Desolación

Jeremías contempla a Sión, desolada y solitaria, desgarrada por sus pecados e infidelidades; contempla doliente la soledad de sus caminos, en otro tiempo transitados con alegría por quienes iban al encuentro de Yavé en la ciudad santa: “Los caminos de Sión están de luto, porque nadie viene a las fiestas solemnes. Todas sus puertas están desoladas, gimen sus sacerdotes, sus vírgenes están afligidas, y ella misma está amargada” (Lm. 1, 4). Pero Isaías, exultante, canta la restauración del camino de Sión, ahora camino de santidad y de gracia: “Se trocará la tierra abrasada en estanque, y el país árido en manantial de aguas. En la guarida donde moran los chacales verdeará la caña y el papiro. Habrá allí una senda y un camino, vía sacra se la llamará; no pasará el impuro por ella, ni los necios por ella caminaran” (Is. 35, 7-8)

Un sólo Dios, una sola fe, un sólo bautismo

Es de público conocimiento el viaje a Emiratos Árabes que realizó Francisco días atrás. Encuentro “interreligioso” en busca de la “fraternidad humana”, el cual se selló con un beso; beso que de manera instantánea nos hizo rememorar aquel beso de la traición de Judas. Seguimos rezando por Francisco, para que se convierta y confirme a sus hermanos.

En esta entrada publicamos tres post ya publicados pero que merecen ser meditados una vez más y que nos recuerdan que hay Un sólo Dios, una sola fe, un sólo bautismo.

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A continuación dejamos un párrafo de la Encíclica Mirari Vos (Sobre los errores modernos) del Papa Gregorio XVI, en la cual se deja bien claro que la Salvación sólo está en la Iglesia de Cristo. Esta Encíclica data del 15 de agosto de 1832.

Gregorio XVI“Otra causa que ha producido muchos de los males que afligen a la iglesia es el indiferentismo, o sea, aquella perversa teoría extendida por doquier, merced a los engaños de los impíos, y que enseña que puede conseguirse la vida eterna en cualquier religión, con tal que haya rectitud y honradez en las costumbres. Fácilmente en materia tan clara como evidente, podéis extirpar de vuestra grey error tan execrable. Si dice el Apóstol que hay un solo Dios, una sola fe, un solo bautismo (Ef. 4, 5.), entiendan, por lo tanto, los que piensan que por todas partes se va al puerto de salvación, que, según la sentencia del Salvador, están ellos contra Cristo, pues no están con Cristo (Lc. 11, 23) y que los que no recolectan con Cristo, esparcen miserablemente, por lo cual es indudable que perecerán eternamente los que no tengan fe católica y no la guardan íntegra y sin mancha (Symb. S. Athanas.)…”

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A continuación dejamos los cuatro puntos de la proposición tercera del Syllabus errorum,catálogo que comprende los principales errores de nuestra época señalados en las encíclicas y otras cartas apostólicas de Su Santidad Pío IX, Año 1864.

Indiferentismo, latitudinarismo

  1. Todo hombre es libre para abrazar y profesar la religión que juzgue verdadera guiado por la luz de su razón.

Letras apostólicas: “Multiples inter”, del 10 de junio de 1851.

Aloc. “Maxima quidem”, del 9 de junio de 1862.

  1. Los hombres pueden, dentro de cualquier culto religioso, encontrar el camino de su salvación y alcanzar la vida eterna.

Encícl. “Qui pluribus”, del 9 de noviembre de 1846.

Aloc. “Ubi primum”, del 17 de diciembre de 1847.

Encícl. “Singulari quidem”, del 17 de marzo de 1856.

  1. Por lo menos debemos esperar con fundamento la eterna salvación de todos aquellos que no se encuentran dentro de la verdadera Iglesia de Cristo.

Aloc. “Singulari quiadam perfusi”, del 9 de diciembre de 1854.

