio, gana cada vez 300 días de indulgencia; quien lo lea durante todo un mes, gana indulgencia plenaria.

– La Escritura es el alma de la teología, y no puede tratarse la teología con dignidad y acierto sino estudiando asiduamente los Libros Sagrados. [Encíclica Providentissimus Deus]

– Que todos, pues, y muy especialmente los soldados de la sagrada milicia, comprendan, por los ejemplos de Cristo y de los apóstoles, en cuánta estimación deben ser tenidas las divinas Letras y con cuánto celo y con qué respeto les es preciso aproximarse a este arsenal. Porque aquellos que deben tratar, sea entre doctos o entre ignorantes, la doctrina de la verdad, en ninguna parte fuera de los libros santos encontrarán enseñanzas más numerosas y más completas sobre Dios, Bien sumo y perfectísimo, y sobre las obras que ponen de manifiesto su gloria y su amor. Acerca del Salvador del género humano, ningún texto tan fecundo y conmovedor como los que se encuentran en toda la Biblia, y por esto ha podido San Jerónimo afirmar con razón «que la ignorancia de las Escrituras es la ignorancia de Cristo». [Encíclica Providentissimus Deus]

– Exhortamos, por último, paternalmente a todos los alumnos y ministros de la Iglesia a que se acerquen siempre con mayor afecto de reverencia y piedad a las Sagradas Letras, ya que la inteligencia de las mismas no les será abierta de manera saludable, como conviene, si no se alejan de la arrogancia de la ciencia terrena y excitan en su ánimo el deseo santo de la sabiduría que viene de arribas(65). Una vez introducidos en esta disciplina e ilustrados y fortalecidos por ella, estarán en las mejores condiciones para descubrir y evitar los engaños de la ciencia humana y para percibir y referir al orden sobrenatural sus frutos sólidos; caldeado así el ánimo, tenderá con más vehemencia a la consecucíón del premio de la virtud y del amor divino: «Bienaventurados los que investigan sus testimonios y le buscan de todo corazón» [Encíclica Providentissimus Deus]

* Testigo 67º: Santa Teresita del Niño Jesús

– Si yo hubiese sido sacerdote, hubiera aprendido el hebreo para poder leer la palabra de Dios tal como Él se digno expresarla en el lenguaje humano. [Consejos y recuerdos]

– A veces cuando leo ciertos tratados en los que el camino de la perfección se presenta sembrado de mil obstáculos, mi pobre pequeñito espíritu se fatiga muy pronto; cierro el libro que me rompe la cabeza y me seca el corazón y tomo la Sagrada Escritura. Entonces todo me parece luminoso; una sola palabra descubre a mi alma horizontes infinitos, la perfección me parece fácil; veo que basta reconocer su nada y abandonarse como un niño en los brazos de Dios. [Carta a los Misioneros]

– Si abro un libro, aunque sea el más hermosos y conmovedor, se me oprime el corazón al momento, y leo sin comprender, o si comprendo, se detiene mi espíriti sin poder meditar. En esta impotencia acuden en mi socorro la Sagrada Escritura y la Imitación de Cristo: en ellas encuentro un maná escondido, sólido y puro. Pero el Santo Evangelio, más que ningún otro libro, mantiene mi oración: en él bebe a su sabor mi pobrecita alma. Cada vez descubro nuevas luces, ocultos y misteriosos significados. [Autobiografía, cap. 8]

* Testigo 68º: Mons. J. F. Wood, Arzobispo de Filadelfia

– La Santa Biblia Católica en idioma castellano, publicada por los Señores Juan E. Potter y Compañía de Filadelfia, ha recibido mi sanción y aprobación más cordiales, y el libro puede aceptarse y usarse sin temor ni escrúpulo por los fieles.

* Testigo 69º: San Pío X, Papa (1903-1914)

– Queriendo renovarlo todo en Jesucristo, nada deseamos más que el acostumbrarse nuestros hijos a tener la Sagrada Escritura para la lección cotidiana. Por ella se puede conocer el modo de renovar todas las cosas en Jesucristo. [Carta al Cardenal Cassetta, 1987]

– Menester es que los alumnos suplan por su cuenta lo que falta en las prelecciones escolares, para obtener el dominio de esta disciplina. No pudiendo el profesor, por falta de tiempo, interpretar detalladamente toda la Escritura, ellos continuarán privadamente la lectura del Antiguo y del Nuevo Testamento, en un espacio de tiempo deterinado para cada día. En lo cual bueno será añadir un breve comentario que esclarezca oportunamente los lugares oscuros y explique los difíciles.

* Testigo 70º: Mons. Enrique, Obispo de Palencia

– Multiplícanse los libros de devoción, ya con nuevas producciones, ya repitiendo las ediciones de los antiguos, y en forma que les hace accesibles a toda clase de fortunas. Nunca se alabará bastantemente este empeño de las asociaciones y librerías religiosas en divulgar tal genero de escritos contrarrestando lso perniciosos efectos de las malas lecturas; pero el uso de los libros de devoción no excluye, antes supone el uso frecuente de los Divinos Libros, de quienes primaria y fundamentalmente se derivan la autoridad, el mérito y la estima que a aquéllos justamente se concede. [Prólogo del Nuevo Testamento, ed. Herder]

* Testigo 71º: Arzobispo de Santiago de Chile (1903)

– La impresión del Nuevo Testamente en español viene a llenar una verdadera necesidad, llevando a todos los corazones los consuelos de la Palabra de Dios… Haré cuanto pueda para activar la ciruculación de tan importante libro. [Nuevo Testamento, ed. Herder]

* Testigo 72º: Cardenal Arcoverde, de Río de Janeiro

– ¡Propagar los Evangeliso! ¡Todas las almas piadosas tomen a su cargo esta santa misión: propagar la lectura de los SS: Evangelios en todas las clases sociales!

