Sobre la música

Josef Pieper

Discurso durante una velada en honor a Bach (1952)*

Que quien filosofa, sobre todo si se ocupa de la educación del hombre, medite con especial atención acerca de la esencia de la música, no debe atribuirse sólo a un casual “interés musical” personal. Antes bien, esta atención especial tiene una tradición que se remonta casi hasta los tiempos primitivos, hasta Pitágoras y Platón y también hasta los sabios del lejano Oriente. No se trata solamente de que la música sea de hecho una de las cosas más asombrosas y misteriosas de entre las “maravillas” (miranda) del mundo, con las cuales, como dicen Santo Tomás y Aristóteles, quien filosofa tiene formalmente que vérselas. Tampoco se trata únicamente de que casi se podría decir que la música misma  no es otra cosa que  un filosofar secreto del alma, un  exercitium metaphysicae occultum, en el cual el alma no sabría que está filosofando, según dice Schopenhauer en sus profundas discusiones en torno a una metafísica de la música. Lo que la música trae al campo de visión de quien filosofa es algo absolutamente distintivo, su cercanía a la existencia humana. Es eso además lo que hace necesario que todo aquel que trabaja en el ámbito de la educación humana se ocupe de la música.

La pregunta que fascina especialmente a quien filosofando va detrás de la esencia de la música es la siguiente: ¿qué percibimos propiamente cuando escuchamos música? Puesto que sin duda es algo distinto y algo más que unos determinados sonidos que brotan de frotar las cuerdas, soplar  la flauta y golpear las teclas; todo esto lo escucha incluso quien carece totalmente  de percepción musical (si es que hay alguien así). ¡De ese modo no se percibe todavía lo propio de la música! ¿Qué es entonces lo que percibimos cuando escuchamos música del modo adecuado? En las otras artes se puede saber más fácilmente, aunque tampoco sea fácil responder a la pregunta por lo que “verdaderamente percibimos cuando contemplamos Porción de césped de Durero”, puesto que lo que vemos en la naturaleza o también y más claramente en una foto no son sólo los pastos, no es este “objeto” lo que vemos propiamente cuando contemplamos adecuadamente un cuadro. O también: ¿qué percibimos, hablando con propiedad, cuando escuchamos una poesía, cuando percibimos lo poético en un poema? Sin duda otra cosa y algo más que lo objetivamente expresado (que ha sido señalado casi como lo impuro en un poema, como lo necesariamente impuro). Estas preguntas son igualmente difíciles de responder. Hagamos entonces ahora la pregunta: ¿qué percibe uno cuando escucha música “de un modo musical”? No puede hablarse de un “objeto” como en las artes plásticas o en la poesía –en las cuales siempre algo debe ser descripto o expresado (algo objetivo)– en este sentido no se puede hablar de un objeto, aun cuando esto haya sido afirmado, incluso por grandes músicos. Pero no es “la escena junto al arroyo” o “la tormenta” o “la alegre tertulia de campesinos” lo que uno propiamente percibe al escuchar la Sexta Sinfonía de Beethoven.

¿Pero qué ocurre al oír “cantar”? ¿No sucede, aquí al menos, que lo que propiamente percibimos cuando se canta un aria o un recitado es lo dicho en el texto? Naturalmente escuchamos las palabras.  Pero  cuando  se  trata  de  auténtica  música  y  cuando  la  escuchamos  correctamente, captamos además un sentido más oculto de estas palabras, que no captamos cuando escuchamos sólo las palabras. Este “sentido oculto” no se puede leer, como algo simplemente dicho. ¿Qué captamos entonces en la música? La música “no habla de cosas, sino de la dicha y de la pena”; esta afirmación de Schopenhauer resume lo que se ha dicho a lo largo de los siglos mediante muchas formulaciones. No sería exacto si se dijera que la frase expresa sin restricciones lo pensado en la gran tradición, pero abre un acceso, conduce hasta eso propiamente pensado. “Dicha y pena”, esto es algo relacionado con el querer; lo bueno, bonum, es el sentido más profundo del querer; el querer tiene como objeto el bien. Al mismo tiempo, uno debe precaverse de malentendidos moralistas. Lo que queremos decir es lo siguiente: el ser del hombre es ser que acontece; el hombre no es un ser que simplemente “existe”. El hombre “es” de tal manera que es un ser que deviene, no meramente que crece, madura y que se acerca gradualmente a su muerte, sino también en cuanto ser espiritual es alguien en constante movimiento; él mismo “acontece”; él está en camino. Y hacia lo que se mueve, hacia lo que está en camino (en la medida en que “es” no puede hacer otra cosa; el hombre está íntimamente en camino, “todavía no ha llegado”, lo sepa o no expresamente, esté o no de acuerdo), la meta de ese estar en camino, hacia donde se dirige este camino, es el bien. Incluso cuando el hombre obra mal, lo que busca es el bien. Se puede decir también (y lo ha dicho la gran tradición de la sabiduría occidental): aquello hacia lo que este íntimo movimiento incontenible, esta irrefrenable agitación que constituye el motor último de esta existencia histórica, la meta hacia la que tiende este impulso, es la felicidad. Antes que todo querer consciente, pero también en el núcleo más íntimo del querer consciente, queremos ser felices. Esto es la felicidad: ¡el bien hacia el que tendemos originariamente!

Lo que se desea en y con este querer, y el mismo proceso-devenir por el cual, mediante pasos infinitamente variados y medidos por un tiempo interior, tras mil rodeos reales o aparentes, nos acercamos a esa meta nunca alcanzada del todo, ninguna de las dos cosas se puede expresar con palabras: ni la meta ni el camino. Agustín dice: “«Bien», oyes la palabra y respiras hondamente, la escuchas y suspiras”. Y dice: el significado más íntimo y la plenitud de lo que se encuentra en el concepto de “bien”, su plena realización, el hombre no la puede captar con palabras. “No se puede decir pero tampoco se puede callar… ¿Qué debemos hacer, si no podemos hablar ni tampoco callar?