Encícl. “Quanto conficiamur”, del 17 de agosto de 1863.

  1. El protestantismo no es más que una forma distinta de la verdadera religión cristiana; y dentro de aquélla se puede agradar a Dios lo mismo que en la Iglesia católica.

Encícl. “Noscitis et Nobiscum”, del 8 de diciembre de 1849.

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A continuación dejamos un extracto de un inigualable sermón predicado por el Cardenal Pie en la Catedral de Chartres que lleva por título “La intolerancia doctrinal”:

Card. Loui Pie
Card. Louis Pie

“Mis hermanos: nada es tan exclusivo como la unidad; por lo tanto, escuchad la palabra de San Pablo: ‘Unus Dominus, una fides, unum baptisma’. No hay en el cielo más que un solo Señor: Unus Dominus. Ese Dios, cuyo gran atributo es la unidad, no ha dado a la tierra más que un solo símbolo, una sola doctrina, una sola fe: Una fides.

Y esta fe, este símbolo, Él no los ha confiado más que a una sola sociedad visible, a una sola Iglesia, todos cuyos niños son señalados con el mismo sello y regenerados por la misma gracia: Unum baptisma. De este modo la unidad divina, que reside desde toda la eternidad en los esplendores de la gloria, se manifiesta sobre la tierra por la unidad del dogma evangélico, cuyo depósito ha sido dado en custodia por Jesucristo a la unidad jerárquica del sacerdocio: Un Dios, una fe, una Iglesia (‘Unus Dominus, una fides, unum baptisma’)”.

Religión en la UNCuyo: imposiciones del laicisismo

En una de sus últimas y más íntimas obras, Ernesto Sábato, evocando la profunda conmoción que tuviera frente a la imagen del Señor del Milagro en Salta, reflexiona largamente sobre el desprecio a los valores trascendentes sobre el que se están levantando, desde hace varios lustros, las sociedades, sus instituciones y hasta la misma apariencia edilicia de éstas.

Entre las razones que el literato esgrime para comprender este hecho verdaderamente luctuoso, se refiere a la “globalización”. Este recurso explicativo, trillado y hasta caprichosamente conspiracionista y trasnochado en boca de algún analista “intratable”, resulta, en la pluma incisiva del afamado escritor argentino, revelador, convincente.

En efecto, dicha globalización es, primariamente, colonización mental pues busca imponer una “uniformidad arrogante”, dirá Sábato, que margina la religión de la vida de los hombres buscando edificar una sociedad ignorante de las tradiciones que la han constituido en la sociedad que es.

Esta funesta globalización encuentra en el término “laico” una verdadera trinchera semántica en la que se parapeta frente al natural rechazo que genera en la sociedad su propuesta secularizadora. Estamos frente a un embate de la ideología laicista. Es desde este horizonte ideológico que hoy se nos anuncia estentóreamente que la religión no está prohibida pero que es un asunto privado, reservándose (los portadores de esta ideología) el derecho de decir cuáles son esos asuntos privados y cuáles de estos pueden o no tener vocación y correlato públicos. Por ello no llama la atención que sea desde esta ideología que se busque hoy justificar el hecho vandálico y cobarde de la quita y/o destrucción de las imágenes de la Virgen María en la UNCuyo. 

Pretendidamente neutra, falsamente tolerante, lo que busca el laicismo es imponer dogmáticamente su propio criterio y su propia concepción de lo que debe y no tener manifestación pública. Como si la postura defendida no supusiera (como lo supone la religiosa, con la diferencia de que en ella es consciente y explícita) toda una cosmovisión más o menos elaborada acerca de lo que el hombre es, de qué es lo deseable para él y, en última instancia, de aquello en lo que consiste su felicidad.

La propuesta del laicismo de quitar las imágenes religiosas y su defensa desembozada de la quita violenta ya perpetrada, se sostiene -conscientemente o no- en un horizonte metafísico irreligioso que se nos quiere imponer.