* Testigo 73º: Mons. M. Landrieux, Obispo de Dijón

– El catecismo es siempre una lección. El Evangelio es una historia. ¿Porqué querer enseñar como una lección lo que se puede enseñar como una historia? El niño ‘aguanta’ lo que es lección; pero no se cansa nunca de las historias. El niño no escucha una historia como lo hacemos nosotros distante que nos deja extraños a la acción: el niño entra, se mete todo entero, con su imaginación, su sensibilidad; todo toma forma, todo se anima para él, y entonces, si se le habla de Nuestro Señor, si se le cuenta su vida, donde se mezclan los relatos ingenuos y floridos de las parábolas, en el cuadro palestiniano, el elemento maravilloso de los milagros, a través del cual resplandece Su Divinidad,el niño ve a Jesús, lo oye, lo escucha, lo sigue, y bien pronto se pone a amarlo; y si se tiene cuidado de orientar su fe, su corazón, su piedad hacia el tabernáculo para recordarle sin cesar que el Jesús del Evangelio, el mismo, está ahí escondido, vivo en el Sacramento, con nosotros, para nosotros, el trabajo de formación, de educación religiosa se hace sin esfuerzo. ¿Puede concebirse un católico práctico que no haya leído nunca el Evangelio? Pues tal es el caso de la enorme mayoría. Se podría se perfectamente instruido en religión con solo conocer el Evangelio, porque en él está toda la substancia del Catecismo; pero la recíproca no es verdadera, porque en el Catecismo no está todo el Evangelio. [Carta Pastoral]

* Testigo 74º: R. Vigoroux, editor de una políglota de la Biblia y célebre escriturista

– El P. Olier, fundador del Seminario y de la Congregación de S. Sulpicio, lleno de devoción a la Sagrada Escritura, nos ha enseñado a amar con el mismo amor y venerar por el mismo culto Vuestra Satna Humanidad y Vuestra Sagrada Palabra: Par cultus et amor utrique. ¡Haced, oh Señor, que el amor a Vuestros Santos Libros florezca siempre en medio de nosotros!… ¡Ojalá que todos los cristianos reconocieran el valor del don queVos les habéis concedido en las Letras Sagradas! [Les Livres Saints et la Critique rationaliste, pag. XII]

* Testigo 75º: Benedicto XV, Papa (1914-1922)

– En este mismo orden de cosas, resultan muy beneméritos de la causa católica aquellos que en las diversas regiones han procurado y siguen procurando editar en formato cómodo y claro y divulgar con la mayor diligencia todos los libros del Nuevo Testamento y algunos escogidos del Antiguo; cosa que ha producido abundancia de frutos en la Iglesia de Dios, siendo hoy muchos más los que se acercan a esta mesa de doctrina celestial que el Señor proporcionó al mundo cristiano por medio de sus profetas, apóstoles y doctores. [Spiritus Paraclitus 47]

– Ante todo se debe buscar en estas páginas el alimento que sustente la vida del espíritu hasta la perfección. [50]

– Jamás cesaremos de exhortar a todos los fieles cristianos para que lean diariamente sobre todo los santos Evangelios de Nuestro Señor y los Hechos y Epístolas de los Apóstoles, tratando de convertirlos en savia de su espíritu y en sangre de sus venas. [45]

– Como no puede estar la cabeza separada del cuerpo místico, así con el amor a la Iglesia ha de ir necesariamente unido el amor a Cristo, que debe ser considerado como el principal y más sabroso fruto de la ciencia de las Escrituras. [61]

– Deseamos a todos los hijos de la Iglesia que, penetrados y fortalecidos por la suavidad de las Sagradas Letras, lleguen al conocimiento perfecto de Jesucristo. [66]

* Testigo 76º: L. Cl. Fillion, Traductor de la Biblia al Francés

– Los sacerdotes no se dan suficientemente cuenta del bien que pueden producir a muchos laicos la lectura de los Evangelios, del Nuevo Testamento, del Antiguo Testamento, hecha con buenas disposiciones. [L’Etude de la Biblia, pag. 107]

* Testigo 77º: Mons. Pablo G. Von Keppler, Obispo de Rottenburgo

– La Sagrada Escritura es el libro de la consolación, regalado a nosotros por Nuestro Señor Jesucristo y Dios Padre nuestro, el cual nos amó y nos dió el consuelo eterno y la buena esperanza de la gracia (II Tes. 2, 15). “Bendito sea el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, el Padre de las misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en toda nuestra tribulación” (II Cor. 1, 3ss). [Escuela del Dolor, num. 180]

* Testigo 78º: Cardenal L. E. Dubois, de París

– Demasiado tiempo se ha descuidado el uso diario de la lectura de nuestros Libros Santos como alimento habitual. La Iglesia desea que el pueblo cristiano se familiarice cada vez más con los textos sagrados; todos aquellos que le ayudan a realizar ese deseo son, a sus ojos, buenos obreros a quienes aliente y bendice. [Carta-prefacio a la nueva edición de la Biblia por Crampon]

* Testigo 79º: Cardenal D. J. Mercier

– El mejor medio para habituarse al culto y a la inteligencia del Misterio cristiano es la práctica constante de la lectura, con espíritu de fe, de los Libros del Nuevo Testamento, especialmente de los escritos de San Pablo y de San Juan, y, en particular, las cartas a los Efesios, a los Colosenses y a los Hebreos; el sermón de Nuestro Señor después de la Cena y el Apocalípsis; del Antiguo Testamento, los Libros sapienciales y los Salmos. [Vida interior, pag. 470]

* Testigo 80º: Pío XI, Papa

– Solamente la ceguera y la terquedad pueden cerrar los ojos ante los tesoros de saludables enseñanzas escondidas en el Antiguo Testamento. Por tanto el que pretende que se expulsen de la Iglesia y de la escuela la Historia Bíblica y las sabias enseñanzas del Antiguo Testamento, blasfema de la Palabra de Dios, blasfema del plan de salvación del Omnipotente y erige en juez de los planes divinos un estrecho y restringido pensamiento humano [Encíclica “Mit Brennender Sorge”].

– Pío XI, hablando a estudiantes universitarios, les recomienda la lectura del Evangelio, “no sólo porque narra lo que Jesucristo ha dicho y ha hecho, sino porque contiene lo que Él quiso que fuese legado a nosotros como necesario para nuestra instrucción y santificación” [Discurso a la Fed. Univ. Cat. Ital. 6 de Enero de 1927].

– Fuera del Santo Evangelio no hay otro libro que pueda hablar al alma con tanta luz de verdad, con tanta fuerza de ejemplos y con tanta cordialidad.

