Acto de Consagración del género humano a Cristo Rey

Ha pasado ya la fiesta de Cristo Rey, pero no queríamos dejar pasar la ocasión de dar a conocer este Acto de Consagración.

En un hecho, que hoy sería tildado de retrogrado, falta de ecumenismo, falta de fraternidad humana y un largo etcétera, el Papa Pío XI prescribió que en la fiesta de Jesucristo Rey, se rezara el siguiente Acto de Consagración (Decreto del 28 de abril de 1926)


Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano, miradnos humildemente postrados delante de vuestro altar; vuestros somos y vuestros queremos ser y a fin de poder vivir más estrechamente unidos con Vos, todos y cada uno espontáneamente nos consagramos en este día a vuestro Sacratísimo Corazón.

Muchos, por desgracia, jamás os han conocido; muchos, despreciando vuestros mandamientos, os han desechado. Oh Jesús benignísimo, compadeceos de los unos y de los otros, y atraedlos a todos a vuestro Corazón Sacratísimo.

Oh Señor, sed Rey, no sólo de los hijos fieles que jamás se han alejado de Vos, sino también de los pródigos que os han abandonado; haced que vuelvan pronto a la casa paterna, para que no perezcan de hambre y de miseria. Sed Rey de aquellos que, por seducción del error o por espíritu de discordia, viven separados de Vos: devolvedlos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe, para que en breve, se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor. Sed Rey de los que permanecen todavía envueltos en las tinieblas de la idolatría o del islamismo; dignaos atraerlos a todos a la luz de vuestro reino.

Mirad, finalmente, con ojos de misericordia a los hijos de aquel pueblo que en otro tiempo fue vuestro predilecto: descienda también sobre ellos como bautismo de redención y de vida, la sangre que un día contra sí reclamaron. Conceded, oh Señor, incolumidad y libertad segura a vuestra Iglesia; otorgad a todos los pueblos la tranquilidad en el orden; haced que del uno al otro confín de la tierra no suene sino esta voz: ¡Alabado sea el Corazón Divino, causa de nuestra salud, a Él se entonen cánticos de honor y de gloria por los siglos de los siglos!

Amén.

La niñez salvará al mundo

«Finalmente, la misma víspera de mi marcha el doctor me confió una extraña opinión que había formado sobre mí. ‘He adquirido la absoluta convicción – me dijo – de que usted mismo es un verdadero niño. Quiero decir un niño en todo el sentido de la palabra. Tiene usted el rostro y la estatura de un adulto; pero nada más. Respecto al desarrollo moral, al alma, al carácter, acaso a la inteligencia, usted no es un hombre maduro y así quedará aunque viva sesenta años’.»

Fiodor Dostoyevsky – El Idiota


Y finalmente di vuelta la última página. Ya estaba, había terminado… Estaba estupefacta, algo no había cuajado. El corazón estrujado y una sensación amarga en mi garganta… A pesar de todo no lograba comprender qué en ese desenlace había despertado esta reacción en mi interior. ¿Qué era eso que me resultaba tan desagradable? — ¿acaso es esa la palabra? — . Pasaron horas, días y semanas, y en mi interior sigo intentando desentrañar el mensaje de Dostoyevsky para reconciliarme con su novela. Si el escritor quiso terminar su melodía de un modo tan estridente, si quiso dejar en vilo nuestros corazones al seguir esos sones, quiero entender qué se propuso con eso. Quiero saber cuál es la nota disonante que ha destruido la armonía esperada, porque estoy convencida de que su obra no es más que un eco de esta tierra que replica las cacofonías de nuestro tiempo.

