C.S. Lewis: Consejos sobre el arte de escribir para jóvenes principiantes (y no tan jóvenes)

La lectura está estrechamente ligada a la escritura, y no solo por una relación de causalidad. Normalmente, el buen escritor ha sido y es un buen lector (lo hemos visto en las entradas Las bibliotecas familiares e Infancia, poesía y libros), pero además casi todo buen lector (aunque luego no llegue a ser literato) sentirá pronto la necesidad de escribir; y si es niño, mucho más, ya que es en la infancia cuando late con una fuerza inusitada esa característica tan humana que es la necesidad de imitar, tal y como cantó Wordsworth: “como si su entera vocación fuera una imitación interminable”.

Por ello, acompaño hoy esta breves líneas con fragmentos de algunas cartas de un escritor muy querido por mí y muy relevante en el mundo de la literatura infantil y juvenil; hablo de C. S. Lewis. Como siempre, pido disculpas por la traducción de algunas líneas de mi propia cosecha (fácilmente identificables como aquellas menos afortunadas).

Y empiezo por una carta dirigida al crítico y estudioso James E. Higgins, experto en Lewis y en la literatura fantástica en general. Les remito a la dirección web donde encontrarán el texto de la misiva y un interesante y profundo comentario del mismo Higgins, (A letter from C. S. Lewis, The Horn Book, octubre de 1996). Yo me limito aquí a traducir una pequeña parte de la introducción y la carta misma.

 

Una carta de C.S. Lewis

por James E. Higgins

C.S. Lewis no se consideraba un experto en el campo de los libros para niños. En una carta dirigida a mí de fecha 31 de julio de 1962, escribió: “(…) mi conocimiento de la literatura infantil es realmente muy limitado (…). Mi experiencia se agota con Macdonald, Tolkien, E. Nesbit, y Kenneth Grahame”. Sin embargo, fue esta falta de pericia, como deseaba él llamarla, lo que le permitió traer un nuevo soplo de frescura al campo de la literatura fantástica. Desde que Paul Hazard escribiera su Libros, niños y hombres, ningún distinguido intelectual había dejado una marca tan indeleble en las páginas de la historia y la crítica de la literatura infantil. Para los niños de hoy y de mañana, Lewis ha dejado El león, la bruja y el armario y sus otros libros de Narnia, mientras que para los adultos que de alguna manera influyen en los hábitos de lectura de los niños, ha dejado no solo estos libros, sino también sus ricos comentarios críticos sobre la imaginación, la sabiduría y la integridad.

Creo que una segunda carta que recibí del profesor Lewis, en la que respondió a las preguntas que le hice en relación con la escritura para los niños, es una valiosa contribución a este legado, pues aunque algunas de sus respuestas se pueden encontrar en otros lugares, hay comentarios, en particular los relativos a sus hábitos de composición al escribir textos infantiles, que probablemente se mencionan aquí por primera vez.

Es por esta razón por la que me gustaría, primero, compartir esta carta, y luego, hacer comentarios sobre sus respuestas.

Magdalene College, Cambridge
2 de diciembre de 1962

 

Estimado Sr. Higgins:

 (…)

  1. Los libros de Narnia no son tanto una alegoría como una suposición. “Supongamos que hay un mundo de Narnia y que, como el nuestro, necesita redención. ¿A qué tipo de encarnación y pasión podríamos suponer que Cristo se sometería allí?”
  2. Solo después de que Aslan entró en la historia –lo hizo por su cuenta; yo nunca lo llamé­– recordé al “León de Judá” de las Escrituras.
  3. No, no conocí personalmente a Chesterton. Supongo que la misma afinidad que encontré en él nos ha hecho a los dos afines a Macdonald.
  4. Utilicé los cuentos de hadas porque parecía la forma que demandaban ciertas ideas e imágenes que pululaban en mi mente; al igual que un hombre podría componer fugas debido a que las frases musicales que sonaban en su cabeza parecían ser “buenos temas de fuga”.
  5. Cuando escribí El león no tenía en mente escribir los demás libros de la serie.
  6. Se trató, sin duda, de una escritura en clave “infantil”, en la que modifiqué mis hábitos de composición. Así, (a) me impuse un límite estricto en el vocabulario; (b) excluí el amor erótico; (c) reduje los pasajes reflexivos y analíticos; (d) ello me llevó a producir capítulos de casi igual longitud para facilitar su lectura en voz alta. Todas estas restricciones me hicieron mucho bien –como al poeta al sujetarse a una métrica estricta–.
  7. Sí, recibo cartas maravillosas de niños de EE UU y de otros lugares.