¡Alegrarnos! Jubilate! Elevad la muda voz de la felicidad de vuestro corazón…” Esta “voz muda” (al menos una de sus formas) es la música. No es simplemente sólo la voz de la felicidad, sino también (puesto que el bien, la meta, no es fácilmente alcanzable, puesto que puede ser «escarpada» y uno puede incluso no alcanzarla) la muda voz de la infelicidad, del acercamiento esperanzado, del anhelo, del duelo, de la desesperación. Pero el lenguaje no alcanza este íntimo acontecimiento de la realización del propio ser. Lo precede, en la naturaleza (también del espíritu), y está también más allá de ella. “De ahí, dice Kierkegaard, que la música, con relación al lenguaje, es tanto anterior como consecuente, se manifiesta como lo primero y lo último”. La música hace accesible un ámbito de silencio; en ella el alma se presenta “desnuda”, por así decirlo, sin el “ropaje” lingüístico “que se enreda en todas las espinas” (Paul Claudel).

Dije que de múltiples maneras así ha visto la esencia de la música la tradición occidental: como un hablar mudo sobre la dicha y la pena, como una expresión sin palabras de aquel proceso íntimo de la autorrealización, que entendemos como el devenir de la persona moral, como el querer en todas sus formas, como el amor: en eso pensaba Platón al decir que la música “imita las emociones del alma”; o Aristóteles, quien dice que la música es semejante a la moral y a ella se ordena. Luego de ellos aparecen afirmaciones como la de Kierkegaard, quien dice que la música trae “constantemente a la expresión lo inmediato en su inmediatez”; o Schopenhauer: de todas las artes, sólo la música representa la misma voluntad; o Nietzsche, interpretando a Wagner: en la música resuena “la naturaleza transformada en amor”.

Entonces lo que se expresa en la música, su “materia” –por decirlo de alguna manera– es el acontecer existencial interior del mismo hombre, por lo cual ambos tienen también esto en común: que discurren en el tiempo. Pero puesto que “la música” no es un poder objetivo impersonal, sino que es “hecha” por músicos absolutamente individuales, eso significa también que de las mil distintas formas de esos procesos internos pueden resultar otras tantas creaciones musicales y también –puesto que el devenir interno de la persona moral no es un suceso natural infalible, sino un acontecer amenazado por incontables peligros y estorbos– mil formas de falsificación, trastocamiento y confusión. Pueden ser representados musicalmente: la autosatisfacción superficial de haber alcanzado sin esfuerzo los “bienes” “más baratos”; la negación del orden; el desesperar de la posibilidad de que la realización intrínseca del hombre tenga alguna meta o de que pueda ser alcanzada;  también,  como  en  Doctor  Fausto,  de  Thomas  Mann,  puede  haber  una  músicadel nihilista, cuyo principio estilístico es la parodia y se ejecuta con “ayuda del diablo y fuego del infierno bajo la caldera”.

Los antiguos, sobre todo Platón y Aristóteles, han visto muy claro este peligro en toda música y han intentado encauzar justamente esas posibilidades de degeneración.

Puesto que la cercanía a la existencia humana, como característica distintiva de la música, no significa sólo que los acontecimientos fundamentales de la existencia, sean auténticos o inauténticos,  rectos  o  desviados,  se  transformen  en  música  únicamente  en  relación  al  músico creador. Tampoco es que haya simplemente música grande y auténtica o superficial e inauténtica, y que corresponda a la “otra orilla”, al lado del oyente, una relación neutral, por así decirlo, de tomar conocimiento o no, de aplauso, de aprobación o de desacuerdo. No, esa cercanía a la existencia significa  mucho  más:  significa  que  puesto  que  la  música  expresa  de  un  modo  inmediato  la inmediatez de la realidad existencial fundamental, se dirige al mismo tiempo a quien escucha y a él alude en esa profundidad, en la cual tiene lugar la realización de sí. En esa profundidad, muy por debajo de todo juicio formulable y con absoluta inmediatez, vibra la misma cuerda que resuena también en la música que escuchamos.

Aquí se hace claro cómo y cuánto tiene que ver la música con la educación del hombre o también con el fracaso de esa educación, en ambos casos antes que cualquier esfuerzo consciente de formación, enseñanza o educación. También se hace aquí evidente la necesidad de considerar esa tan inmediata influencia, como lo han hecho Platón y Aristóteles, mientras que nosotros todavía apenas entendemos por qué estos dos grandes griegos se han ocupado de la música con tanta seriedad y detalle en sus escritos éticos, incluso políticos. La música es, así dice por ejemplo Platón, no sólo un “medio de formación del carácter”, sino también un medio “para la recta conformación de  las  disposiciones  legales”.  “Se  la  ve”,  así  dice  en  la  República,  “simplemente  como  algo deleitable y se piensa que no ocasiona ningún daño”. Creer que lo distintivo es el deleite del que escucha y que da lo mismo que éste “tenga algún valor moral o no”, es decir que sea una persona interiormente ordenada o no, esta opinión es llamada por Platón con toda seriedad “mentirosa” en la obra de su vejez, Las leyes. En ningún caso se produce un cambio en la música sin que al mismo tiempo sean afectadas las leyes más importantes de la vida del estado. Platón dice que eso ya fue enseñado por un famoso teórico griego de la música (Damón) y él, Platón, está convencido de que es verdad. Naturalmente, no se refiere con ello al aspecto “jurídico” de la constitución del estado, sino al aspecto, ciertamente real, de la constitución intrínseca de la vida común en relación a la realización del bien. Y entonces comienza una muy seria y detallada reflexión sobre qué formas musicales, incluso qué instrumentos, deben ser prohibidos en una sociedad ordenada. También en la Edad Media, hasta los tiempos de Bach, se hablaba de instrumentos “deshonestos”. El detalle no es decisivo; naturalmente hay en juego muchos “condicionamientos de la época”. Lo descisivo es sobre todo ver (¡y ordenar!) la íntima conexión que existe entre la música tocada y escuchada en un pueblo, por una parte, y la existencia interior de ese pueblo, por otra, hoy del mismo modo que en la época de Platón.

Somos parte de aquellos que, como dice Platón, vemos toda la esencia de la música “en una mera diversión”, mientras que en verdad aquella conexión entre la música que se toca y escucha y el ethos de la existencia interior lleva a un descuido cada vez más amenazante en la medida en que no existe la preocupación de lograr un orden auténtico. La situación real en general es que ni siquiera es vital la idea de la posibilidad de un orden tal, mucho menos una idea de orden con algún contenido.