Jakub Schikaneder — Autumn red (1910)

Debo confesar que durante toda la historia había esperado con sentido de justicia que la bondad del príncipe Michkin fuera recompensada de alguna manera. No obstante, qué desencanto descubrir que esa benignidad había fracasado… Si bien es cierto que la derrota del bien, sea quien sea quien lo encarne en una novela, apareja una tristeza inevitable; en este caso esa opresión del corazón, esa suerte de sequedad estéril que experimentaba tenía otro motivo. Lo terrible, lo tremendo de este libro es que el agotamiento del bien es deslucido, ordinario, casi patéticamente ridículo. Uno espera con ansias que la probidad de Michkin permita la redención de los otros personajes, como un ser excepcional que logra dar un nuevo curso a la historia. Pero al parecer eso no basta… El príncipe termina siendo un ser como cualquier otro, tan vulnerable y corriente como nosotros. Y si bien no logran corromper su espíritu, es tan profunda la herida infringida por ese mal pertinaz que lo rodea, que su alma es incapaz de soportarlo. Esa benignidad excelsa, ese corazón misericordioso, se ve reducido a un estado lamentable, a una situación ridícula y casi más miserable que la de quienes evidencian poseer espíritus peores.

Inicialmente pensé — y estuve muy convencida durante un tiempo — que el autor quería recalcar la inexistencia de seres excepcionales. No voy a negar que Dostoyevsky me llevó a esto con sus recurrentes reflexiones sobre la escasez de personalidades extraordinarias en un mundo de personas comunes. Sabiendo que ya ha planteado en otras obras el peligro que acarrea este deseo de saberse únicos — y por ende superiores — , se me ocurrió que en esta ocasión lo tremendo del desenlace era que yo esperaba algo sublime y se me ofreció un final corriente, ordinario.

Sin embargo, con el tiempo he descubierto melodías desconocidas que han reformulado mi lectura de la obra. De más está decir que estas ideas son el fruto de mis desvaríos y que no pretendo afirmar haber desentrañado a Dostoyevsky. Hay algo profundo e intrincado en el espíritu del autor ruso que me subyuga, algo de místico e incomprensible que genera en mi casi un temor reverencial. Pero, aún así me atrevo a encender una tenue y humilde luz para afirmar que ese desenlace devastador me ha evocado con excesiva familiaridad la dolorosa realidad del mundo que me rodea. Es que, al fin y al cabo, los sones que canta el artista no son más que el gemido de un mundo pusilánime que, henchido de vil orgullo, se niega a aceptar misericordia. ¡Cómo sufre uno al pasar las últimas páginas! Esa compasión profunda, ese atroz desagrado, no son más que el resultado de contemplar el retrato del aparente fracaso del Bien en la novela, de descubrir en un sólo instante la nota disonante que pregona a gritos la inutilidad de la música de aquel que venía a salvar al mundo… ¿Dónde ha quedado la Belleza redentora? ¿Qué ha sido de ese «Pulchrum» prometido para un mundo de pecado? Despreciada, rechazada la Bondad, ¿hay acaso esperanza alguna en un mundo de seres estrechos que no soportan el único Amor capaz de redimirlos?

Creo que Dostoyevsky fue el primero en retratar el final nefasto de una realidad humana que, ebria de absurdo y mezquino orgullo, no está dispuesta a aceptar la misericordia divina. Este sabor amargo que despierta en la garganta el final de «El Idiota» es fiel réplica de lo que genera el «non serviam» del mundo actual. Así como la bondad del príncipe deviene insuficiente, dando una apariencia casi patética en su desenlace; del mismo modo el Cordero Inmaculado ofrecido en holocausto por la humanidad herida, hoy puede parecer ridículo a los ojos de una cultura secular, atea y arrogante. El príncipe Michkin, joven, idealista y repleto de magnos deseos, concluye la obra en el más estrepitoso desengaño. Y Cristo crucificado hoy también parece vencido en un mundo que ya lo ha olvidado, si no lo repele con odio — como se ha visto en tantos templos profanados —.