Le saluda atentamente,

            C.S. Lewis

En algunas de las cartas que menciona esta misiva (dirigidas a los niños que le escribían) y en otras fuentes, Lewis dejó a algunos de sus jóvenes destinatarios varios consejos sobre el arte de la escritura que también pueden servirnos de orientación. Son los siguientes (con la cita de las cartas en las que se pueden encontrar):

  1. “Apaga la radio” (hoy, obviamente, aplicable a la televisión y a internet).
  2. “Lee todos los buenos libros que puedas, y evita casi todas las revistas”.
  3. “Escribe (y lee) siempre con el oído, no con el ojo. Deberías escuchar cada frase que escribas como si fuera leída en voz alta o hablada. Si no suena bien, inténtalo de nuevo”.
  4. “Escribe sobre lo que realmente te interesa, sean cosas reales o imaginarias, y nada más. (Observa que esto significa que si estás interesado solamente en escribir, nunca serás un escritor, ya que no tendrás nada sobre lo que escribir…).”
  5. “Haz grandes esfuerzos para ser claro. Recuerda que aunque empiezas sabiendo a qué te refieres, el lector no lo sabe, y una sola palabra mal escogida le puede llevar a un malentendido total. En una historia es terriblemente fácil olvidar el no haberle dicho al lector algo que necesita saber; la imagen completa es tan clara en tu propia mente que te olvidas de que no sucede lo mismo en la del lector”.
  6. “Si te rindes, no tires el trabajo hecho a la basura (a menos que sea irremediablemente malo). Ponlo en un cajón. Puede resultar muy útil más adelante. Gran parte de mi mejor trabajo, o lo que yo considero el mejor, es la re-escritura de cosas iniciadas y abandonadas años atrás”.
  7. “No uses una máquina de escribir. El ruido destruirá tu sentido del ritmo, que todavía necesita años de entrenamiento”.
  8. “Asegúrate de saber el significado (o los significados) de cada palabra que utilizas.”
  9. “La forma en que una persona desarrolla un estilo es saber exactamente lo que quiere decir y asegurarse de que está diciendo exactamente eso. Tenemos que recordar que el lector no empieza sabiendo lo que queremos decir. Si las palabras son ambiguas, se le escapará nuestro significado. A veces pienso que la escritura es como guiar una manada de ovejas por una carretera. Si está abierta alguna puerta hacia la izquierda o la derecha, el lector, con toda seguridad, entrará por ella”.
  10. “Intenta siempre utilizar el lenguaje para dejar muy claro lo que quieres decir y asegúrate de que la frase no pueda tener otro significado distinto”.
  11. “Elige siempre palabras claras y precisas en lugar de largas y de significado difuso. Por ejemplo, las promesas no se «cumplimentan», se «cumplen»”.
  12. “Nunca uses los sustantivos abstractos cuando los concretos son suficientes. Si quieres decir que «murió más gente», no digas «ascendió la mortalidad»”.
  13. “Cuando escribas, no uses adjetivos que describan simplemente el estado de ánimo que el escritor quiere provocar en el lector ante un hecho determinado. Es decir, en vez de contar que algo fue «terrorífico», descríbelo de forma que aterrorice al lector. No califiques algo de «encantador», haz que el lector después de leer la descripción exclame «¡encantador!». Mira, si utilizas palabras como horripilante, maravilloso, espantoso, exquisito es como si dijeras a tus lectores: «Por favor, hagan ustedes mi trabajo»”.
  14. “Tampoco utilices palabras que excedan en mucho al tema en cuestión. No digas «infinitamente» cuando quieres decir «muy». Si no, cuando desees decir que algo es verdaderamente infinito, no te quedará ninguna palabra para expresarlo”.
  15. “No debemos, por supuesto, escribir ninguna cosa que halague la lujuria, el orgullo o la ambición. Pero no todos necesitamos escribir obras patentemente morales o teológicas. De hecho, el trabajo cuyo cristianismo es latente puede hacer tanto bien y puede llegar a aquellos a los que una obra obviamente religiosa ahuyentaría. El primer propósito de una historia es ser una buena historia. Cuando Nuestro Señor hizo una rueda en el taller de carpintería, puedes estar seguro: primero y ante todo, era una buena rueda. No trates de «traer» pedazos específicamente cristianos: si Dios quiere que le sirvas de esa manera (tal vez Él no lo haga, hay diferentes vocaciones) verás que llegará por sí mismo. Si no, bueno, una buena historia que da placer inocente es una buena cosa, al igual que cocinar una buena comida nutritiva…Cualquier trabajo honesto (ya sea haciendo historias, zapatos o conejeras) puede hacerse para la gloria de Dios”.

Fuentes:

  • Números del 1-8: carta de C.S. Lewis a una chica llamada Thomasine (14 de diciembre de 1959), un estudiante de séptimo grado cuyo maestro había asignado a sus alumnos la tarea de escribir a un autor famoso para recibir consejos de redacción.
  • Número 9: De la última entrevista de C.S. Lewis (7 de mayo, 1963), seis meses antes de su muerte. Estaba respondiendo a una pregunta de Sherwood Wirt (1911-2001), quien preguntó: “¿Cómo sugieres que un joven escritor cristiano trate de desarrollar un estilo?”
  • Números del 10-14: carta de C.S. Lewis a Joan Lancaster (26 de junio, 1956), una joven americana que le había escrito para pedirle consejo sobre la escritura y en la que Lewis da cinco consejos para escritores novatos.
  • Número 15: carta de C.S. Lewis a Cynthia Donnelly (14 de agosto, 1954).

La selección –realizada por Justin Taylor–, ha sido tomada de la siguiente web:https://www.thegospelcoalition.org/blogs/justin-taylor/15-pieces-of-writing-advice-from-c-s-lewis/ 

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Visto en: De libros , padres e hijos

Un blog recomendable

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Mirando los hechos

En estos días sucedieron dos acontecimientos totalmente antagónicos de los cuales uno fue un acto de reparación y desagravio a Nuestra Madre (UNCuyo, Mendoza); el otro un nuevo acto de ofensa a nuestro Señor y su Iglesia (San Luis).