Quien ahora dirige su mirada a la realidad empírica de la sociedad y piensa cuán general y público se ha vuelto el fenómeno de la más trivial “música ligera” de los así llamados “ritmos alegres” –una fiel expresión, en su banalidad, del burdo autoengaño de que se ha alcanzado lo bueno en el ámbito de la existencia interior, de que “no está tan mal”, de que en el fondo todo “está en orden”–; quien piensa en el lugar que pretenden, y que han conseguido, los ritmos de una primitiva música frenética, de una música “para esclavos” (como dice Aristóteles) –con lo cual ambas formas, tanto la música de “ritmo alegre” como la que produce una sórdida embriaguez, se justifican como “entretenimiento”, es decir como un medio de “llenar”, en vano, ese aburrimiento y ese vacío existencial, invocándose y potenciándose una a la otra, han llegado a ser un fenómeno público   y   general;   quien   además   considera   que,   a   un   nivel   con   toda   probabilidad incomparablemente más elevado, se busca y se disfruta de la música como un hechizo, como un medio de huída de la realidad, a la manera de una pseudo-redención, como una encantamiento “desde afuera” (como dice Rilke), y que hay música, también de la grande, que favorece todo eso; quien finalmente considera que la parodia de la creación, la nihilística música de la desesperación de grandes entendidos no existe sólo en la ficción, como en Doctor Fausto, sino que con toda seriedad se ha podido decir que la historia de la música occidental es “la historia de la degeneración del alma”; quien considera todo esto, con horror, apoyado en la idea de que la existencia interior se muestra en la música sin velos y sin disimulo, en su desnudez (y que debe mostrarse), mientras que la  existencia  interior  recibe  a  su  vez  de  la  misma  música  impulsos  muy  inmediatos,  tanto destructivos como constructivos; quien ve esto y lo pondera se dará cuenta, con un nuevo y especial sentimiento de felicidad, de que todavía existe la música de Johann Sebastian Bach: también ella y precisamente ella.

Queda así indicado un desafío para nosotros mismos, al que no se responde suficientemente sin más ni va “de suyo” hacerlo. Todo depende de que percibamos realmente lo propio de esta música y de que eso mismo reciba una respuesta en la inmediatez de nuestra alma como si vibraran sus cuerdas, encendiendo una nueva claridad, frescura y energía en la existencia interior; en el rechazo de la realización aparente, que es simple adulación; en la mirada que vigila atenta y que no se aparta de la realidad de la vida real para gozar precipitadamente de cualquier armonía; y en la orientación indefectiblemente sostenida e inconmoviblemente esperanzada hacia el bien, que como una gracia aquieta el íntimo desasosiego y que el júbilo lleno de beatitud que resuena precisamente a través de la música de Bach proclama con su “muda voz”.

———————————–

*  Publicado en  el tomo 8,2  de las  Werke  in acht Bänden, ed.  Berthold Wald,  Felix Meiner, Hamburg 2008, pp. 429-435. Traducción: Juan F. Franck.

Visto en: pieperjosef.wordpress.com

Anuncios
Minientrada | Publicado el por | Etiquetado , ,

Romance de la niñez inmaculada

 

En remolinos de sueños

hamacan sus fantasías

de corceles, de princesas

y espadas de mil conquistas.

Islotes desconocidos

aguardando una primicia,

bosques sin son ni luna

desafiando al que camina

atravesando sus sañas

tras maldiciones antiguas,

rescatando algún tesoro

para salvar la justicia.

~~~

Imaginando aventuras

desde el torreón de sus miras,

arco iris de pureza,

siempre limpias sus retinas…

siempre despierta la magia

cuando sus manos vacilan.

A cada paso un encanto

colma de asombros y dichas

sus ilusiones abiertas

como el espacio que habitan;

mientras duermen las ideas

entretejen maravillas.

~~~

Sobre sus rostros de armiño

una súplica continua

descubre cielo de dones

que rompen en sus orillas;

atesorando favores

van redimiendo la vida.

Dando gracias a sus anchas

como en una romería

liberan al hombre viejo

de su orfandad y fatiga.

Es bálsamo originario

el fresco de sus sonrisas.

~~~

Chispazos de travesuras

declaran su blanca arcilla

(deleite del Alfarero;

de Jauja, flor matutina)

tan dócil para el encuentro

con rayos de luz nativa,

como la luna luciente…

como la Virgen María.

Alforjas de una promesa

de gloria recién nacida

van hechizando la tierra

con su graciosa visita.

~~~

Domesticando pasiones

adultas, casi vencidas,

remiendo de corazones

viajeros, años y espigas.