Jakub Schikaneder — Twilight in winter (1899)

No voy a negarlo: ¡que tristeza generan estos cuadros! Pero es una pena extraña la que se duele de un aparente fracaso que no es más que el reflejo de una derrota ajena. Porque los verdaderos abatidos son los paupérrimos seres de orgullosa impenitencia que no fueron capaces de aceptar el amor y la bondad que exhalaba el corazón del príncipe Michkin. El terrible estropicio es el de ese conjunto de soberbias insignificantes que ridiculizan la misericordia verdadera mientras corren absurdamente hacia un precipicio. ¿Es que existe acaso algo más doloroso que observar un alma obcecada en el mal y en el pecado? ¿O contemplar un espíritu necesitado rechazar continuamente la única mano amiga que se le ofrece? Orgullo abyecto y soberbia mezquina la del hombre que, al no verse digno de tal amor, hiere y repele a Aquel dispuesto a quererlo en su miseria.

En nuestro mundo abundan los Hipólitos: sujetos deseosos de aplausos y medallas, que al descubrir su propia pobreza se yerguen en toda su ira contra los que se proponen no señalarla. Este pobre joven enfermo no es capaz de soportar el cariño verdaderamente desinteresado del príncipe, como tantos hoy no son capaces de aceptar la bondad infinita de Dios que se inclina hacia nuestra indigencia. Absurdo orgullo que prefiere halagos falaces, que, ofuscado ante la realidad adversa, transforma a Dios – que lo ama con franqueza – en objeto de su ira y su desprecio. ¿Acaso no seremos nosotros Hipólito en estos días?

¡Cuántos Rogochines hay también en esta tierra! Hombres infames, revolcados en el mal y en el pecado, que al vislumbrar la pureza del amor divino no hacen más que enervarse y odiarlo. Se miran a sí mismos y se conocen viles, y cuando amorosamente se les ofrece misericordia, responden con un odio rotundo que juzgan más apropiado, más «justo»… ¡No quieren una bondad que no merecen! Dios nos guarde siempre de detestar a quienes en verdad nos quieren…

Ay, cuántas veces nosotros seremos fantasmas de otra Nastasya Filipovna… Inclinamos nuestro rostro y nos vemos indignos de un amor tan grande y tan puro; ya hemos cometido muchas faltas, ya hemos ofendido tantas veces, que no merecemos ser amados de tal modo. Y así, absurdamente, nos entregamos a esa pasión que sabemos no obtendrá más que destrucción y muerte. Es que preferimos ese afecto rastrero – más acorde a nuestra desafortunada condición – donde no hay deuda ni subordinación, sino miserias ecuánimes y obligaciones empardadas. Grotesca reacción de una soberbia suicida que se cree más digna por ser la artífice de la propia condena…

Finalmente, cuantas veces nos habremos topado – si no es que en nosotros mismos – con nuevas Aglayas. Bellezas aparentes y perfección encarnada que crecieron creyendo que aplausos y éxito es lo que merecen. Sin embargo, cuando el vacío hipócrita y la pobreza de su propio ser se encuentran de frente con aquel que demuestra magnanimidad real, sustancial y elocuente, hace falta demasiada humildad para inclinar la frente. Es lamentable, pero frecuente, la actitud ambivalente de quien desea el bien que no puede procurarse y aún así lo rechaza cuando se le ofrece gratuitamente. Ay, ¡pobre hidalgo pobre…! Nadie sabe si es halago o burla, si es admiración o represalia de quien ha visto su miseria descubierta. Es que aunque las Aglayas de este siglo aplauden lo grande al reconocerlo, al verse luego incapaces, convierten lo bueno, bello y excelso en objeto de sus nuevos desprecios. Así hacen escarnio de aquello que anhelan y rebasa su esfuerzo, pero que en limosna rechazan, puesto que no quieren verse pordioseras. Corren de este modo a la penuria, abrazan la pobreza, que juzgan mejor y la prefieren a la inmerecida riqueza.