El primero se llevó a cabo en la Universidad Nacional de Cuyo (Mendoza), donde numerosos fieles se acercaron a rezar y cantar en el mismo lugar donde días antes un par de vándalos que se encuentran en “la toma” de la Universidad y al canto de “Iglesia y Estado, asuntos separados” arrancaron la imagen de Nuestra Señora. En ese mismo lugar se entronizo otra imagen, y como ya dije, se entonaron cantos, se elevó una oración al cielo y se leyó (entre otras cosas) lo que sigue:

Estimadas autoridades, profesores, personal no docente, compañeros, amigos:

Con un hondo pesar en el corazón, nos reunimos hoy para desagraviar a Nuestra Santísima Madre por todas las ofensas cometidas hacia ella en este recinto universitario.

En este contexto tan convulsionado, muchos se preguntarán ¿qué sentido tiene la imagen de la Virgen María en el campus de la Universidad Nacional de Cuyo? Y les responderemos que Nuestra Señora del Luján es patrona del pueblo argentino, Nuestra Señora del Carmen de Cuyo es Patrona y Generala del Ejército de los Andes, y bajo esta misma advocación se encuentra la Educación de Mendoza. Ella es uno de los pilares de la Patria, forma parte de nuestra historia y constituye la esencia del ser nacional.

Por otra parte, no hay olvidar que la Universidad nació católica porque es una creación medieval y porque en Argentina las primeras Universidades fueron fundadas por los jesuitas. Negar esto es negar la historia y empeñarnos en quitar las raíces de nuestra patria nos conducirá, no solo a la senda de la ignorancia, sino también de la perdición: porque la historia es madre de la verdad, en palabras de Cervantes.

Los actos violentos de los que hemos sido testigos en estos últimos días no solo resultan despreciables por su carácter vandálico e intolerante hacia aquellos que profesamos la fe católica sino que nos duelen en lo profundo del alma porque están dirigidos explícitamente a la Virgen María, nuestra Madre.  Y cuando alguien osa en atacar a nuestra madre, es muy difícil aplacar el enojo y el dolor. Pero que esto nos sirva para buscar más ardientemente el Reino de Dios y su justicia. Y adhirámonos a la expresión de San Juan de la Cruz: “Tú estás llamado a ser una llama de amor viva, un verdadero holocausto de amor.”

Por ello, encendamos nuestros corazones con el fuego de la caridad, oremos por quienes se atrevieron a atacar a Nuestra Madre y ofrezcamos nuestras humildes plegarias en reparación por las ofensas efectuadas, que ellas se eleven como incienso quemado al Cielo. Y no perdamos la esperanza, Ella lo ha prometido: “Al final mi inmaculado corazón triunfará.”

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Por otra parte, el día 1 de septiembre, en San Luis, se convocó una “Apostasía general”, en el marco de la campaña de separación “Iglesia y Estado”. Vale aclarar antes de continuar que no hace falta firmar un papelito para apostatar, ya que si se da al interior del corazón un rechazo total a la fe cristiana se es un apostata. Por otra parte y respecto al “sostenimiento” por parte del Estado a la Iglesia baste leer este artículo y este otro para saber que no es tal. Debemos agregar en este punto que sería bueno que se le quitara a la Iglesia estos aportes, tal vez así muchos obispos timoratos se atrevan a hablar con el sí, sí; no, no. Por otra parte esta separación es dañosa pues el Estado no puede preocuparse tan sólo del Bien Común Temporal rechazando la razón última de todo hombre que es la bienaventuranza eterna. El Estado no debe ser obstáculo para la consecución de éste sumo y absoluto bien, sino que, además, debe necesariamente favorecerla todo lo posible. Se recomienda leer para este asunto Vehementer nos y Pascendi de Pío X.

Bien, pero volvamos a la “Apostasía general”. Fue totalmente un fiasco y un revés impresionante. Casi nadie se acercó (además de los mismos de siempre y los organizadores) a firmar esa declaración blasfema. Vaya una foto.

(Les debemos el video. No lo podemos subir por cuestiones técnicas).

 

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El cinismo liberaloide de los marxistas

Triste imagen de la UNCuyo. Destruyeron la imagen de Nuestra Señora que estaba en la puerta de acceso a la Universidad

El paro universitario y las consiguientes “tomas de edificios” universitarios se está presentando como caldo de cultivo para los fétidos rencores propios de la izquierda; uno de ellos el ataque a la Iglesia. Por tal motivo piden la separación entre la Iglesia y el Estado, aduciendo que hay una “continua e implacable vulneración a los derechos humanos que realiza la Iglesia Católica al inmiscuirse de manera tajante en los asuntos del Estado” (sic). Veamos si esto tiene asidero.

El fin propio de la Iglesia es la salvación de las almas, es cierto, pero dicha salvación se da en un tiempo y un espacio singular, es allí en ese tiempo y en ese espacio donde se salva o se pierde. El hombre inicia en el tiempo el camino hacia la plenitud que se alcanza más allá del tiempo. Y es justamente por ello que la Iglesia debe intervenir en lo político, económico, social, no en tanto que tales, sino en función de la salvación.

Ahora bien en estos personajes que argumentan contra la no intervención de la Iglesia se presenta una especie de bipolaridad, porque por otra parte le exigen que “palie el hambre del mundo”. Expliquemos las dos tesis:

  1. “La que niega a la Iglesia toda acción sobre lo temporal y pretende que ésta debe permanecer ajena a todos los problemas humanos”.
  2. “La que confiere a la Iglesia la misión directa de buscar y dar solución a todos los problemas temporales”.