* Testigo 81º: Los Obispos de Suiza

– El Evangelio es el más hermoso libro que más que los demás conforta el corazón de los fieles y lo eleva. Apoyándonos en el ejemplo de la Iglesia, os exhortamos a leer muy a menudo el Evangelio; si es posible, todos los días. [Carta pastoral del año 1922]

* Testigo 82º: March – Ferreres

– Lo primero que hace un embajador que quiere ser admitido en la corte de un soberano, es presentar sus credenciales. Pues, siendo también nosotros embajadores de Jesucristo, pro Christi ergo legatione fungimur (II Cor. 5, 20), presentemos nuestro título, que es la Sagrada Escritura. Sus pruebas tienen grande eficacia, no sólo por la autoridad y unción divina del Espíritu Santo que las acompaña, sino también por la irresistible fuerza de los argumentos que en ella se aducen, sobre todo en los libros morales. Debe, pues, el predicador estudiar y hacerse familiar con esta ciencia sagrada, si quiere hacer fruto y como divinizar el discurso; pues sin esta autoridad no sólo sería árida y estéril su palabra, sino que sus reflexiones parecerían puramente humanas. [Tesoro del Sacerdote, tomo II, num. 687]

* Testigo 83º: Mons. Mario Besson, Obispo de Friburgo (Suiza)

– La Iglesia ha cuidado siempre de una sólida instrucción religiosa mediante las Sagradas Escrituras, poniendo, sin embargo, un celo especial y justificado en evitar que los fieles, por una forma inadecuada de instruirse, perjudiquen la solidez de su fe. [L’Eglise Catholique et la Bible]

* Testigo 84º: Cardenal Isidro Gomá y Tomás, de Toledo

– La composición de una homilía, sea exegética o temática, supone un estudio directo del texto bíblico sobre que se predica. Ya no es en este caso la Escritura un elemento de aportación, más o menos homogeneo con el pensamiento que intentamos desarrollar, sino que el mismo texto suministra la materia y es como el ‘motivo’ o tema general de la predicación, que no puede desentenderse del sagrado texto sino para las inmediatas aplicaciones que de él derivan. [La Biblia y la Predicación, p. 280]

– El primer deber del predicador será estudiar las Sagradas Escrituras. Este estudio no es el de una asignatura; debe ser de toda la vida sacerdotal, porque es estudio fundamental para la vida del espíritu y para el ejercicio del ministerio en el púlpito y fuera de él; tanto y hasta cierto punto más que el mismo estudio de los textos de la teología y de la moral. [La Biblia y la Predicación, p. 299]

* Testigo 85º: Cardenal Miguel Faulhaber, de Munich

– “En la abundancia del tiempo nos habló a través de Su Hijo”. ¡Observemos y santifiquemos, pues, lo que nos dijera el Hijo, releyéndolo constantemente en los Evangelios! Encontraremos tiempo para ello si lo queremos sinceramente y si economizamos tiempo en las otras cosas. El Evangelio es más que cualquier libro de hombres, y por eso ningún libro de hombres puede reemplazarlo perfectamente. ¡Obsequiad más libros de valor educativo con motivo de la Navidad! Pero la preferencia sobre todos los libros corresponde al Libro de los libros, sobre todo al Evangelio y las demás Escrituras del Nuevo Testamento. La Navidad es el día de la fiesta de los tres Evangelios con la triple bendición: “La lectura del Evangelio sírvanos de gracia y protección”, “Que se remitan nuestros pecador por el Verbo del Evangelio”, “Cristo, Hijo de Dios, enséñanos la palabra de tu Evangelio”: Una tempestad ruge a través de nuestro País, y ella quisiera arrojar las Sagradas Escrituras del suelo alemán porque las considera como libros judíos. Estoy seguro de que esta tempestad más pronto avivará en todas las religiones sagradas el fuego de un nuevo entusiasmo por las Sagradas Escrituras. Nuestros hermanos separados no se arrodillan junto a nosotros en el banco de la comunión. Pero el creyente estudio del Sagrado Evangelio es la comunión espiritual con nuestro Señor y Salvador. En el mes de mayo del año 1928 se celebró en Turín una gran asamblea pro divulgación de las Sagradas Escrituras bajo el lema: “Conocer, vivir y difundir el Evangelio”. En aquella oportunidad, el Santo Padre Pío XI escribió a aquella asamblea: “Ningún libro puede hablar al alma con tanta fuerza de ejemplo y con tanta cordialidad como el Santo Evangelio”. [Judaísmo, Cristianismo, Germanismo, pag. 82 y 83]

– El Evangelio es el mejor libro de devoción y meditación.

* Testigo 86º: P. Cordovani, Maestro de los Sagrados Palacios

– El libro que debe hallarse en el primer puesto de la biblioteca de un sacerdote es la Sagrada Biblia en una buena traducción en la lengua patria, hecho libro de meditación y de estudio, inseparable del Breviario, el cual tambien tiene tanta parte de la Biblia.

* Testigo 87º: Cardenal Nasalli Rocca di Cormeliano, Arzobispo de Bolonia (al bendecir una sociedad bíblica)

– Es un consuelo para Nos, ver en Bolonia, los primeros albores de una asociación de hombres cultos, que se llaman “Siervos de la Eterna Sabiduría”, porque, con humildad, se acercan a aquellas fuentes, donde el intelecto tiene que aprender riquezas estupendas. Con humildad; la que falta a nuestros contemporaneos, los cuales no quieren inclinar la cabeza delante de Dios, hecho humilde maestro de los hombres, desde la cuna de Belén hasta la ignominia del Calvario; pero bajan, sí, la cabeza delante de verdaderos desequilibrados de la ciencia ¡Oh! Bendecimos de corazón la oportuna, nobilísima forma de apostolado, que, sobre todo en las grandes ciudades, puede ser centro irradiador de un sano calor de vida, en una atmósfera glacial de prejuicios e ignorancia, que se respoira en las más altas esferas sociales.

* Testigo 88º: Mons. Luis Civardi

– Se impone por ende un retorno a los orígenes. Es necesario reabrir el libro de los Evangelios, volver a ponerlo entre las manos de los fieles, hacerlo entrar, como honorable huésped, en todos los hogares cristianos. Este retorno a la lectura del Evangelio ha sido auspiciado por todos los últimos Pontífices. Y no bastará para esto que se lo lea una sola vez. Al contrario, deberá ser el compañero de toda nuestra vida, el libro base de nuestra ascesis; el pan de todos los días, que se convierte en sangre del espíritu; que a nuestra alma debilitada por el pecado Jesucristo ha dejado estos dos alimentos: la Eucaristía y el Evangelio. [Directivas a la Acción Católica Italiana]

* Testigo 89º: P. A. Tanquerey

– El libro de los Salmos es el libro de oración por excelencia en el que hallamos expresos, en un lenguaje lleno de vida y de actualidad, los más sentidos afectos de admiración, de adoración, de temor filial, de agradecimiento y de amor, junto con las más ardientes súplicas en las más varias circunstancias y más angustiosas; las invocaciones del justo perseguido a la justicia divina; los ayes de dolor del pecador contrito y humillado; la esperanza del perdón y de la misericordia, y la promesa de una vida mejor. Leerlos una y otra vez, meditar en ellos, y con ellos acompasar nuestros afectos, es cosa que mucho santifica. [Compendio de Teología ascética y mística, n° 575 c.]