Parece loco, ¡ridículo! Eso es lo más tremendo de este libro… La repugnante amargura que Dostoyevsky ha logrado replicar en un conjunto de hombres que, altaneros, se niegan a aceptar un amor que no merecen… Es que, sabiéndose miserables, hace falta verdadera humildad para dejarse amar al modo divino. Y aunque parezca risible pensar que alguien no quiera aceptar cariño y afecto, esa es la tragedia de hoy que emula con tanta habilidad la sabia pluma del escritor. Esa es la tristeza desgarradora que sufre el lector, ese es el profundo dolor de quien contempla el aparente fracaso de Michkin en el libro, de Dios en esta tierra…

Sí, leer el idiota es algo devastador… Y es desolador porque nos abre la mirada hacia la deplorable realidad que nos rodea. Porque parece gritar con Macbeth que la vida «es un cuento relatado por un idiota, lleno de ruido y frenesí, que no significa nada». — ¿Acaso no provoca esto la funesta suerte de Michkin? — Pero sobre todo, porque en la obra del escritor ruso no existen los retornos ni hay espacio para un segunda vuelta. No hay más que este trágico fracaso del príncipe, y con él, de la bondad y la belleza… Sin embargo, la realidad – a diferencia de la ficción – está exenta de desesperanza, puesto que Dios ha anunciado que su misericordia hará florecer el amor repudiado por orgullo. Y así vendrá con triunfo y pompa a salvar este mundo idiota de una buena vez, de una vez por todas…

Jakub Shikaneder — All souls’ day (1888)

A pesar de ser triste el canto, no puede reducirse la obra a un conjunto de voces lastimeras. Fiodor Dostoyevsky también ha cantado melodías hermosas que, sin dejar de ser humanas, responden con armonía a la sinfonía del amor celestial. Creo haber vislumbrado en Kolia algunas notas de ese canto que sólo puede entonar un niño, uno que lo es verdaderamente en espíritu. Porque el tono de sus sones surge de un reconocimiento humilde de su indinga mezquindad frente a la magnanimidad del príncipe Michkin, sabiendo que no merece ese afecto gratuito que esté le ofrece. Y en vez de amarse a sí mismo en demasía, en vez de querer reclamar un amor que esté a su altura, que no señale su corta estatura, agradece benigno y ofrece a cambio un corazón tenue y pequeñito. Hay también algo de luz y armonía en la graciosa figura de Lizaveta. Es que para la niñez espiritual el paso del tiempo no es verdadero obstáculo; por eso me atrevo a afirmar que la simpleza y particularidad de la voz de esta mujer no es más que un eco de infantil encanto, capaz de aceptar el amor divino sin rencores, sin orgullos y sin recelos.

Niños… Sólo los niños son capaces de reconocerse impotentes y amar la propia vulnerabilidad que los hace objeto de los mayores dones. Pero, ¡ay! ¡Vivimos en un mundo que se pregona adulto! Hemos crecido con el mandato prometeico de las grandezas fabricadas, de los éxitos labrados, de los aplausos merecidos: el hombre se ha creído su propio cuento donde ha querido ser omnipotente. ¡Simplemente hay que dejar de jugar a ser dioses! ¡Hay que dejar de pretender que la felicidad celeste es algo que podemos ganar con nuestros pobres medios! Hay que aprender a ser niños y redescubrirnos frágiles. Hay que abrir los ojos a la suprema Bondad, y entonar cánticos de gratitud hacia la Belleza eterna. Hay que gritar al mundo la alegría de nuestra miseria que nos hace pasibles de recibir inmerecida misericordia. Hay que aprender a recibir más de lo que nuestra corta humanidad merece si no queremos ser tan idiotas como el mundo, tan idiotas como estos hombres de Dostoyevsky.

María Bernardita Olazabal



Nuestro agradecimiento a la autora por permitirnos publicar su artículo. Pueden visitar su página AQUÍ

Domingo XXXII del Tiempo Ordinario

Mt 25,1-13

Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes. Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos. Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a medianoche se oyó un grito: «Ya viene el esposo, salid a su encuentro». Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: «¿Podríais darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?» Pero éstas les respondieron: «No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayáis a comprarlo al mercado». Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta. Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: «Señor, señor, ábrenos». Pero él respondió: «Os aseguro que no os conozco». Estad prevenidos, porque no sabéis el día ni la hora.