Nuestras tradiciones, esas en cuya pérdida Sábato ve una de las razones del destructor “culto a sí mismo” que signa nuestra época, no son piezas de museo de un tiempo áureo ya inexistente. Nuestras tradiciones nos constituyen, nos han hecho lo que somos y tienen así una vigencia perenne. Por ello aún rendimos honor a los próceres que las encarnaron. 

A esas tradiciones y arquetipos, se ha de mirar para encontrar un criterio claro frente a los reclamos de los grupos laicistas. Grupos que no tienen pudor en destruir lo que durante siglos motivó la fundación de ciudades e instituciones como la universidad, dándoles nombres, consignas, lemas.

Nuestro poema nacional nos da, en la historia del hijo del Sargento Cruz, una lección definitiva de la que debemos embebernos ante estos reclamos siempre extemporáneos. Porque Picardía, ese hijo, descubre el sentido sacro de su existencia cuando, sabiendo quién fue su padre, adivina quién es él mismo, prorrumpiendo así en un sentido ruego al “Eterno Padre”, pidiendo honrar la memoria del noble varón que lo engendró.

 

Santiago H. Vázquez

Doctor en Filosofía Investigador-Facultad Filosofía y Letras-UNCuyo

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Visto en: Diario Los Andes

Separación entre Iglesia y Estado

Coronación de Carlomagno por León III.

 

Que sea necesario separar al Estado de la Iglesia es una tesis absolutamente falsa y nociva. Porque al apoyarse en la tesis de que el Estado no debe cuidar para nada la religión constituye una verdadera negación del orden sobrenatural, despreocupándose de la razón última del ciudadano, que es la eterna bienaventuranza. El Estado no debe ser obstáculo para alcanzar este sumo bien sino que, además, debe necesariamente favorecerlo. Es necesario que exista una ordenada relación unitiva, comparable, no sin razón, a la que se da en el hombre entre el alma y el cuerpo. Error muy grande y de muy graves consecuencias, como hoy podemos observar, es excluir a la Iglesia, obra del mismo Dios, de la vida social, de la legislación, de la educación de la juventud y de la familia.

Para quien la penetre a fondo, la separación no es más que una funesta consecuencia del laicismo que es propugnado por derecha e izquierda, y cuando hablamos de laicismo nos referimos a la apostasía moderna, que pretende alejarse de Dios y de la Iglesia. Esto sucede, en la mayoría de los casos, debido a la apatía o a la timidez de los buenos, que se retiran de la lucha o resisten con excesiva debilidad; de donde se sigue como natural consecuencia que los enemigos de la Iglesia aumenten en su audacia temeraria. Pero si los fieles, en general, comprendiéramos que es un deber militar con infatigable esfuerzo bajo las banderas de Cristo Rey, entonces, inflamados ya en el fuego del apostolado, nos consagraríamos a llevar a Dios de nuevo a las sociedades y a trabajar por mantener incólume los derechos del Señor.

Para condenar y reparar de alguna manera la pública apostasía que con tanto daño se produce en nuestro tiempo, es preciso gritar fuerte: Dios no muere,  Cristo no muere, Su Iglesia no muere. Porque cuanto mayor es el indigno silencio con que se calla el dulce nombre de nuestro Redentor, tanto más alta debe ser la proclamación de ese nombre por los fieles y la energía en la afirmación y defensa de los derechos de su real dignidad y poder.

José Gastón

Mirando los hechos

En estos días sucedieron dos acontecimientos totalmente antagónicos de los cuales uno fue un acto de reparación y desagravio a Nuestra Madre (UNCuyo, Mendoza); el otro un nuevo acto de ofensa a nuestro Señor y su Iglesia (San Luis).