* Testigo 90º: Mons. Audino Rodriguez y Olmos, Arzobispo de San Juan

– La Revista Bíblica… constituye un síntoma revelador. Ello significa que estamos volviendo de lleno a las fuentes de espiritualidad que habíamos descuidado, y retornamos al camino que ha de conducirnos a la vida, con renovada comprensión y perfecta conciencia. [Carta al Director de la Revista Bíblica, 12 Oct. 1939]

* Testigo 91º: Paul Claudel

– Creo que todo el mundo estará de acuerdo conmigo para otorgar a la Biblia el título del más grande Libro de la Humanidad. Es el libro por excelencia; en él toda nuestra civilización cristiana ha aprendido a leer; de él nosotros, pueblos de Occidente, hemos extraído todas nuestras ideas morales, artísticas y literarias; de él desbordó, como de un río gigantesco de aguas fecundas un tesoro inagotable de santidad y de genio, desde las catedrales románias hasta el “Mesías” de Haendel, pasando por la Capilla Sixtina. El gran beneficio que nuestros hijos obtendrían de un conocimiento siquiera fuese superficial de la Sagrada Escritura, siempre tan viviente y tan actual, reside en que ella establece entre el mundo físico en que vivimos y el mundo interior de donde extraemos nuestras razones de vivir, una relación sustancial llena de hallazgos e inestimables satisfacciones para espírituos ingenuos y sanos. Y a la par que nos interesa y nos deleita, alimenta a nuestra alma. Ese libro prodigioso ha quedado a nuestra disposición, y resulta muy triste comprobar que hoy sea objeto de olvido, incomprensión y desconocimiento tan generales.

* Testigo 92º: Mons. Carmelo Ballester Nieto, Obispo de León

– A las Sagradas Escrituras, más particularmente al Nuevo Testamento, y más específicamente aún a los Santos Evangelios, debe recurrir el Sacerdote para ser un ministro verdadero del Señor. En el Evangelio debe formar su corazón, su mente; en él debe mirarse como en un espejo para saber cómo debe vivir; en él debe leer para aprender lo que tiene que enseñar al pueblo; en él debe meditar el contraste de consuelo y de horro que ofrece a todo ministros de Dios la conducta santa de Sacerdotes y de personajes como Zacarías, el Precursor, el Príncipe de los Apóstoles, el Discípulo predilecto, y la conducta tan triste de los Sumos Sacerdotes Anás, Caifás, Ananías y del Apóstol traidor, Judas. El Sacerdote, en el Evangelio encuentra también a Ejsús, el Sacerdote por excelencia. ¡Qué encantadora resulta para todo Sacerdote la Persona de Jesús! ¡Cuán fácilmewnte se le ve modelo de vida interior, siempre unido a su Padre, a su Santísima Voluntad, recurriendo con frecuencia a la oración! ¡Cuán fácilmente se le ve también odelo de esa vida apostólica serena, pura de intención, y siempre activa, que debe ser la vida de todo sacerdote! [Prólogo del Nuevo Testamento]

* Testigo 93º: Mons. Antonio M. Barbieri, Arzobispo de Montevideo

– Su obra, por todos estos motivos, es altamente meritoria, y contribuirá sin duda a una mayor inteligencia del texto sagrado cuyo estudio se hace cada día más necesario. Le felicito, pues, de corazón por su trabajo, esperando que pueda completarlo con los volúmenes que han de seguir a este primero, y asegurando una larga difusión a esta edición. [Carta al Director de la Revista Bïblica (25 Marzo 1943)]

* Testigo 94º: Cardenal Santiago Luis Copello, de Buenos Aires

– En esas sagradas páginas el cristiano encuentra siempre el alimento espiritual que su alma necesita. Ahí el cristiano humilde templa su fe, aumenta su caridad y fortalece su esperanza, asegurando su eterna salvación con todas y cada una de las acciones de su vida realizadas conforme a esas hermosas enseñanzas evangélicas. [Prefacio de la edición argentina de los Santos Evangelios del Cardenal Gomá]

– La mayor desgracia de la humanidad ha sido y es, el haberse apartado de la lectura y la práctica de la Doctrina predicada por Jesús Nuestro Señor, y contenida en los Santos Evangelios. Volver a la lectura y a la meditación constante del Santo Evangelio, para luego, por medio de las obras, poner en práctica esa Doctrain, será el único remedio para tantos males que afligen a la humanidad.

– Volvamos al Evangelio, para que el Evangelio vuelva a la Sociedad, a las familias, a las conciencias, y sea estudiado, comprendido, vivido y difundido.

– Bendecimos la formación de los Grupos del Santo Evangelio que proyecta esa Federación (de Maestros Católicos) con todas las garantías establecidas por la Santa Iglesia y concedemos 200 días de indulgencia a cuantos asistan a sus reuniones.

* Testigo 95º: Mons. Juan P. Chimento, Arzobispo de la Plata

– Sin desconocer los méritos de las obras ascéticas, cuyos quilates están definitivamente consagrados por los más prestigiosos maestros de la vida sobrenatural, es evidente que nunca pueden ser puestas en parangón con el mensaje celestial que hallamos en las Sagradas Escrituras. Entre éste y aquellas media la distancia infinita que va de la palabra humana a la palabra divina. [Carta-prólogo al Nuevo Testamento ed. Guadalupe]

* Testigo 96º: Resoluciones del Primer Congreso Argentino del Evangelio (10-13 Oct. de 1942)

– Entre otras: El Primer Congreso del Santo Evangelio resuelve: Hacer revivir especialmente las recomendaciones de S.S. León XIII en su Encíclica del 18 de Noviembre 1893. El Soberano Pontífice recomienda cuatro medios para restituir el Evangelio a su debido lugar en el mundo:

1) Que todas las familias cristianas posean el libro del Santo Evangelio; que se lea un pasaje a lo menos a la noche después de la oración hecha en común. Que esta lectura se haga algo más provechosamente en las largas noches de invierno.

2) Que se lo lea y se lo estudie en todas las escuelas católicas, primarias, secundarias y superiores. Es necesario, en la enseñanza católica, dar ante todo el primer puesto al Santo Evangelio. Es necesario estudiarlo más que la Aritmética y la Gramática.