Jesús nos propone otra parábola más sobre el Reino de los Cielos, tema que en el Evangelio de San Mateo es vertebral, de primaria importancia, en cierta manera estructurante de toda la narración. En este caso nos ofrece la consideración sobre dos grupos de vírgenes, precisa y sapiencialmente calificadas: prudentes y necias. Este binomio es característico de la literatura sapiencial y en la Biblia tiene raíces muy antiguas, en los libros que han sido agrupados bajo ese nombre de “Sapienciales”: Proverbios, Job, Eclesiastés, Eclesiástico y Sabiduría, a los que en ocasiones se integra también Salmos y Cantar de los Cantares, aunque estos dos últimos pertenecen a un género diverso. En esa literatura ocupa un sitio clave la contraposición a la que aludimos: el sabio (sensato, prudente) y el insensato (necio, carente de prudencia). Es importante comprender la diferencia en la lectura de la parábola que Jesús nos presenta. Porque, en realidad, la sabiduría de uno de los grupos de vírgenes implica la correcta valoración, búsqueda y puesta en práctica de los medios para el objetivo que es participar del Banquete. Y ese Banquete es el punto capital, especialmente si vemos en Él la celebración definitiva del amor divino en la Jerusalén celestial. Entonces, esa sabiduría tiene que ver esencialmente con vivir de tal manera que, cuando llegue el momento de participar del Banquete, el cristiano esté realmente dispuesto y verdaderamente preparado, porque para eso ha vivido. La auténtica sabiduría implica la correcta orientación del sentido de la vida.

Y es aquello de lo cual carecen las vírgenes insensatas o necias. Pretenden participar del Banquete, pero no han hecho de ese Banquete el centro definitivo de sus vidas. Tal vez el aceite puede representar el amor, la caridad, que, ante la prueba (la oscura noche) se extingue y no resurge. Lo interesante es que las prudentes también se duermen. Las luces se mantienen por un tiempo, pero a medianoche las lámparas de las necias se apagan, el amor se va extinguiendo y no es posible remediarlo. Las otras, aunque han sucumbido al sueño, podrían tal vez equipararse a la Esposa en el Cantar de los Cantares cuando dice: “Yo duermo, pero mi corazón está velando” y continuará iluminado porque el aceite del amor alimenta ese fuego que debe ser inextinguible.

Podríamos decir que es una parábola del Reino donde el Amor es el punto capital: un amor alimentado o que, poco a poco se descuida; un amor que parece ceder ante las pruebas pero igualmente perdura; o un amor que sucumbe y no se vuelve a encender. Porque esta es la clave de la Sabiduría: el Amor, la Caridad sobrenatural que nos une a Dios, ya en este mundo y, definitivamente, en el Cielo. Las necias pretenden buscar el fundamento del amor donde no puede ser adquirido. Y cuando vuelven, ya están envueltas en una oscuridad que ha teñido sus corazones. “No os conozco” es una de las expresiones más tristes y más duras de la Biblia. Aquellas mujeres se han vuelto irreconocibles porque solamente la luz del amor las hacía parecidas al Esposo. Sus rostros entenebrecidos se confunden en la oscuridad definitiva. No pueden entrar, porque, en realidad, no han querido entrar al negarse al amor constante durante la vida, al renunciar a la auténtica sabiduría.

Pbro. Miguel A. Comandi

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Sobre la vacunación por COVID-19 en Argentina

Extracto de la respuesta a una consulta particular realizada a Roxana Bruno, Dra. en Inmunología por la Universidad Autónoma de Barcelona, y ex investigadora del Instituto Max Planck de Neurobiología de Múnich, Alemania, y del Instituto de Neurociencias de Alicante, España.

Difundido con autorización previa de la profesional. La tipografía en negritas es edición, no original.


“Es muy importante hacer difusión y propiciar el debate científico acerca del peligro de estas vacunas experimentales. Hay mucha información. Estoy tratando de hacer charlas explicativas de manera permanente, pero censuran todos los videos, penalizan a los youtubers; cierran los canales. Es muy difícil sortear el silenciamiento. Por eso te pido que compartas mi respuesta a tus colegas, para que intentes abrir el debate.

También podes buscar las charlas que he dado explicando a profesionales de la salud y pueden mirarlas, estudiarlas, con tus compañeros para estimular el debate de este tema.