Rompiendo cadenas duras

de un tiempo febril y aprisa,

sus almas libres reflejan

un cielo de orfebrería

prendido de estrellas nuevas,

despejando la alegría

con esa fuerza pequeña

de resonancias divinas.

~~~

Corazón al descubierto,

horizonte de poesía,

timbre eternal y durmiente

en esas voces que afinan

el universo cascado

-lágrima, sudor y espina-.

Mirada cordial e intensa

su idioma que no declina.

¡Alfabeto de esperanza,

niñez de belleza herida

trayendo esquelas del Reino

en su esencia de semilla!

 

_

FERRARI José Alberto, Elogio de la niñez, Bs. As., Pórtico, 2017, p. 45-48. Se reproduce con autorización expresa del autor

Minientrada | Publicado el por | Etiquetado

Cien testigos (3/3)

EDAD MODERNA

* Testigo 46º: Adriano VI, Papa (1522-1523)

– Todo hombre peca… si estima más las ciencias profanas que las divinas, y lee más los libros mundanos que los sagrados. Más aún: no comprendo cómo estos pueden amar sobre todas las cosas a Dios que inspiró tan saludables libros. Aunque no quiero obligar a nadie a leerlos, tampoco puede eximir a todos de la lectura de la Sagrada Escritura, siendo cierto que todos deben saber tanto de la Escritura cuanto es necesario para cumplir, sin faltar gravemente a sus deberes según las circunstancias de su persona, estado y vida. En cuanto a los párrocos, a los que ha llamado Dios a ser modelos para los otros, no entiendo cómo ellos, sin culpa gravísima, descuidan el estudio de la Sagrada Escritura. [Bibliotheca Critica, pag. 123]

* Testigo 47º: Fray Luis de Granada

– Porque cuando el profeta quiso provocar a penitencia al pueblo que fuera llevado a Babilonia, de este mismo medio se aprovechó, juntando en un lugar todos los cautivos, y leyéndoles un pedazo de esta doctrina (de la Sagrada Escritura). La cual lección dice la Escritura divina que les hizo llorar y ayunar y hacer penitencia de sus pecados. [Guía de pecadores, n.1]

* Testigo 48º: Luis de León

– Notoria cosa es que las Escrituras que llaman Sagradas, las inspiró Dios a los profetas, que las escribieron para que nos fuesen en los trabajos de esta vida consuelo y en las tinieblas y errores de ella clara y fiel luz; y para que en las llagas que hacen en nuestras almas la pasión y el pecado, allí, como en oficina general, tuviésemos para cada una propio y saludable remedio. Y porque las escribió para éste fin, que es universal, también es manifiesto que pretendió que el uso de ellas fuese común a todos. [Introducción a los Nombres de Dios]

* Testigo 49º: San Juan de la Cruz, Doctor de la Iglesia

– No me fiaré, ni de experiencia ni de ciencia, porque lo uno y lo otro puede faltar y engañar; mas no dejándome de ayudar en lo que pudiese de estas dos cosas, aprovecharme he para todo lo que con el favor divino hubiera de decir, al menos para lo más importante y oscuro de entender, de la Divina Escritura, por la cual guiándome no podremos errar, pues el que en ella habla es el Espíritu Santo.

* Testigo 50º: Santa Teresa de Jesús

– ¡Oh, Señor mío, que de todos los bienes que nos hicisteis, nos aprovechamos mal! Vuestra Majestad buscando modos y manera e invenciones para mostrar el amor que nos tenéis; nosotros, como mal experimentados en amros a Vos, tenémoslo en tan poco, que de mal ejercitados en esto, vanse los pensamientos adonde están siempre, y dejan de pensar los grandes misterios, que este lenguaje encierra en sí, dicho por el Espíritu Santo. [Conceptos del Amor de Dios, cap. 1]

– Llegados a verdades de la Sagrada Escritura, hacemos lo que debemos. De devociones a bobas nos libre Dios. [Vida 13, 142]

– Sabía de mí que en cosa de la fe contra la menor ceremonia de la Iglesia, que alguien viese yo iba por ella o por cualquier verdad de la Sagrada Escritura, me pondría yo a morir mil muertes. [Vida 33, 439]

* Testigo 51º: San Francisco de Sales

– De la misma manera que el apetito es una de las mejores pruebas de salud corporal, el gustar de la Palabra de Dios, que es un apetito espiriutual, es también señal bastante segura de la salud espiritual del alma. Gustan los Santos de las cosas santas y de razonamientos espirituales. Dice San Bernardo que el amor a la Palabra de Dios es una de las señales de predestinación y quizás es también parte de aquella hambre y sed de justicia que el Divino Salvador predicó como una de las 8 bienaventuranzas. De consiguiente, no se podrá ser celoso de la propia perfección si no se gusta de oír a los que enseñan los medios de alcanzarla, lo cual hacen los predicadores de la Palabra divina.

* Testigo 52º: P. Luis de la Puente, S. J.

– La materia de la oración mental, en que las tres potencias del ánima, especialmente el entendimiento, ha de ejercitar sus actos, es todo lo que Dios ha revelado en la divina Escritura, especialmente los misterios principales de nuestra fe que en ella están más expresados y recomendados. [Introducción a las meditaciones]

* Testigo 53º: J. J. Olier, Fundador de la Congregación de S. Sulpicio (quien solía leer la Biblia de rodillas)

– La Sagrada Escritura alimenta espiritualmente nuestra alma; ella es un copón, en el cual Dios ha querido esconderse para entregarse a nosotros y para comunicarnos su gracias.

* Testigo 54º: Pascal

– En la Escritura, en efecto, hay bastante luz para iluminar a los que buscan a Dios, pero hay también obscuridades que vienen a ser piedras de escándalo para los que no tienen buena voluntad. Ahora bien, se puede creer que este resultado es permitido por el Espíritu Santo. Los que tienen espíritu falso no convendrán en ello, en verdad; pero los que tienen caridad están en disposición de verlo. [Pensamientos sobre la Verdad de la Rel. Crist.]

* Testigo 55º: J. B. Bossuet, Obispo de Meaux

– El cuerpo de Cristo en el adorable Sacramento no es más real que la verdad de Jesucristo en la predicación del Evangelio. En el misterio de la Eucaristía las formas visbles son signos; pero lo que en ellas se oculta, es el mismo Cuerpo de Cristo. En la predicación son signos las palabras que estáis oyendo; pero el pensamiento que las engendra y el que nace de ellas es la doctrina del mismo Hijo de Dios.