3) Que en las Parroquias se haga una corta lectura del Santo Evangelio en todas las reuniones de los fieles, asociaciones, cofradías, etc., además del Evangelio dominical.

4) Que en cada Parroquia o asociación católica haya un pequeño grupo de hombres o de fieles, de distintas categorías, más profundamente instruidos en el Evangelio. Podrán reunirse todas las semanas o a lo menos todos los meses para estudiar el Evangelio con un sacerdote. Serán para las Parroquias y las asociaciones lo que los Apóstoles de N.S.J. después de haber sido evangelizados por Él, han sido para el mundo entero.

* Testigo 97º: Gustavo Martínez Zuviría (Hugo Wast)

– La Eucaristía que es el Cuerpo real de Cristo, y la Biblia, que es la verdadera palabra de Dios, son los alimentos por excelencia del alma católica.

– No hay lectura ni más substancial ni más adecuada para los tiempos que corren; siempre que sea hecho con reverencia y atención al sentido que le da la Iglesia, su exégeta infalible, o que le dan los Santos Padres, en los muchos puntos en que no hay interpretación fijada por ésta. [Rev. Bíblica, num. 6, pag. 15]

* Testigo 98º: P. B. Pujol, Superior General de los Operarios Diocesanos

– Los autores de tales libros nos estimulan a que estudiemos también nosotros directamente bajo tal aspecto la Sagrada Escritura. Quien así la estudie, hasta sin nombrarla, será capaz de darla constantemente a conocer y de hacerla amar intensamente; y ese estudio e interés del educador le convertirán, por decirlo así, en un compendio del Evangelio. Si escribió Tertuliano esta bella frase: “Christianus, compendium Evangelii”, ¿cuánto más aplicable deberá ser a todo formador del clero? Dios, en su infinita bondad, dé a la Santa Iglesia en el mundo entero abundancia –legión- de tan cabales educadores. [Revista Bíblica 1942, pag. 139]

* Testigo 99º: Mons. Edwin V. O’Hara, Obispo de Kansas City

– Que la Iglesia vea en la Biblia un libro popular se sigue del hecho de que ella antes de la invención de la imprenta pintara todas las escenas y lecciones bíblicas en las paredes y vidrieras de sus catedrales, y que ella, después de llegada la imprenta, haya multiplicado con infinita solicitud las ediciones del Sagrado Texto en todas las lenguas, concediendo de su tesoro espiritual indulgencias a todos los que procuren leerla con espíritu de piedad y docilidad. [Véase Plassmann: “The Book called Holy”, Prefacio]

* Testigo 100º: Pío XII, Papa

– El Evangelio es principio, fuerza y fin de todo Apostolado [Carta al Cardenal Gomá, 3 de Mayo de 1936]

– No permitáis, pues, se debilite vuestra constancia y virtud; sacad de las inagotables fuentes de los Sagrados Libros, diariamente, en cuanto posible sea, el espíritu de Jesucristo y de los Apóstoles, el cual resplandezca siempre en vuestras almas, palabras y obras. [Alocución a los Seminaristas, 24 Junio 1939]

– Vosotros debéis siempre llevar adelante vuestra campaña para propagar el Evangelio con discreción y hacer que las gentes comprendan la aplicación de los principios eternos a las necesidades y condiciones de los tiempos actuales. [Alocución a los jóvenes, 10 Nov. 1940].

La parábola de las diez vírgenes

1 “En aquel entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes, que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo. 2 Cinco de entre ellas eran necias, y cinco prudentes. 3 Las necias, al tomar sus lámparas, no tomaron aceite consigo, 4 mientras que las prudentes tomaron aceite en sus frascos, además de sus lámparas. 5 Como el esposo tardaba, todas sintieron sueño y se durmieran. 6 Mas a medianoche se oyó un grito: “¡He aquí al esposo! ¡Salid a su encuentro!” 7 Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. 8 Mas las necias dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan”. 9 Replicaron las prudentes y dijeron: “No sea que no alcance para nosotras y para vosotras; id más bien a los vendedores y comprad para vosotras”. 10 Mientras ellas iban a comprar, llegó el esposo; y las que estaban prontas, entraron con él a las bodas, y se cerró la puerta. 11 Después llegaron las otras vírgenes y dijeron: “¡Señor, señor, ábrenos!” 12 Pero él respondió y dijo: “En verdad, os digo, no os conozco”. 13 Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora”.

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Comentario de Mons. Dr. Juan Straubinger:

1 ss. Esta parábola, como la anterior, quiere enseñarnos la necesidad de estar siempre alerta, porque nadie sabe el día ni la hora del advenimiento de Cristo. Del esposo: La Vulgata añade: “y de la esposa”. El texto griego se refiere solamente al esposo, lo que cuadra mejor con las costumbres hebreas, porque las vírgenes solían estar con la novia, y junto con ella esperaban la venida del esposo acompañado de sus amigos. En cuanto a la explicación de la parábola, advierte ya S. Jerónimo que las diez vírgenes simbolizan a todos los cristianos. “La espera es el período que precede a la segunda venida del Salvador; su venida es la Parusía gloriosa; el festín de la felicidad del Reino de los cielos… Los fieles que no están preparados a la venida de Cristo serán eliminados de la beatitud parusíaca… El momento de la Parusía es capital… y hay que tener siempre a mano la provisión de aceite” (Pirot). En efecto, la lámpara sin aceite es la fe muerta que se estereotipa en fórmulas (15, 8). La fe viva, que obra por amor (Ga. 5, 6), es la que produce la luz de la esperanza que nos tiene siempre en vela; lo que no se ama no puede ser esperado pues no se lo desea. S. Pedro enseña que esa lámpara o antorcha con que esperamos a Jesús en estas tinieblas es la esperanza que nos dan las profecías basta que amanezca el día cuando Él venga (2 Pe. 1, 19). David enseña igualmente que esa luz para nuestros pies nos viene de la Palabra de Dios (Sal. 118, 105), la cual, dice S. Pablo, debe permanecer abundantemente en nosotros, ocupando nuestra memoria y nuestra atención (Col. 3, 16), para que no nos engañe este siglo malo (Ga. 1, 4). El sueño –que no es aquí reproche, pues todas se durmieron– representa, dice Pirot, lo imprevisto y súbito de la Parusía, de modo que la lámpara de nuestra fe no se mantendrá iluminada con la luz de la amorosa esperanza, si no tenemos gran provisión del aceite de la palabra, que es lo que engendra y vivifica la misma fe (Rm. 10, 17).