La primera de estas tesis es la posición que se podría caracterizar genéricamente de  liberal. El Liberalismo, y es lo que debemos entender, no es tan sólo un fenómeno político, sino que, fundamentalmente, es un error en materia de fe y religión: incita al hombre a emanciparse de Dios, de su Ley y de su Revelación. Para ello ha fijado un principio general: la libertad. Louis Billot al referirse a ello expresa: “la libertad es ­[para el liberalismo] el bien fundamental, santo e inviolable del hombre, contra el cual es un sacrilegio atentar por medio de la coacción”. Por tanto se “solicita” a la Iglesia -y a sus hijos- que se recluya en el templo, que no predique la Palabra, que no enseñe su moral, pues atenta contra la absoluta, benemérita e inestimable libertad de pensamiento. Por ello los liberales de toda laya –entre ellos sus hermanos marxistas- van a pregonar que “la religión es un asunto privado y que no debe tolerarse ninguna autoridad religiosa exterior a la conciencia individual”.

La segunda tesis es el “caballito de batalla” de muchos. Muchos que, claramente, desconocen la magnánima obra de la Iglesia para paliar problemas materiales de diversa índole[1], y rasgándose las vestiduras piden a los cuatro vientos que la Iglesia venda los “tesoros del Vaticano” para paliar el hambre del mundo. Desde otro punto de vista, esta posición, siguiendo a Benedicto XVI[2], se presenta como una tentación. Así como a Cristo el tentador lo conminó a transformar una piedra en pan para saciar su hambre, lo mismo le propone a la Iglesia constantemente a lo largo de la historia. Muchos son los que han caído en esta tentación, baste nombrar la “teología de la liberación”[3].

Por otra parte, si hablamos de avasallamiento de los derechos humanos no hay ideologías más sanguinarias que la liberal y la marxista. Recordemos la guillotina de la Revolución Francesa, el Terror y las armas napoleónicas llevando “Libertad, Igualdad y Fraternidad”. Recordemos los Gulag soviéticos, Katin y la matanza por hambruna de pueblos enteros; los fusilamientos en Cuba; los secuestros, asesinatos, y colocación de bombas por doquier por parte de los jóvenes idealistas del ERP y Montoneros; en fin, las más de cien millones de almas que se cobró el comunismo alrededor del mundo. Y por último, la promoción del asesinato más vil, el del niño por nacer. ¡Oh! Claro, éste es uno de los avasallamientos de la Iglesia: “meter sus rosarios en nuestros ovarios” “obstruir ampliación y plena vigencia de los derechos humanos” (sic). Exactamente, éste es el derecho que se les vulnera: “el no poder se libres para decidir sobre su propio cuerpo”, que en criollo sería, matar al niño en el vientre. Y no tan sólo ello sino que la Iglesia está contra otro sacrosanto derecho: la Educación Sexual Integral, también en criollo, la prostitución de las mentes de los niños y jóvenes. Mucha información, pero no formación del carácter. Contra estos pseudo-derechos está la Iglesia, y bien que así sea. Parece ser hoy por hoy el único bastión de sentido común.

También en estas tomas izquierdosas se han cometido agravios contra imágenes religiosas, en especial a las de Nuestra Madre que parece recordarles todas las virtudes que ellos desprecian, en universidad estatales (San Luis, Córdoba, Mendoza). Ante estos insultos a la fe responden sin inmutarse que se “lleven sus imágenes sagradas a los espacios establecidos para ellos” (sic), que la Universidad es laica desde hace un siglo y que dichas imágenes no respetan la fe de los demás.

Por un lado, debería reconocer que nuestra fe no es respetada ni siquiera en nuestros templos, baste ver los numerosos ejemplos de pintadas que se dan año tras año en diferentes puntos del país, y tiene su punto de ebullición en el Encuentro de “Mujeres”. Sumemos además las profanaciones a la Eucaristía y el escarnio a los sacerdotes y religiosos en la vía pública. Pero para nosotros esto es síntoma de buena salud, porque ya se nos fue dicho que seríamos odiados a causa de Su Nombre.

Pero así como ustedes quieren bajar nuestras imágenes, imágenes que representan la verdadera y única fe, les pedimos a ustedes que bajen sus imágenes religiosas, de su religión antropocéntrica, saquen las imágenes del Che, de Marx y de todo el zurdaje pseudoreligioso, saquen los pañuelos verdes y los nombres de guerrilleros y asesinos de las aulas y las cátedras, saquen su adoctrinamiento en ideología de género.

Mas le recuerdo, nuestra Patria es su historia católica. No nos pidan que abandonemos la universidad. Ustedes deberían abandonarla porque ella fue creación de la Iglesia en la “oscura” Edad Media. No nos pidan que guardemos nuestra fe debajo de la mesa, porque no podemos, no queremos y porque es nuestro deber alumbrar.

Nos importa dos pepinos que la universidad sea laica y que a esta definición se haya llegado por “consenso” ¿Consenso de quién? ¿Acaso no fue imposición de un sector sobre otro? Nosotros aborrecemos el laicismo, porque es el sistema doctrinal o político que se propone arrancar de la sociedad y de la familia la influencia religiosa, se propone arrancar a Dios del alma de la nación y de los ciudadanos. Y nosotros no podemos permitir eso.