– Os envío, hijas mías, estas “Meditaciones sobre el Evangelio”, porque espero que han de producir en vosotras frutos abundantísimos. Empecé a escribirlas para el uso de algunas de vosotras, pero como las habéis recibido todas con tanto regocijo y alegría, me ha parecido que serán muy propias para el aprovechamiento y utilidad de todas. Recibidlas, pues, como un testimonio del santo afecto que os profeso, porque sois humildes y verdaderas hijas de San Francisco de Sales, que ha danto tanto honra al Episcopado y luz a nuestro siglo. [Carta a las Religiosas de la Visitación]

– Dios, en fin, por quien reinan los reyes, nada olvida para enseñarles a bien gobernar. Los ministros de los príncipes y sus colaboradores en el gobierno y en la administración de la justicia, hallarán en su Palabra lecciones que sólo Dios pudo dictar. [Politique tirée des propres paroles de l’Ecriture sainte, prólogo]

* Testigo 56º: Pío VI, Papa (1775-1799)

– Es muy loable tu prudencia, con la que, en medio de tanta confusión de libros que osan impugnar la Religión Católica, y con tanto daño de las almas, circulan por las manos de los ignorantes, has querido excitar en gran manera a los fieles a la lectura de las Santas Escrituras, por ser ella fuentes que deben estar abiertas para todos, a fin de que puedan sacar de allí la santidad de las costumbres y de la doctrina, desterrados los erroresque en estos calamitosos y desarroglados tiempos tan ampliamente se derraman. Lo que sabiamente has practicado, dando a luz los Libros Sagrados, puestos en idioma vulgar, acomodándolos a la común inteligencia de los fieles, habiendo añadido aquellas notas de los Santos Padres que has tenido por convenientes para precaver cualquier abuso. [Carta al Arzobispo Antonio Martini, de Florencia (1778)]

* Testigo 57º: Felipe Scio de San Miguel, Obispo de Segovia y Traductor de la Biblia al Castellano

– Para remedio de tan espantosos males, ¿qué medicina mássegura que poner a la vista los severos castigos con que Dios ha quebrantado el orgullo de los impíos, que repetir la lectura de los oráculos del Espíritu Santo, como lo practicaron entre otros los sabios reyes Josafat y Josías para la reforma de su pueblo? Y Esdras, para purificar a los israelitas de los enormes excesos que habían cometido por el comercio con los babilonios, y fundar como de nuevo la Religión, que estaba casi arruinada como su Templo, mandó juntar todo el pueblo en una plaza grande, y leyó siete días consecutivos el libro de la Ley y de las Santas Escrituras; y con este ejercicio se movieron a penitencia y reformaron las costumbres. [Disrt. Prelim. Sobre la Translación de los Libros Sagrados a la Lengua Castellana]

* Testigo 58º: Pío VII, Papa (1800-1823)

– Dirigiéndose a los Obispos ingleses les exhorta a que alienten al pueblo a leer la Sagrada Escritura: “pues nada puede ser más provechoso, más consolador y más confortante, porque ella es apropiada para fortalecer la fe, para sembrar la esperanza y para inflamar la caridad del verdadero cristiano”. [Carta, 1820]

* Testigo 59º: Gregorio XVI, Papa (1831-1846)

– Son muchos los testimonios de la más absoluta claridad que demuestran el singular empeño que los Romanos Pontífices, y, por mandato suyo, los demás Obispos de la Cristiandad, han puesto en los últimos tiempos para que los católico de todos los países traten de posesionarse con afán de la Palabra divina, tal como aparece en la Sagrada Escritura y en la Tradición. [Encíclica “Inter Praecipuos”, 6 Mayo 1844]

* Testigo 60º: Félix Torres Amat, Obispo de Astorga y Traductor de la Biblia al Castellano

– La Iglesia siempre ha deseado y procurado que los fieles lean y mediten las Santas Escrituras; y que si durante algún tiempo no ha permitido a todos indistintamente su lectura en lengua vulgar, sino que ha dispuesto que fuese necesario el permiso del superior eclesiástico, es porque así lo exigían justas y gravísimas causas. [Discurso preliminar sobre las Santas Escrituras]

* Testigo 61º: Beato Federico Ozanam, Fundador de las Conferencias Vicentinas

– Solía entregarse cada mañana, desde que se despertaba, a una medio hora de lectura de los Libros Sagrados, señalando enseguida los pasajes que le habían llamado la atención. A ésto él lo llamaba su ‘pan cotidiano’.

* Testigo 62º: Juan Donoso Cortés, Marqués de Valdegamas

– ¿Quién enseñó al maestro Fr.Luis de León a ser sencillamente sublime? ¿De quién aprendió Herrera su entonación alta, imperiosa y robusta? ¿Quién inspiraba a Rioja aquellas lúgubres lamentaciones, llenas de pompa y majestad, y henchidas de trsiteza, que dejaba caer sobre los campos marchitos y sobre los mustios collados, y sobre las ruinas de los Imperios, como un paño de luto? ¿En cuál escuela aprendió Calderón a remontarse a las eternas moradas sobre las plumas de los vientes? ¿Quién puso delante de los ojos de nuestros grandes escritores místicos los oscuros abismos del corazón humano? ¿Quién puso en sus labios aquellas santas armonías, y aquella vigorosa elocuencia, y aquellas tremendas imprecaciones, y fatídicas amenazas, y aquellos arranques sublimes, y aquellos suavísimos acentos de encendida caridad y de castísimo amor, con que unas veces poníana espanto en la conciencia de los pecadores, y otras levantaban hasta el arrobamiento las limpias almas de los justos? Suprimid la Biblia con la imaginación y habréis suprimido la bella, la grande literatura española, o la habréis despojado al menos de sus destellos más sublimes, de sus más espléndidos atavíos, de sus soberbias pompas y de sus santas magnificencias.

* Testigo 63º: E. Lacordaire

– Dice a un joven corresponsal: “Su vida espiritual me inspira un temor, y es que Ud. no lea nunca, o lea sin provecho, los Sagrados Códigos.” [Lettre a un jeune homme, pag. 146]

– La Escritura es como una alta montaña que constituye el faro del mundo. [Culte de Jésus-Christ dans les Escritures] – – La Biblia es a un tiempo el drama de nuestros destinos, la historia primitiva del género humano, la filosofía de los santos, la legislación de un pueblo elegido y gobernado por Dios. Es ella, dentro de una providencia de cuatro mil años, la preparación y el germen de todo el porvenir de la humanidad. Ella es el depósito de las verdades que le son necesarias, la carta magno de sus derechos, el tesoro de sus esperanzas, el abismo de sus consolaciones, la boca de Dios que se ha abierto sobre su corazón. Ella es el Cristo de Dios que la ha salvado. [Lettres a un jeune homme]

* Testigo 64º: Cardenal Gibbons y el Tercer Concilio Plenario de Baltimore (1884)