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Comentario de San Agustín, Doctor de la Iglesia

“En medio de la noche” (Sermón 93)

    Las diez vírgenes querían ir todas a recibir al Esposo. ¿Qué significa recibir al esposo? Es ir a su encuentro de todo corazón, vivir esperándolo. Pero tardó en venir, y todas se durmieron…..¿Qué significan estas palabras? Hay un sueño al que nadie puede escaparse. Os acordáis de las palabras del apóstol Pablo: “No queremos, hermanos, que ignoréis la suerte de los que duermen el sueño de la muerte” (1Tim 2,12)…. Todas se durmieron. ¿Pensáis que la virgen prudente puede escapar de la muerte? No, tanto las prudentes como las necias deben pasar por el sueño de la muerte…

“A medianoche se oyó un grito: Ya está ahí el esposo, salid a su encuentro” (Mt 25,6). ¿Qué decir? Es el momento que nadie piensa, que nadie espera… Vendrá en el momento en que menos pensáis. ¿Por qué viene de este modo? Porque, dice él, “No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha fijado con su poder.” (Hch 1,7) “El día del Señor”, dice Pablo, “vendrá como un ladrón en plena noche.” (1Tim 5,2) Vigilad, pues, durante la noche para que no os sorprenda el ladrón. Porque, queriendo o sin querer, el sueño de la muerte llegará necesariamente.

Y no obstante, todo esto llegará cuando se oiga un grito en medio de la noche. Este grito es lo que el apóstol Pablo dice: “En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al son de la trompeta, porque la trompeta sonará, los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados.” (1Cor 15,52) Después de este grito que resonará en medio de la noche: “Llega el esposo” ¿qué pasa? “. Todas se levantaron”(Mt 25,7ss).

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Comentario del P. Diego de Jesús, Monasterio Cristo Orante

 

Santísima Trinidad

16 Porque así amó Dios al mundo: hasta dar su Hijo único, para que todo aquel que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna[1]. 17 Porque no envió Dios su Hijo al mundo para juzgar al mundo[2], sino para que el mundo por Él sea salvo. 18 Quien cree en, Él, no es juzgado, mas quien no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

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Comentario de Mons. Straubinger

[1] 16. “Este versículo, que encierra la revelación más importante de toda la Biblia, debiera ser lo primero que se diese a conocer a los niños y catecúmenos. Más y mejor que cualquier noción abstracta, él contiene en esencia y síntesis tanto el misterio de la Trinidad cuanto el misterio de la Redención” (Mons. Keppler). Dios nos amó primero (1 Jn. 4, 19), y sin que le hubiésemos dado prueba de nuestro amor. “¡Oh, cuán verdadero es el amor de esta Majestad divina que al amarnos no busca sus propios intereses!” (S. Bernardo). Hasta dar su Hijo único en quien tiene todo su amor que es el Espíritu Santo (Mt. 17, 5), para que vivamos por Él (1 Jn. 4, 9).

[2] 17. Para juzgar al mundo: Véase 5, 22 y nota.

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Comentario de  San Efrén (c. 306-373), diácono en Siria, doctor de la Iglesia.

Himno a la Trinidad

«Un solo Dios, un solo Señor, en la trinidad de personas y en unidad de su naturaleza» (Prefacio)

Refrán: ¡Bendito sea el que te envía!

Toma como símbolos el sol para el Padre
para el Hijo, la luz,
y para el Espíritu Santo, el calor.

Aunque sea un solo ser, es una trinidad
lo que se percibe en él.
Captar al inexplicable, ¿quién lo puede hacer?

Este único es múltiple: uno formado de tres,
y tres no forman sino uno,
¡gran misterio y maravilla manifestada!

El sol es distinto de sus rayos
aunque estén unidos a él;
sus rayos también son el sol.

Pero nadie habla, sin embargo, de dos soles,
aunque los rayos
son también el sol aquí abajo.

Tampoco nosotros decimos que habría dos Dioses.
Dios, Nuestro Señor, lo es,
también él, por encima de lo creado.

¿Quién puede enseñar cómo y dónde le está unido
el rayo al sol,
así como su calor, siendo libres.

No están ni separados ni se confunden,
unidos aunque distintos,
libres pero unidos, ¡oh maravilla!

¿Quién puede, escrutándolos, tener poder sobre ellos?
¿Y, sin embargo, no son ellos,
aparentemente tan simples, tan fáciles?

Mientras que el sol permanece todo él arriba,
su claridad, su calor,
son, un símbolo claro para los de aquí abajo.

Sí, sus rayos llegan hasta la tierra
y se quedan en nuestros ojos
como si revistieran nuestra carne.

Cuando nuestros ojos se cierran en el momento del sueño
como a unos muertos, los abandona,
a ellos que seguidamente se desvelarán.

Y cómo la luz entra en el ojo,
nadie lo puede comprender.
Así Nuestro Señor en el seno…

De esta manera Nuestro Señor se ha revestido de un cuerpo
con toda su debilidad,
para venir a santificar al universo.

Pero cuando el rayo vuelve a su fuente,
nunca ha estado
separado del que lo engendró.

Deja su calor para los que están abajo,
como Nuestro Señor
ha dejado el Espíritu Santo a los discípulos.

¡Contempla estas imágenes en el mundo creado,
y no dudarás,
en cuanto a los Tres, porque sino te pierdes!

Lo que estaba oscuro te lo he hecho claro:
cómo los tres hacen uno,
trinidad que no forma sino una esencia.

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Comentario del P. Diego de Jesús DIOS SOLO SE BASTA

Entonces, Jesús rompió a llorar. (La resurrección de Lázaro)

Lázaro1 Había uno que estaba enfermo, Lázaro de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana. 2 María era aquella que ungió con perfumes al Señor y le enjugó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro estaba, pues, enfermo[1]. 3 Las hermanas le enviaron a decir: “Señor, el que Tú amas está enfermo”[2]. 4 Al oír esto, Jesús dijo: “Esta enfermedad no es mortal, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea por ella glorificado”. 5 Y Jesús amaba a Marta y a su hermana y a Lázaro.