El problema de las vacunas contra COVID-19 es inmenso y es para todas las “candidatas”; lo mismo si se trata de las vectorizadas (que introducen secuencias de ADN del virus con vectores de adenovirus: Oxford, AstraZeneca; Johnson & Johnson; la vacuna Rusa; la China, etc.) o las de ARNm (que introducen ARN m sintéticos modificados: Moderna; Pfizer/BioNtech; CureVac). Aunque están basadas en diferentes técnicas, todas revisten varios peligros:

1- Las vacunas de ARNm nunca han sido usadas con anterioridad en la población para enfermedades de transmisión entre personas, es algo totalmente nuevo, no estudiado, no evaluado a mediano y largo plazo. La única que hay de ARNm es la de la rabia recombinante, pero la probabilidad de recibir esa vacuna es muy baja, por mordedura de un perro; no es de uso masivo; y a pesar de eso ya hemos visto el desarrollo de cáncer dos años después, en chicos jóvenes de 20-30 años, mordidos y vacunados con estas vacunas (la vacuna del virus rábico muerto es muy cara de producir y la reemplazaron por la de ARNm sintético, más barata, hace muy poco).

Además, los virus de ARN mutan con gran rapidez y ya se han identificado múltiples mutaciones del SARS-CoV-2; por lo tanto, el desarrollo de este tipo de vacunas de ARNm podría verse obstaculizado si el virus muta y evade la inmunidad inducida por las vacunas experimentales. El próximo año, ¿otra vacuna?

Y los ARNm, además de inflamatorios por vía de los TLR (Toll-Like receptors), se sabe que a bajas dosis son inhibidores de la transcripción: pueden silenciar (o también inducir la expresión génica) mediante control epigenético. O sea, es desconocido el efecto que pueden provocar al entrar en las células, evadiendo las barreras naturales al estar recubiertos con nanopartículas lipídicas con polietilenglicol. El 30% de la población ya tiene anticuerpos previos contra el polietilenglicol. ¿Qué harán en una o dos inoculaciones, este tipo de nanopartículas?

2- El peligro de todas las vacunas contra SARS-CoV-2 es que provoquen una respuesta inmune paradójica. Tan solo tenemos que mirar atrás y recordar las vacunas fallidas contra el sarampión, el VSR y el virus del Dengue: estas vacunas no protegieron, sino que provocaron lo que se llama una reacción inmunitaria paradójica, también conocida como “mejora dependiente de anticuerpos”, que es una enfermedad potenciada por la vacuna, o dicho en términos sencillos: en las personas que fueron vacunadas, la inmunización no los protegió de la infección, sino que, de manera paradójica, quedaron expuestos a padecer una enfermedad peor (cuando vuelven a tener contacto con el virus de manera natural). En vez de inducir anticuerpos de neutralización, inducen anticuerpos de unión, facilitadores de la infección.

Una respuesta inmune paradójica fue lo que se vio en los modelos animales en hurones, felinos y en primates no humanos en los experimentos pre-clínicos con los virus corona: hace 17 años que se intenta conseguir una vacuna y no se ha logrado; por lo tanto preocupa el riesgo de provocar una enfermedad peor en los individuos, después de la vacunación, cuando sean reinfectados con SARS-CoV-2 o con otro coronavirus del resfrío común, esto podría causar complicaciones masivas impredecibles, provocando un aumento de la enfermedad COVID-19 el próximo invierno en los individuos vacunados.

También es preocupante que se hayan iniciado los ensayos clínicos en seres humanos sin haber completado los de estudios preclínicos en animales, porque saltar los estudios en animales, utilizar modelos irrelevantes (el ratón no enferma de neumonía, hace anticuerpos pero no se sabe si protegen porque el ratón no se enferma del pulmón por coronavirus) o estudios de una sola especie animal y evitar los estudios en aquellos modelos donde las vacunas “fallan”, es simplemente transferir el riesgo de los animales a los seres humanos.