– No será necesario recordaros que la Sagrada Escritura ebe ser el más precioso tesoro en la biblioteca de cada hogar y el que ha de usarse con más frecuencia y cariño… Para los feligreses laicos, la Sagrada Escritura es un tesoro en que si bien no buscan lafe, la cual les es enseñada por la Iglesia Infalible, ni la regeneración de las almas, peri sí la firmenza de la fe, el afianzamiento en la esperanza y el incremento de la caridad.

* Testigo 65º: El Arzobispo de Caracas (1889)

– El ejemplar de la Sagrada Biblia, edición de Filadelfia, impreso bajo la dirección del Ilustrísimo Señor Arzobispo Santiago F. Wood no sólo me parece católicos sino también muy estimable y desearía que todos mis diocesanos pudieran comprarla y tenerla en sus casas para su instrucción. [Biblia de Torres Amat, editada por el Arzobispo de Filadelfia]

* Testigo 66º: León XIII, Papa (1878-1903)

– Concedió indulgencias a los que piadosamente leyeren los Evangelios. Quien lea cada día, durante un cuarto de hora por lo menos, el Santo Evangelio, gana cada vez 300 días de indulgencia; quien lo lea durante todo un mes, gana indulgencia plenaria.

– La Escritura es el alma de la teología, y no puede tratarse la teología con dignidad y acierto sino estudiando asiduamente los Libros Sagrados. [Encíclica Providentissimus Deus]

– Que todos, pues, y muy especialmente los soldados de la sagrada milicia, comprendan, por los ejemplos de Cristo y de los apóstoles, en cuánta estimación deben ser tenidas las divinas Letras y con cuánto celo y con qué respeto les es preciso aproximarse a este arsenal. Porque aquellos que deben tratar, sea entre doctos o entre ignorantes, la doctrina de la verdad, en ninguna parte fuera de los libros santos encontrarán enseñanzas más numerosas y más completas sobre Dios, Bien sumo y perfectísimo, y sobre las obras que ponen de manifiesto su gloria y su amor. Acerca del Salvador del género humano, ningún texto tan fecundo y conmovedor como los que se encuentran en toda la Biblia, y por esto ha podido San Jerónimo afirmar con razón «que la ignorancia de las Escrituras es la ignorancia de Cristo». [Encíclica Providentissimus Deus]

– Exhortamos, por último, paternalmente a todos los alumnos y ministros de la Iglesia a que se acerquen siempre con mayor afecto de reverencia y piedad a las Sagradas Letras, ya que la inteligencia de las mismas no les será abierta de manera saludable, como conviene, si no se alejan de la arrogancia de la ciencia terrena y excitan en su ánimo el deseo santo de la sabiduría que viene de arribas(65). Una vez introducidos en esta disciplina e ilustrados y fortalecidos por ella, estarán en las mejores condiciones para descubrir y evitar los engaños de la ciencia humana y para percibir y referir al orden sobrenatural sus frutos sólidos; caldeado así el ánimo, tenderá con más vehemencia a la consecucíón del premio de la virtud y del amor divino: «Bienaventurados los que investigan sus testimonios y le buscan de todo corazón» [Encíclica Providentissimus Deus]

* Testigo 67º: Santa Teresita del Niño Jesús

– Si yo hubiese sido sacerdote, hubiera aprendido el hebreo para poder leer la palabra de Dios tal como Él se digno expresarla en el lenguaje humano. [Consejos y recuerdos]

– A veces cuando leo ciertos tratados en los que el camino de la perfección se presenta sembrado de mil obstáculos, mi pobre pequeñito espíritu se fatiga muy pronto; cierro el libro que me rompe la cabeza y me seca el corazón y tomo la Sagrada Escritura. Entonces todo me parece luminoso; una sola palabra descubre a mi alma horizontes infinitos, la perfección me parece fácil; veo que basta reconocer su nada y abandonarse como un niño en los brazos de Dios. [Carta a los Misioneros]

– Si abro un libro, aunque sea el más hermosos y conmovedor, se me oprime el corazón al momento, y leo sin comprender, o si comprendo, se detiene mi espíriti sin poder meditar. En esta impotencia acuden en mi socorro la Sagrada Escritura y la Imitación de Cristo: en ellas encuentro un maná escondido, sólido y puro. Pero el Santo Evangelio, más que ningún otro libro, mantiene mi oración: en él bebe a su sabor mi pobrecita alma. Cada vez descubro nuevas luces, ocultos y misteriosos significados. [Autobiografía, cap. 8]

* Testigo 68º: Mons. J. F. Wood, Arzobispo de Filadelfia

– La Santa Biblia Católica en idioma castellano, publicada por los Señores Juan E. Potter y Compañía de Filadelfia, ha recibido mi sanción y aprobación más cordiales, y el libro puede aceptarse y usarse sin temor ni escrúpulo por los fieles.

* Testigo 69º: San Pío X, Papa (1903-1914)

– Queriendo renovarlo todo en Jesucristo, nada deseamos más que el acostumbrarse nuestros hijos a tener la Sagrada Escritura para la lección cotidiana. Por ella se puede conocer el modo de renovar todas las cosas en Jesucristo. [Carta al Cardenal Cassetta, 1987]

– Menester es que los alumnos suplan por su cuenta lo que falta en las prelecciones escolares, para obtener el dominio de esta disciplina. No pudiendo el profesor, por falta de tiempo, interpretar detalladamente toda la Escritura, ellos continuarán privadamente la lectura del Antiguo y del Nuevo Testamento, en un espacio de tiempo deterinado para cada día. En lo cual bueno será añadir un breve comentario que esclarezca oportunamente los lugares oscuros y explique los difíciles.

* Testigo 70º: Mons. Enrique, Obispo de Palencia

– Multiplícanse los libros de devoción, ya con nuevas producciones, ya repitiendo las ediciones de los antiguos, y en forma que les hace accesibles a toda clase de fortunas. Nunca se alabará bastantemente este empeño de las asociaciones y librerías religiosas en divulgar tal genero de escritos contrarrestando lso perniciosos efectos de las malas lecturas; pero el uso de los libros de devoción no excluye, antes supone el uso frecuente de los Divinos Libros, de quienes primaria y fundamentalmente se derivan la autoridad, el mérito y la estima que a aquéllos justamente se concede. [Prólogo del Nuevo Testamento, ed. Herder]

* Testigo 71º: Arzobispo de Santiago de Chile (1903)

– La impresión del Nuevo Testamente en español viene a llenar una verdadera necesidad, llevando a todos los corazones los consuelos de la Palabra de Dios… Haré cuanto pueda para activar la ciruculación de tan importante libro. [Nuevo Testamento, ed. Herder]

* Testigo 72º: Cardenal Arcoverde, de Río de Janeiro