6 Después de haber oído que estaba enfermo se quedó aún dos días allí donde se encontraba. 7 Sólo entonces dijo a sus discípulos: “Volvamos a Judea”. 8 Sus discípulos le dijeron: “Rabí, hace poco te buscaban los judíos para lapidarte, ¿y Tú vuelves allá?” 9 Jesús repuso: “¿No tiene el día doce horas? Si uno anda de día, no tropieza, porque tiene luz de este mundo[3]. 10 Pero si anda de noche, tropieza, porque no tiene luz”. 11 Así habló Él; después les dijo: “Lázaro nuestro amigo, se ha dormido; pero voy a ir a despertarlo”. 12 Dijéronle los discípulos: “Señor, si duerme, sanará”. 13 Mas Jesús había hablado de su muerte, y ellos creyeron que hablaba del sueño. 14 Entonces Jesús les dijo claramente: “Lázaro ha muerto. 15 Y me alegro de no haber estado allí a causa de vosotros, para que creáis. Pero vayamos a él”. 16 Entonces Tomás, el llamado Dídimo, dijo a los otros discípulos: “Vayamos también nosotros a morir con Él”[4].

17 Al llegar, oyó Jesús que llevaba ya cuatro días en el sepulcro. 18 Betania se encuentra cerca de Jerusalén, a unos quince estadios[5]. 19 Muchos judíos habían ido a casa de Marta y María para consolarlas por causa de su hermano. 20 Cuando Marta supo que Jesús llegaba, fue a su encuentro, en tanto que María se quedó en casa. 21 Marta dijo, pues, a Jesús: “Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano. 22 Pero sé que lo que pidieres a Dios, te lo concederá”[6]. 23 Díjole Jesús: “Tu hermano resucitará”. 24 Marta repuso: “Sé que resucitará en la resurrección en el último día”[7]. 25 Replicóle Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida; quien cree en Mí, aunque muera, revivirá[8]. 26 Y todo viviente y creyente en Mí, no morirá jamás. ¿Lo crees tú?” 27 Ella le respondió: “Sí, Señor. Yo creo que Tú eres el Cristo, el Hijo de, Dios, el que viene a este mundo”[9].

28 Dicho esto, se fue a llamar a María, su hermana, y le dijo en secreto[10]: “El maestro está ahí y te llama”. 29 Al oír esto, ella se levantó apresuradamente, y fue a Él. 30 Jesús no había llegado todavía a la aldea, sino que aún estaba en el lugar donde Marta lo había encontrado. 31 Los judíos que estaban con María en la casa, consolándola, al verla levantarse tan súbitamente y salir, le siguieron, pensando que iba a la tumba para llorar allí. 32 Cuando María llegó al lugar donde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies, y le dijo: “Señor, si Tú hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”. 33 y Jesús, viéndola llorar, y llorar también a los judíos que la acompañaban se estremeció en su espíritu, y se turbó a sí mismo. 34 Y dijo: “¿Dónde lo habéis puesto?” Le respondieron: “Señor, ven a ver”. 35 Y Jesús lloró[11]. 36 Los judíos dijeron: “¡Cuánto lo amaba!” 37 Algunos de entre ellos, sin embargo, dijeron: “El que abrió los ojos del ciego, ¿no podía hacer que éste no muriese?” 38 Jesús de nuevo estremeciéndose en su espíritu, llegó a la tumba: era una cueva; y tenía una piedra puesta encima. 39 Y dijo Jesús: “Levantad la piedra”. Marta, hermana del difunto, le observó: “Señor, hiede ya, porque es el cuarto día”. 40 Repúsole Jesús: “¿No te he dicho que, si creyeres, verás la gloria de Dios?” 41 Alzaron, pues, la piedra. Entonces Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: “Padre, te doy gracias por haberme oído. 42 Bien sabía que siempre me oyes, mas lo dije por causa del pueblo que me rodea, para que crean que eres Tú quien me has enviado”. 43 Cuando hubo hablado así, clamó a gran voz: “¡Lázaro, ven fuera!” 44 Y el muerto salió, ligados los brazos y las piernas con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: “Desatadlo, y dejadlo ir”[12].

45 Muchos judíos, que habían venido a casa de María, viendo lo que hizo, creyeron en Él.

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Comentarios por Mons. Dr. Juan Straubinger

[1] 2. Véase 12, 3 ss.; Lc. 7, 36-50.

[2] 3. Admírese la brevedad y perfección de esta súplica, semejante a la de María en 2, 3, que en dos palabras expone la necesidad y expresa la plena confianza. “Es como si dijesen: Basta que Tú lo sepas, porque Tú no puedes amar a uno y dejarlo abandonado” (S. Agustín).

[3] 9 ss. Como en 9, 5 (cf. nota), Jesús quiere decir: nada tengo que temer mientras estoy en mi carrera terrenal, fijada por el Padre.

[4] 16. La presunción de Tomás había de resultarle fallida, como la de Pedro en 13, 37 s. Véase su falta de fe en 20, 25, y la objeción con que parece rectificar a Jesús en 14, 5. Por lo demás era gratuita la creencia de que el Señor fuese entonces a morir, dado lo que Él acababa de decir en vv. 9 ss.

[5] 18. Unos quince estadios: más de dos kilómetros.

[6] 22 ss. La fe de Marta es pobre. puesto que no esperaba el milagro por virtud del mismo Jesús. Por eso dijo el Señor: “Yo soy la resurrección y la vida”. Crece entonces la fe de Marta de modo que confiesa: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios” (v. 27).

[7] 24. Jesús les había sin duda enseñado ese misterio como en 6, 39, 40, 44 y 54.

[8] 25 s. Cf. 6, 50. Léase – dice S. Pablo a este respecto (1 Co. 15, 51-55 y 1 Ts. 4, 13-18).

[9] 27. El que viene: en griego, ho erjómenos, participio presente que traduce literalmente la fórmula hebrea: Ha-ba, con que el Antiguo Testamento anuncia al Mesías Rey venidero. Así lo vemos en Mt. 11, 13 y 21, 9, en Lc. 7, 19 y en Jn. 6, 14, etc., aplicado como aquí en el sentido de el que había de venir. En Mt. 23, 39 (véase la nota), Jesús se aplica la misma palabra griega correspondiente a la misma expresión hebrea del Sal. 117, 26 que Él cita allí, pero esta vez con relación a su segunda venida. Lo mismo hace en Mt. 16, 28; 26, 64; Mc. 13, 26; 14, 62, etc., anunciando la primera vez su Transfiguración, y todas las demás veces su Parusía, y usando siempre esta palabra en el sentido de futuro en que la había usado el Bautista al anunciar la primera en Mt. 3, 11, donde la Vulgata la traduce por: venturos (venidero). Es decir que aunque Jesús ya vino, sigue siendo el que viene, o sea el que ha de venir, pues cuando vino no lo recibieron (1, 11) y entonces Él anunció a los judíos que vendría de nuevo (cf. Hb. 9, 28; Hch. 3, 20 ss.; Fil. 3, 20 s., etc.), por donde en adelante el participio presente tiene el sentido de futuro como lo usa Jesús en los anuncios de su Parusía que hemos mencionado. Cf. 2 Jn. 7; Ap. 1, 8. Así lo hace también San Pablo (cf. Hb. 10, 37 y nota), tomando esa palabra que Habacuc (2, 3 s.) usa en los LXX para anunciar al Libertador de Israel, y aplicándola, como dice Crampon, al Cristo venidero en los tiempos mesiánicos, o sea, como dice la reciente Biblia de Pirot, “cuando venga a juzgar al mundo”.