La fe en Dios Uno y Trino y en su Iglesia es la única verdadera, si se profesa otra fe, allá ellos, nadie les impone nada, pero no toquen nuestra fe que es la fe de nuestros padres, abuelos, héroes de la patria, avanzados, conquistadores y religiosos que con la cruz y la espada fundaron nuestra Patria Mariana.

La hora que se presenta es aciaga, funesta, dura y difícil. Pero que no flaqueen las fuerzas. Hay que clavar un poco más las rodillas en el suelo y pedir fuerzas a Dios y a María Santísima para que esto no siga arreciando, pero también pedir, si nos toca, la Santa ira de levantar el puño contra el enemigo que ha blasfemado de nuestra fe.

 

 

José Gastón

____________________

Notas:

[1] Algunos datos tomados del «Anuario Estadístico de la Iglesia»  actualizado al 31 de diciembre de 2007. La Iglesia sostiene en África: 12.496 Escuelas maternas. 33.263 Escuelas primarias. 9.838 Escuelas secundarias. 1.074 Hospitales. 5.373 Dispensarios. 186 Leproserías. 753 Casas para ancianos, enfermos crónicos, minusválidos. 979 Orfanatos. 1.997 Jardines de infancia. 1.590 Consultorios matrimoniales. 2.947 Centros de educación o reeducación. 1.279 Otras instituciones. Más datos se pueden encontrar accediendo http://www.fides.org/es. Esta es la página del Órgano de información de las Obras Misionales Pontificias.

[2] Cfr. Jesús de Nazaret. Desde el Bautismo a la Transfiguración. Planeta, Bs. As., 2009, p. 55.

[3] Condenada por la Iglesia por medio de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe en el documento del entonces prefecto de dicha congregación J. Ratzinger: Instrucción sobre algunos aspectos de la “Teología de la liberación”.

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En un nuevo aniversario de la Ciudad de San Luis

Ante la inminencia del mes de agosto de 1594 comenzó a sonar como un pregón en las ciudades de Mendoza y de San Juan de la frontera la noticia de una nueva expedición al territorio situado más allá del Desaguadero. Sonó como grito de guerra y llamado a los hombres a desposarse con la gloria. Y valientes hombres respondieron, merecedores del título de co-fundadores.

Valientes  los capitanes, dispuestos los huarpes, ecuánime el conquistador, hijo de conquistadores, don Luis Jofré de Loaiza y Meneses, marcharon “cubiertos de polvo, acosados por la sed y la fatiga”, llegando a estos contornos breñosos cuando ya comenzaba la primavera de 1594.

Probablemente haya sido el mismo 25 de agosto, día de San Luis Rey de Francia, a quien Luis Jofré había elegido como patrono de aquel grupo poblacional el acto de fundación de la Ciudad.

Poco sabemos, por falta de fuentes, de nuestro fundador. Hijo de una estirpe de hidalgos, cuyas raíces provenían de la tierra de Castilla, de bravos guerreros de las tierras de Valladolid.

Nació en Santiago de Chile en 1565 y para 1592, con 27 años, ya era capitán. A los 19, si bien no tenía edad para participar en la guerra con los naturales, aportó gran cantidad de oro, ganado y otros menesteres de la campaña, a la que se sumó sin dudarlo apenas le permitió su tierna edad.

En 1593, el gobernador de Chile Martin García Oñez y Loyola, provee a Luis Jofré como lugarteniente de Capitán General de la provincia de Cuyo “ que la divide de este reino una cordillera nevada que cierra el paso a las comunicaciones ocho meses del año…”, agregando que Jofré “desea servir a Vuestra Majestad desde que tuvo disposición para ello a mucha costa de su hacienda y valor de su persona como lo hizo su padre en la conquista y guerra de esta tierra y aquella provincia donde fue general”. Líneas que pintan la magnanimidad generosa de nuestro fundador.

Una vez fundada nuestra entrañable ciudad, Luis Jofré partió rumbo a San Juan, ciudad que había fundado su padre, que estaba parcialmente inundada y la trasladó, de acuerdo a su título de corregidor de Cuyo, veinticinco cuadras al sur. En 1596 volvió a Chile, donde sufrió un proceso por una serie de causas, cosa que parecía bastante común en esos tiempos y de la que se dice “no eran ni tan graves ni tan perniciosas”, pero ahondar en este tema es materia pendiente para otra ocasión. Tras salir airoso de ese trance de plumas y papeles, sigue sirviendo a la corona en distintos cargo de prestigio en la capital chilena. Fallece en 1611, tras firmar un generoso testamento en favor de su familia y los indios que le habían sido encomendados. Terminaba allí la vida del fundador de San Luis, dejando en su última voluntad evidencia de su catolicismo, su devoción a la Santísima Virgen y su virtud de varón justo.