– ¡Propagar los Evangeliso! ¡Todas las almas piadosas tomen a su cargo esta santa misión: propagar la lectura de los SS: Evangelios en todas las clases sociales!

* Testigo 73º: Mons. M. Landrieux, Obispo de Dijón

– El catecismo es siempre una lección. El Evangelio es una historia. ¿Porqué querer enseñar como una lección lo que se puede enseñar como una historia? El niño ‘aguanta’ lo que es lección; pero no se cansa nunca de las historias. El niño no escucha una historia como lo hacemos nosotros distante que nos deja extraños a la acción: el niño entra, se mete todo entero, con su imaginación, su sensibilidad; todo toma forma, todo se anima para él, y entonces, si se le habla de Nuestro Señor, si se le cuenta su vida, donde se mezclan los relatos ingenuos y floridos de las parábolas, en el cuadro palestiniano, el elemento maravilloso de los milagros, a través del cual resplandece Su Divinidad,el niño ve a Jesús, lo oye, lo escucha, lo sigue, y bien pronto se pone a amarlo; y si se tiene cuidado de orientar su fe, su corazón, su piedad hacia el tabernáculo para recordarle sin cesar que el Jesús del Evangelio, el mismo, está ahí escondido, vivo en el Sacramento, con nosotros, para nosotros, el trabajo de formación, de educación religiosa se hace sin esfuerzo. ¿Puede concebirse un católico práctico que no haya leído nunca el Evangelio? Pues tal es el caso de la enorme mayoría. Se podría se perfectamente instruido en religión con solo conocer el Evangelio, porque en él está toda la substancia del Catecismo; pero la recíproca no es verdadera, porque en el Catecismo no está todo el Evangelio. [Carta Pastoral]

* Testigo 74º: R. Vigoroux, editor de una políglota de la Biblia y célebre escriturista

– El P. Olier, fundador del Seminario y de la Congregación de S. Sulpicio, lleno de devoción a la Sagrada Escritura, nos ha enseñado a amar con el mismo amor y venerar por el mismo culto Vuestra Satna Humanidad y Vuestra Sagrada Palabra: Par cultus et amor utrique. ¡Haced, oh Señor, que el amor a Vuestros Santos Libros florezca siempre en medio de nosotros!… ¡Ojalá que todos los cristianos reconocieran el valor del don queVos les habéis concedido en las Letras Sagradas! [Les Livres Saints et la Critique rationaliste, pag. XII]

* Testigo 75º: Benedicto XV, Papa (1914-1922)

– En este mismo orden de cosas, resultan muy beneméritos de la causa católica aquellos que en las diversas regiones han procurado y siguen procurando editar en formato cómodo y claro y divulgar con la mayor diligencia todos los libros del Nuevo Testamento y algunos escogidos del Antiguo; cosa que ha producido abundancia de frutos en la Iglesia de Dios, siendo hoy muchos más los que se acercan a esta mesa de doctrina celestial que el Señor proporcionó al mundo cristiano por medio de sus profetas, apóstoles y doctores. [Spiritus Paraclitus 47]

– Ante todo se debe buscar en estas páginas el alimento que sustente la vida del espíritu hasta la perfección. [50]

– Jamás cesaremos de exhortar a todos los fieles cristianos para que lean diariamente sobre todo los santos Evangelios de Nuestro Señor y los Hechos y Epístolas de los Apóstoles, tratando de convertirlos en savia de su espíritu y en sangre de sus venas. [45]

– Como no puede estar la cabeza separada del cuerpo místico, así con el amor a la Iglesia ha de ir necesariamente unido el amor a Cristo, que debe ser considerado como el principal y más sabroso fruto de la ciencia de las Escrituras. [61]

– Deseamos a todos los hijos de la Iglesia que, penetrados y fortalecidos por la suavidad de las Sagradas Letras, lleguen al conocimiento perfecto de Jesucristo. [66]

* Testigo 76º: L. Cl. Fillion, Traductor de la Biblia al Francés

– Los sacerdotes no se dan suficientemente cuenta del bien que pueden producir a muchos laicos la lectura de los Evangelios, del Nuevo Testamento, del Antiguo Testamento, hecha con buenas disposiciones. [L’Etude de la Biblia, pag. 107]

* Testigo 77º: Mons. Pablo G. Von Keppler, Obispo de Rottenburgo

– La Sagrada Escritura es el libro de la consolación, regalado a nosotros por Nuestro Señor Jesucristo y Dios Padre nuestro, el cual nos amó y nos dió el consuelo eterno y la buena esperanza de la gracia (II Tes. 2, 15). “Bendito sea el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, el Padre de las misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en toda nuestra tribulación” (II Cor. 1, 3ss). [Escuela del Dolor, num. 180]

* Testigo 78º: Cardenal L. E. Dubois, de París

– Demasiado tiempo se ha descuidado el uso diario de la lectura de nuestros Libros Santos como alimento habitual. La Iglesia desea que el pueblo cristiano se familiarice cada vez más con los textos sagrados; todos aquellos que le ayudan a realizar ese deseo son, a sus ojos, buenos obreros a quienes aliente y bendice. [Carta-prefacio a la nueva edición de la Biblia por Crampon]

* Testigo 79º: Cardenal D. J. Mercier

– El mejor medio para habituarse al culto y a la inteligencia del Misterio cristiano es la práctica constante de la lectura, con espíritu de fe, de los Libros del Nuevo Testamento, especialmente de los escritos de San Pablo y de San Juan, y, en particular, las cartas a los Efesios, a los Colosenses y a los Hebreos; el sermón de Nuestro Señor después de la Cena y el Apocalípsis; del Antiguo Testamento, los Libros sapienciales y los Salmos. [Vida interior, pag. 470]

* Testigo 80º: Pío XI, Papa

– Solamente la ceguera y la terquedad pueden cerrar los ojos ante los tesoros de saludables enseñanzas escondidas en el Antiguo Testamento. Por tanto el que pretende que se expulsen de la Iglesia y de la escuela la Historia Bíblica y las sabias enseñanzas del Antiguo Testamento, blasfema de la Palabra de Dios, blasfema del plan de salvación del Omnipotente y erige en juez de los planes divinos un estrecho y restringido pensamiento humano [Encíclica “Mit Brennender Sorge”].

– Pío XI, hablando a estudiantes universitarios, les recomienda la lectura del Evangelio, “no sólo porque narra lo que Jesucristo ha dicho y ha hecho, sino porque contiene lo que Él quiso que fuese legado a nosotros como necesario para nuestra instrucción y santificación” [Discurso a la Fed. Univ. Cat. Ital. 6 de Enero de 1927].

– Fuera del Santo Evangelio no hay otro libro que pueda hablar al alma con tanta luz de verdad, con tanta fuerza de ejemplos y con tanta cordialidad.