[10] 28. En secreto, para que no oyesen los judíos la venida de Jesús. Ellos creyeron que iba al sepulcro (v. 31).

[11] 35. Jesús no repara en llorar por amor a un amigo, como no reparó en llorar por amor compasivo a Jerusalén (Lc. 19, 41).

[12] 44. Los judíos solían envolver los cadáveres con fajas de lienzo. Por eso Lázaro no puede andar ni valerse de las manos.

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Sermón: San Juan Damasceno (c. 675-749), monje, teólogo, doctor de la Iglesia.
Tríode de Maitines del sábado de Lázaro, odas 6-9.

“Entonces, Jesús rompió a llorar. Los judíos comentaban: ¡Cómo lo quería!”

(Jn 11,35-36)

Siendo Dios verdadero, Señor, Tú conocías el sueño de Lázaro y lo anunciabas a los discípulos…. Viviendo en la carne, Tú que no tienes límites, vienes a Betania. Hombre verdadero, rompes a llorar por Lázaro. Dios verdadero, por tu voluntad resucitas al que llevaba cuatro días enterrado. Ten piedad de mí, Señor, ya que muchas son mis transgresiones. ¡Desde el abismo clamo a ti, sácame de él! ¡A ti grito, escúchame, Dios de mi salvación!

Llorando por tu amigo, en tu compasión has enjugado las lágrimas de Marta, y por tu pasión voluntariamente aceptada, has enjugado las lágrimas de tu pueblo. (Is 25,8) “Dios de nuestros padres, te bendecimos.” (Esd 7,27) Guardián de la vida, tú llamas a un muerte como si se tratase de uno que duerme. Por una palabra has rasgado las entrañas del infierno y has resucitado a aquel que se puso a cantar: “¡Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres!” Yo, ahogado por los lazos de mis pecados ¡levántame y te cantaré: “Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres!” …

Movida por la gratitud, María te trae un frasco de mirra como una deuda para con su hermano (Jn 12,3) y te canta por todos los siglos. Como mortal, tú invocas al Padre; como Dios despiertas a Lázaro. Por esto te cantamos, oh Cristo, por los siglos de los siglos… Tú resucitas a Lázaro, un muerto de cuatro días. Tú lo haces surgir de la tumba, convirtiéndole en testimonio verídico de tu resurrección al tercer día. Tú caminas, lloras, hablas, Salvador mío, mostrando tu naturaleza humana. Pero resucitando a Lázaro revelas tu naturaleza divina. De manera inefable, Señor, Salvador mío, según tus dos naturalezas, has realizado mi salvación.

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EL LLANTO DE DIOS: Comentario del P. Diego de Jesús al Evangelio de este Domingo (Jn 11, 1-45). Abril 2017. Audio. Aquí.

 

Discurso de Gamaliel

gamaliel34 Pero se levantó en medio del consejo cierto fariseo, por nombre Gamaliel, doctor de la Ley, respetado de todo el pueblo, el cual mandó que hiciesen salir a aquellos hombres (los apóstoles) por breve tiempo; 35 y les dijo: “Varones de Israel, considerad bien lo que vais a hacer con estos hombres. 36 Porque antes de estos días se levantó Teudas diciendo que él era alguien. A él se asociaron alrededor de cuatrocientos hombres, pero fue muerto, y todos los que le seguían quedaron dispersos y reducidos a nada. 37 Después de éste se sublevó Judas el Galileo en los días del empadronamiento y arrastró tras sí mucha gente. Él también pereció, y se dispersaron todos sus secuaces. 38 Ahora, pues, os digo, dejad a estos hombres y soltadlos, porque si esta idea u obra viene de hombres, será desbaratada; 39 pero si de Dios viene, no podréis destruirla, no sea que os halléis peleando contra Dios.” Siguieron ellos su opinión; 40 y después de llamar a los apóstoles y azotarlos, les mandaron que no hablasen más en el nombre de Jesús, y los despacharon. 41 Mas ellos salieron gozosos de la presencia del sinedrio, porque habían sido hallados dignos de sufrir desprecio por el nombre (de Jesús). 42 No cesaban todos los días de enseñar y anunciar a Cristo Jesús tanto en el Templo como por las casas.

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Comentarios: Mons. Dr. Juan Straubinger

34 ss. Gamaliel, doctor celebérrimo de la Ley, fue maestro de San Pablo (cf. 22, 3). La leyenda le hace morir cristiano, lo que no parece inverosímil, puesto que Dios da la gracia a los que Él quiere, y Gamaliel mostró tener buena voluntad. Si habrá recompensa para aquel que diere un vaso de agua a un discípulo (Mt. 10, 42); ¿cuánto más para aquel que salvó la vida a tan grandes amigos de Jesucristo? La sabiduría de este consejo de Gamaliel, que es la misma del S. 36, debe servirnos de lección para no temer ante el aparente triunfo de los enemigo de Dios.

40 s. ¡Y azotarlos! Es exactamente lo que hizo Pilato con Jesús: admiten su inocencia, pero los azotan (Jn. 19, 1). De ahí el gozo de los discípulos en imitar en algo al querido Maestro. “El cristianismo ha sido el primero en ofrecer al mundo el ejemplo de un dolor alegre y jubiloso” (Mons. Kepler). Jesús nos llama “dichosos” cuando nos maldijeren a causa de Él (Mt. 5, 11).

42. Por las casas: imitando a Jesús que sembraba su Palabra de salvación por todas partes y que mandó repetirla “desde las azoteas” (Mt. 10, 27), los apóstoles nos dejaron un alto ejemplo y una enseñanza de que el apostolado no tiene límites. El cristiano tiene así, en cada reunión o visita, ocasión de hablar de la doctrina evangélica, como hablaría de cualquier tema literario, sin aire de sermón, y dejar así la preciosa siembra, si es que ama la Palabra. Porque el mismo Jesús enseño que la boca habla de lo que nos desborda del corazón (Mt. 12, 34).