El 25 de agosto de 1594, tal como lo pintan los recuerdos de los actos escolares de nuestra tierna infancia, Don Luis eligió el “asiento” y delineó la “traza” de la ciudad. Aquí la “Plaza Mayor”, allí el Templo Matriz, alrededor los “solares” para los vecinos, más allá las “dehesas” destinadas al pastoreo de vacas, caballos y cabras. Todo parecía descubrirse en la belleza y jerarquía de un orden, pensado desde toda la eternidad por la Inteligencia inefable. No nos cabe duda que posteriormente se redactó el acta correspondiente para finalizar con la erección canónica de la nueva ciudad indiana, aunque aún no se ha hallado. Nos es imposible no aludir a las palabras de Ignacio Anzoátegui sobre el sentido trascendental de la fundación de la ciudad española:

“La fundación de una ciudad no era simplemente la construcción de unas casas alrededor de una iglesia: era el acto de soberanía de un hombre sobre un pedazo de la tierra. Era la ceremonia de cortar el pasto con la espada y de clavar el estandarte, y de hincar la rodilla delante de la Cruz; era el sentido de la soberanía que entraba por los sentidos para que el hombre no se olvidara de la dignidad pública de su soberanía. Era el trazado de las calles con el filo de la espada, porque la ciudad necesita de la espada para defender su honor y para impartir la justicia entre los hombres. Era el cuerpo del fundador arañado por la selva y el monte y era el alma del fundador destrozada por la soledad de los caminos. Era el peligro que acechaba, y era la noche grandiosa de las estrellas florecidas, y la noche tironeada por el alarido del salvaje (…). La fundación de una ciudad no era la simple satisfacción de dejar una ciudad fundada sino la inquieta realización de un destino jalonado por fundaciones. Era España entera que se quedaba en la ciudad fundada. Era el pueblo de España y eran la religión y la justicia y el pecado y el heroísmo y la miseria españolas que se quedaban a vivir en América”

No podemos dejar de ver la realidad ontológica que aquí subyace, tal como lo enseñó nuestro profesor H. Fourcade,

“nosotros, los puntanos, los hombres de la Punta de los Venados fuimos en la Historia, entramos en la Historia venciendo el silencio de los siglos e integrando el proceso histórico universal (…). Acontecimiento que fue de una vez y para siempre, no interesan los traslados o transmigraciones, es el momento más importante de nuestro proceso histórico (…)”, nace en con este acto trascendental nuestro ser nacional “que da origen al proceso institucional que tiene por cabeza, por fuerza direccional y de conducción al Cabildo, y al proceso cultural con la Religión y el deposito secular de bienes espirituales (usos, costumbres, lenguaje y estilo de vida)(…)”

Así comienza a existir la puntanidad, en la que podemos reconocer los tres elementos que la constituyen: la Presencia Hispánica (con sus dos notas distintivas esenciales, el catolicismo integral y la magna lengua de castilla), el aporte indígena y el medio ambiental donde creció y se templó nuestra raza.

Estratégicamente, la fundación de las ciudades cabeceras de Cuyo sería parte de un plan destinado a unificar bajo una misma soberanía las tierras del Pacífico y del Atlántico, plan que solo pudo concluirse tras la fundación de San Luis. Pero además, San Luis tiene un destino que parece dilucidar con pluma admirable el profesor Fourcade

“…la fundación de San Luis tiene un objetivo claro, ser atalaya del desierto, ser bastión inexpugnable aunque cargara sobre sus hombros la más increíble pobreza, ser una punta de lanza de la cultura y la civilización hispanoamericana, ser matriz de héroes en las jornadas de la Independencia, ser una comunidad que sabe, en la raíz de su espíritu, cuanto han costado 400 años de historia”

Dios nos de la gracia de reconocer su acción providente en la historia y la presencia de su mano amorosa en nuestra patria chica, siendo conscientes que la patria es su historia y será juzgada cuando advengan cielos nuevos y tierras nuevas.

 

Fray Taberna

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En Southampton

Don Juan Manuel miraba caer sobre el palenque

una lluvia brumosa del cielo de Inglaterra;

divaga el pensamiento tras la quebrada frente

y en sus giros lo lleva a la nativa tierra.

Es la mañana clara de un día de septiembre;

un vigoroso potro entre sus piernas guñia;

llena su pecho el aura que del desierto viene

y su mirada brilla tan clara como el día.

Bulle la vida cósmica entre los pastos verdes

do despliega flameando sus puntas la gramilla,

y los tréboles anchos bajo la vista crecen

y muestran su alcachofa los cardos de Castilla.

Relincho de repunte de la cañada asciende:

el encelado toro a sus rivales brama,

y también se percibe muy lejana y muy tenue

la torcaz amorosa que a su amigo reclama.

Divisa unos ñanduces. En un repiqueteo

de cascos sobre el campo, se acerca a la bandada;

zumban las “tres marías” en círculos violentos;

se cortan los ñanduces en rauda disparada.

Sobre su crin el potro se vuelca sobre el suelo,

en tremenda rodada con supremo quejido;

don Juan Manuel corriendo, en la mano el cabestro,

para como siempre esta vez ha salido.

Tiembla el potro azorado mientras el amo arregla

el torcido recado y le ajusta la cincha.

Se ríe a carcajadas. El percance lo alegra;

Es feliz y su pecho con más bríos se hincha.

Don Juan Manuel soñaba bajo la triste lluvia

monótona y brumosa del cielo de Inglaterra;

tras los mares quedaban: su juventud, su vida

y el perdido paisaje de la tierra nativa.

 

Roberto L. Biasotti

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La vida acompañada de virtudes es la más digna de ser apetecida

“(…) De manera que el alma es cosa de mayor precio y valor que las posesiones, y así, cada uno de nosotros excede tanto en prosperidad cuanto exceda en la virtud y discreción, y no por los bienes que estén fuera de él, sino por sí mismo y por ser tal su naturaleza. Porque los bienes que están fuera del alma dependen del acaso y la fortuna; pero el ser justo y el ser prudente no procede de la fortuna ni por la fortuna.