El primero se llevó a cabo en la Universidad Nacional de Cuyo (Mendoza), donde numerosos fieles se acercaron a rezar y cantar en el mismo lugar donde días antes un par de vándalos que se encuentran en “la toma” de la Universidad y al canto de “Iglesia y Estado, asuntos separados” arrancaron la imagen de Nuestra Señora. En ese mismo lugar se entronizo otra imagen, y como ya dije, se entonaron cantos, se elevó una oración al cielo y se leyó (entre otras cosas) lo que sigue:

Estimadas autoridades, profesores, personal no docente, compañeros, amigos:

Con un hondo pesar en el corazón, nos reunimos hoy para desagraviar a Nuestra Santísima Madre por todas las ofensas cometidas hacia ella en este recinto universitario.

En este contexto tan convulsionado, muchos se preguntarán ¿qué sentido tiene la imagen de la Virgen María en el campus de la Universidad Nacional de Cuyo? Y les responderemos que Nuestra Señora del Luján es patrona del pueblo argentino, Nuestra Señora del Carmen de Cuyo es Patrona y Generala del Ejército de los Andes, y bajo esta misma advocación se encuentra la Educación de Mendoza. Ella es uno de los pilares de la Patria, forma parte de nuestra historia y constituye la esencia del ser nacional.

Por otra parte, no hay olvidar que la Universidad nació católica porque es una creación medieval y porque en Argentina las primeras Universidades fueron fundadas por los jesuitas. Negar esto es negar la historia y empeñarnos en quitar las raíces de nuestra patria nos conducirá, no solo a la senda de la ignorancia, sino también de la perdición: porque la historia es madre de la verdad, en palabras de Cervantes.

Los actos violentos de los que hemos sido testigos en estos últimos días no solo resultan despreciables por su carácter vandálico e intolerante hacia aquellos que profesamos la fe católica sino que nos duelen en lo profundo del alma porque están dirigidos explícitamente a la Virgen María, nuestra Madre.  Y cuando alguien osa en atacar a nuestra madre, es muy difícil aplacar el enojo y el dolor. Pero que esto nos sirva para buscar más ardientemente el Reino de Dios y su justicia. Y adhirámonos a la expresión de San Juan de la Cruz: “Tú estás llamado a ser una llama de amor viva, un verdadero holocausto de amor.”

Por ello, encendamos nuestros corazones con el fuego de la caridad, oremos por quienes se atrevieron a atacar a Nuestra Madre y ofrezcamos nuestras humildes plegarias en reparación por las ofensas efectuadas, que ellas se eleven como incienso quemado al Cielo. Y no perdamos la esperanza, Ella lo ha prometido: “Al final mi inmaculado corazón triunfará.”

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Por otra parte, el día 1 de septiembre, en San Luis, se convocó una “Apostasía general”, en el marco de la campaña de separación “Iglesia y Estado”. Vale aclarar antes de continuar que no hace falta firmar un papelito para apostatar, ya que si se da al interior del corazón un rechazo total a la fe cristiana se es un apostata. Por otra parte y respecto al “sostenimiento” por parte del Estado a la Iglesia baste leer este artículo y este otro para saber que no es tal. Debemos agregar en este punto que sería bueno que se le quitara a la Iglesia estos aportes, tal vez así muchos obispos timoratos se atrevan a hablar con el sí, sí; no, no. Por otra parte esta separación es dañosa pues el Estado no puede preocuparse tan sólo del Bien Común Temporal rechazando la razón última de todo hombre que es la bienaventuranza eterna. El Estado no debe ser obstáculo para la consecución de éste sumo y absoluto bien, sino que, además, debe necesariamente favorecerla todo lo posible. Se recomienda leer para este asunto Vehementer nos y Pascendi de Pío X.

Bien, pero volvamos a la “Apostasía general”. Fue totalmente un fiasco y un revés impresionante. Casi nadie se acercó (además de los mismos de siempre y los organizadores) a firmar esa declaración blasfema. Vaya una foto.

(Les debemos el video. No lo podemos subir por cuestiones técnicas).