3- Las vacunas vectorizadas: las que usan un vector adenovirus serotipo Ad5, tienen riesgo demostrado de aumentar la predisposición a contraer SIDA, facilitan la infección por VIH-1 en los vacunados. Hace más de diez años que eso se sabe. La vacuna Rusa usa un adenovirus en la primera dosis y otro adenovirus en la segunda dosis (Ad serotipo 26 y Ad5).

El tema es que no se sabe si esas secuencias que lleva y dirige el vector se pueden llegar a insertar de manera temporal o permanente en el genoma. Y los adenovirus tienen tropismo por el testículo.

4- El otro peligro es el daño a la fertilidad. Desde la aparición del brote de SARS-CoV-1 de 2002 en China y del brote de MERS en 2012 en Arabia Saudita, se sabe que los coronavirus de tipo SARS dañan múltiples órganos y se ha demostrado el daño irreversible que provocan en el sistema reproductivo masculino. En los pacientes que han pasado por una infección COVID-19 natural, de curso oligosintomático, leve o moderado, no se observan secuelas ni daño en los testículos ni en la calidad del semen, pero la orquitis autoinmune si es una complicación demostrada en pacientes con COVID-19 severo, tanto en fallecidos como en pacientes recuperados.

Se ha podido observar extensa inflamación y destrucción del testículo por el depósito de los anticuerpos autoinmunes lo cual indica que es la respuesta inmune específica contra el virus la causa principal del daño testicular, ya que no se encontraron virus SARS en los testículos ni en muestras de semen, lo que sugiere que el impacto en los testículos se debió a la respuesta inmune por depósito de las inmunoglobulinas. Antes de aprobar una inoculación masiva en la población con cualquiera de las vacunas contra COVID-19, resulta importantísimo evaluar en los ensayos clínicos a mediano y largo plazo que la respuesta inmune inducida por las vacunas no van a causar epididimitis, orquitis autoinmune, que puedan provocar infertilidad por depósito de los anticuerpos en el tejido testicular.

Con todos estos riesgos, es necesario alentar el debate, que expliquen por qué se está negando la inmunidad natural del cuerpo humano, intentando reemplazarla con un nuevo tipo de vacunas, nunca probadas, y científicamente tan cuestionables. No hay una explicación razonada de porqué se está aceptando y autorizando la inoculación masiva en la población, sin haber completado los tiempos y las fases clínicas experimentales requeridas para garantizar la seguridad y la eficacia de lo que se va a inyectar.

Y también por qué no se discute qué va a pasar si se ocasionan daños irreversibles por la experimentación en los seres humanos, esto es violatorio de los tratados internacionales de bioética, no se está considerando el riesgo potencial de generar enfermedades autoinmunes y neurodegenerativas, efectos adversos muy graves ya observados (Mielitis transversa, Esclerosis Múltiple), así como efectos adversos a mediano y largo plazo que aún no han sido descartados, como toxicidad, mutagénesis, teratogénesis y carcinogénesis o la posibilidad de afectación de la fertilidad en los ciudadanos inoculados.

Esto podría ser un mini resumen de los riesgos. He ido haciendo videos explicando interferencia viral, mecanismos de acción del COVID, tratamientos, inespecificidad de la RT-PCR como elemento de diagnóstico. Podes buscarlos en el canal de Youtube de Epidemiólogos Argentinos Metadisciplinarios y en la web: cienciaysaludnatural.com. En Ciencia y Salud Natural ponemos las citas bibliográficas. Todo tiene fundamentación científica y está documentado, el que quiera ver, que vea. Todo está puesto a la vista.

Espero que todo esto pueda ayudar. Porque ya no tengo más palabras para explicar todos estos peligros y realmente somos los profesionales de la salud los únicos que podemos parar esta locura.

De lo que estoy segura es que nadie nos puede obligar a hacer tratamientos preventivos obligatorios cuya seguridad y eficacia NO ESTÁ DEMOSTRADA.

Te dejo un cordial saludo, te pido que lo hagas extensivo a tus colegas, y te animo a estudiar y a investigar cada uno de los aspectos que te he mencionado.”