Anejo a esto mismo es, y con las mismas razones se prueba, que podrá decirse bienaventurada aquella ciudad que fuere la mejor de las ciudades, y donde los hombres practicaren la virtud en su vivir.

Es imposible obrar bien sin ejercitarse en cosas buenas, y nada bueno puede hacer un hombre particularmente, ni toda una ciudad, sin virtud y sin prudencia, pues la fortaleza y justicia de una ciudad, las mismas fuerzas y ser tienen que aquellas por cuya participación cada uno de los hombre se dice prudente y templado en su vivir.

Quede, pues, propuesto esto: que la mejor vida, así para cada uno en particular como comúnmente para las ciudades, es aquella que va regida y guiada por la virtud, en tanto grado, que pueda ejercitarse en las obras y hechos virtuosos.”

 

En: ARISTÓTELES, Política, 1223b.

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Libro recomendado

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La autora ha tenido esa mirada de asombro, y llevada por la belleza más profunda, mas intima de las cosas, las ha desentrañado…Como la misma autora hermosamente expresa en su poesía Consejo a un poeta:

Porque el hombre que plasma hoy sus cosas
/noble y raro espécimen se ha trocado /
por cantar la belleza de las flores.

Del prólogo

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Si la ley se fundara en la opinión de los insensatos

“Si el derecho se fundara en la libertad de los pueblos, en los decretos de los príncipes o en la sentencia de los jueces, entonces sería derecho el latrocinio, derecho el adulterio, derecho la confección de testamentos falsos, con tal que estos actos recibieran los sufragios o la aprobación de la masa. Pues si tanto poder tiene la opinión o la voluntad de los insensatos, como para poder, por sus votos, trastornar la naturaleza de las cosas, ¿por qué no habría de decidir que lo que es malo y dañino se tuviera por bueno y saludable? ¿O peor aún, ya que la ley podría crear derecho de la injusticia, no podría así mismo crear el bien con aquello que es el mal?. En cuanto a nosotros, nos es imposible distinguir la ley buena de la mala de otro modo que con la naturaleza como norma… Pensar que todo esto se funda en la opinión y no en la naturaleza es propio de un demente.” (CICERÓN. De legibus, 16, 44)

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Lo hizo otra vez

El Diario de la República descaradamente desea inclinar la opinión pública a dar el visto bueno a la legalización del aborto. En el día de la fecha, en su versión impresa, nos marca el calendario de dos encuentros abortistas. Uno de ellos se llama “Festi verde” que se realizará este próximo sábado.

Decíamos en una entrada previa que los periódicos pueden crear, agrandar, inflar una noticia (como esta del aborto), pero a su vez logran ocultar y silenciar lo que no le es grato ¿Y qué cosa no le es grata? No le es agradable el “Festival por la vida” que se hará el mismo día sábado en la Plaza 9 de Julio (San Luis, Argentina) y por tal motivo disimula su existencia.

Nuestro desprecio más efusivo a este medio de desinformación, atiborrado de la pestilencia nauseabunda de la peste verde. Y nuestro nuevo llamado a no comprar ejemplares de este periódico y a repudiar por diferentes medios estas apologías proabortista para evitar que las personas compren estas mentiras.

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En estos días es preciso combatir cristianamente, con la oración, la penitencia y el ayuno; pero también con el lenguaje que nos enseño Cristo “sí, sí; no, no”, y no con los diletantes diálogos democráticos. ¡NO! Nuestro lenguaje debe ser el de la Verdad en la Caridad y de la Caridad en la Verdad. Decir la verdad trae soledad y hasta posibles odios ¿y qué? ¿Acaso Cristo no fue odiado? ¿Acaso el Señor no llamó “dichoso” a aquel que es odiado a causa de su Nombre? Entonces, no el debate “maduro” y “democrático”, sino el testimonio valiente de la Verdad. Y si acaso sucediese, como sucede, que blasfemaren de nuestra fe hacer caso a aquel consejo de San Juan Crisóstomo se “santificar los puños”, como el Señor santificó el látigo.

 

José Gastón

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Nota bene: Un poco más adelante nos encontramos con una publicidad que titula “trivia día de lxs ninxs”. La ideología de género campea en estas páginas. Apoyo al feminismo, al aborto, al homosexualismo, pronto lo será a la pedofilia. Dios nos libre de estos perversos.

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La mentira verde de “El Diario de la República”

Es una perogrullada decir que los medios de comunicación mienten, tergiversan y definen ellos la mayor o menor trascendencia de los hechos; incluso son capaces de producirlos, amplificarlos, ocultarlos, silenciarlos o extinguirlos. Eso sucede hoy con el aborto. Magnifican y sacan a la luz con bombos y platillos todo lo que se presenta a favor de la legalización del aborto, y por el contrario, silencian, a más no poder, la postura “pro-vida”.

Los Medios de Comunicación, entre ellos los periódicos, contribuyen en gran medida a suplantar valores morales, éticos y religiosos. Ésta es una de las razones que explica los cambios en las costumbres que rigieron por siglos. La constante prédica ha operado grandes cambios en la imagen de la mujer, el amor, el matrimonio, la identidad sexual… y hoy el aborto.

Estela Perea de Martínez plantea ciertas etapas persuasivas:

  1. Un tema comienza a ser intercalado ocasionalmente con otros.
  2. El tema se repite con mayor frecuencia y personificado por actores famosos.
  3. El tema se hace omnipresente.
  4. Personajes populares los defienden en mesas redondas, declaraciones, etc.
  5. La gente comienza a dudar de su rechazo inicial.
  6. El rechazo es cada vez más débil.
  7. Muchos comienzan a aceptarlo.
  8. Quienes ahora lo rechazan “no están en la onda”.
  9. Todos se pliegan, “ahora las cosas son así”.
  10. Se ha logrado consenso.
  11. Las leyes lo incluyen como normal.

No sin razón puede decirse que hasta la historia puede ser cambiada si pacientemente se tiene la constancia de presentarla de determinada manera. Bien saben de esto liberales y marxistas.

Pero vayamos a nuestro tema. El día de ayer (24 de junio) visitando la página de internet de “El Diario de la República” (San Luis, Argentina), y como de costumbre, nos encontramos con una nueva propaganda de las chicas (o chiques, por si acaso) de pañuelito verde.

Ayer, ya lo dijimos, el susodicho periódico titulaba “Realizaron un ‘Puentazo’ a favor de la legalización del aborto”. Más allá del papelón que pasaron estas pobres nueve mujeres, si, leyó bien, NUEVE (y hay que agradecer al diario por “visibilizar” -término de uso predilecto de estos mamarrachos- y “viralizar” esta bochornosa y poco concurrida manifestación), no hay hecho pro-abortista, por ínfimo que sea (y como son casi todos los que se hacen en San Luis), que el susodicho periódico no cubra. Es ya demasiado obvio (teniendo en cuenta que quien maneja dicho diario se pronunció a favor de la legalización aborto) que trasmiten información interesada, que desean embaucar al lector ingenuo, al hombre común. Tan sólo hay que entrar a la página web y se puede visualizar que tienen una categoría que dice “Aborto legal”, al ingresar aquí se observa que todo lo que allí se encuentra son las posturas a favor del atroz crimen de los más indefensos. El diario miente, y si el lector se toma un tiempo para pensar y no se devora la información tal cual es presentada adivina la intención.

Ahora, cuando se trata de manifestaciones “pro-vida”, el diario calla y oculta. Quiere evitar a toda costa que estos hechos se den a conocer. No somos adeptos a números y mayorías, sólo a la verdad en soledad, pero no se puede dudar que las marchas “pro-vida” fueron en todas las ocasiones más convocantes que las “pro-aborto”. Aclaremos nuevamente, si a las manifestaciones “pro-vida” fuera una sola persona y a la otra miles, nada cambia, la verdad no se altera por el número.

Por tal motivo, y teniendo en cuenta que este diario dedicado a la sofística más ramplona tiene un alcance vastísimo a nivel provincial, hay que combatirlo. Combatir estas fábulas periodísticas, dejando en evidencia la falsedad, la mentira y la maldad que detrás de ella se atrinchera. Reconociendo que la fuerza que lo impulsa es el odio venenoso y destructor, un resentimiento feroz contra Dios y su Ley. Bien sabe el católico que no se pelea contra carne y sangre, sino contra el príncipe de este mundo, el homicida y mentiroso desde el principio. Y por ello atacan vehementemente a la Iglesia.

Alguno por allí ha dicho que se meten con los curas y no con la ciencia, porque esta última es certera. ¡Qué corto de mira! No entiende el sentido sobrenatural de esta lucha, no entiende que la Iglesia es el alcázar de la Verdad y el Orden. ¡¿Qué más verdadera que la palabra de Dios?! Pero esto es otro tema. Volvamos a lo nuestro y concluyamos. Reparemos en lo que podemos hacer, desde el afiche, el panfleto o la publicación en redes sociales, pero no nos olvidemos nunca de rezar, de pedir al Padre que pase de nosotros esta hora aciaga, este cáliz de amargura o nos de la gracia del testimonio valiente, siempre teniendo presente aquellas regias palabras del maestro Jordán B. Genta:

 

“[…] esta es la hora de la intransigencia, esta es la hora de hablar, el lenguaje que Cristo nos recomienda en el sermón de la montaña, sí sí, no no; esta es la hora de obstinación invencible, de constancia persistente, de fidelidad continuada. Es cierto, nosotros no tenemos la fuerza del número, no tenemos la fuerza del dinero, no tenemos la fuerza de las armas, no tenemos la fuerza de las logias y de los poderes ocultos, pero nosotros tenemos la fuerza de Cristo, y en la manera que esa fuerza irradie en nosotros y Cristo viva en nosotros, más que nosotros mismos, en esa misma medida seremos invencibles, aún en la derrota, porque después de todo, éste es un lugar de paso, de prueba y de testimonio, y lo importante es que seamos capaces de ser hasta la muerte, y sobre todo en la hora de la muerte, testigos de la Verdad, de esa Verdad que es Nuestro Señor Jesucristo, la Verdad Crucificada por amor, la Verdad que nos ha creado y redimido. Sin Él no hay nada, ni posibilidad de nada, ni se puede hacer nada que sea afirmación de lo real y plena de aquello mismo que Él ha venido a cuidar, proteger y defender, que es la persona humana”.

 

José Gastón

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