* Testigo 81º: Los Obispos de Suiza

– El Evangelio es el más hermoso libro que más que los demás conforta el corazón de los fieles y lo eleva. Apoyándonos en el ejemplo de la Iglesia, os exhortamos a leer muy a menudo el Evangelio; si es posible, todos los días. [Carta pastoral del año 1922]

* Testigo 82º: March – Ferreres

– Lo primero que hace un embajador que quiere ser admitido en la corte de un soberano, es presentar sus credenciales. Pues, siendo también nosotros embajadores de Jesucristo, pro Christi ergo legatione fungimur (II Cor. 5, 20), presentemos nuestro título, que es la Sagrada Escritura. Sus pruebas tienen grande eficacia, no sólo por la autoridad y unción divina del Espíritu Santo que las acompaña, sino también por la irresistible fuerza de los argumentos que en ella se aducen, sobre todo en los libros morales. Debe, pues, el predicador estudiar y hacerse familiar con esta ciencia sagrada, si quiere hacer fruto y como divinizar el discurso; pues sin esta autoridad no sólo sería árida y estéril su palabra, sino que sus reflexiones parecerían puramente humanas. [Tesoro del Sacerdote, tomo II, num. 687]

* Testigo 83º: Mons. Mario Besson, Obispo de Friburgo (Suiza)

– La Iglesia ha cuidado siempre de una sólida instrucción religiosa mediante las Sagradas Escrituras, poniendo, sin embargo, un celo especial y justificado en evitar que los fieles, por una forma inadecuada de instruirse, perjudiquen la solidez de su fe. [L’Eglise Catholique et la Bible]

* Testigo 84º: Cardenal Isidro Gomá y Tomás, de Toledo

– La composición de una homilía, sea exegética o temática, supone un estudio directo del texto bíblico sobre que se predica. Ya no es en este caso la Escritura un elemento de aportación, más o menos homogeneo con el pensamiento que intentamos desarrollar, sino que el mismo texto suministra la materia y es como el ‘motivo’ o tema general de la predicación, que no puede desentenderse del sagrado texto sino para las inmediatas aplicaciones que de él derivan. [La Biblia y la Predicación, p. 280]

– El primer deber del predicador será estudiar las Sagradas Escrituras. Este estudio no es el de una asignatura; debe ser de toda la vida sacerdotal, porque es estudio fundamental para la vida del espíritu y para el ejercicio del ministerio en el púlpito y fuera de él; tanto y hasta cierto punto más que el mismo estudio de los textos de la teología y de la moral. [La Biblia y la Predicación, p. 299]

* Testigo 85º: Cardenal Miguel Faulhaber, de Munich

– “En la abundancia del tiempo nos habló a través de Su Hijo”. ¡Observemos y santifiquemos, pues, lo que nos dijera el Hijo, releyéndolo constantemente en los Evangelios! Encontraremos tiempo para ello si lo queremos sinceramente y si economizamos tiempo en las otras cosas. El Evangelio es más que cualquier libro de hombres, y por eso ningún libro de hombres puede reemplazarlo perfectamente. ¡Obsequiad más libros de valor educativo con motivo de la Navidad! Pero la preferencia sobre todos los libros corresponde al Libro de los libros, sobre todo al Evangelio y las demás Escrituras del Nuevo Testamento. La Navidad es el día de la fiesta de los tres Evangelios con la triple bendición: “La lectura del Evangelio sírvanos de gracia y protección”, “Que se remitan nuestros pecador por el Verbo del Evangelio”, “Cristo, Hijo de Dios, enséñanos la palabra de tu Evangelio”: Una tempestad ruge a través de nuestro País, y ella quisiera arrojar las Sagradas Escrituras del suelo alemán porque las considera como libros judíos. Estoy seguro de que esta tempestad más pronto avivará en todas las religiones sagradas el fuego de un nuevo entusiasmo por las Sagradas Escrituras. Nuestros hermanos separados no se arrodillan junto a nosotros en el banco de la comunión. Pero el creyente estudio del Sagrado Evangelio es la comunión espiritual con nuestro Señor y Salvador. En el mes de mayo del año 1928 se celebró en Turín una gran asamblea pro divulgación de las Sagradas Escrituras bajo el lema: “Conocer, vivir y difundir el Evangelio”. En aquella oportunidad, el Santo Padre Pío XI escribió a aquella asamblea: “Ningún libro puede hablar al alma con tanta fuerza de ejemplo y con tanta cordialidad como el Santo Evangelio”. [Judaísmo, Cristianismo, Germanismo, pag. 82 y 83]

– El Evangelio es el mejor libro de devoción y meditación.

* Testigo 86º: P. Cordovani, Maestro de los Sagrados Palacios

– El libro que debe hallarse en el primer puesto de la biblioteca de un sacerdote es la Sagrada Biblia en una buena traducción en la lengua patria, hecho libro de meditación y de estudio, inseparable del Breviario, el cual tambien tiene tanta parte de la Biblia.

* Testigo 87º: Cardenal Nasalli Rocca di Cormeliano, Arzobispo de Bolonia (al bendecir una sociedad bíblica)

– Es un consuelo para Nos, ver en Bolonia, los primeros albores de una asociación de hombres cultos, que se llaman “Siervos de la Eterna Sabiduría”, porque, con humildad, se acercan a aquellas fuentes, donde el intelecto tiene que aprender riquezas estupendas. Con humildad; la que falta a nuestros contemporaneos, los cuales no quieren inclinar la cabeza delante de Dios, hecho humilde maestro de los hombres, desde la cuna de Belén hasta la ignominia del Calvario; pero bajan, sí, la cabeza delante de verdaderos desequilibrados de la ciencia ¡Oh! Bendecimos de corazón la oportuna, nobilísima forma de apostolado, que, sobre todo en las grandes ciudades, puede ser centro irradiador de un sano calor de vida, en una atmósfera glacial de prejuicios e ignorancia, que se respoira en las más altas esferas sociales.

* Testigo 88º: Mons. Luis Civardi

– Se impone por ende un retorno a los orígenes. Es necesario reabrir el libro de los Evangelios, volver a ponerlo entre las manos de los fieles, hacerlo entrar, como honorable huésped, en todos los hogares cristianos. Este retorno a la lectura del Evangelio ha sido auspiciado por todos los últimos Pontífices. Y no bastará para esto que se lo lea una sola vez. Al contrario, deberá ser el compañero de toda nuestra vida, el libro base de nuestra ascesis; el pan de todos los días, que se convierte en sangre del espíritu; que a nuestra alma debilitada por el pecado Jesucristo ha dejado estos dos alimentos: la Eucaristía y el Evangelio. [Directivas a la Acción Católica Italiana]

* Testigo 89º: P. A. Tanquerey

– El libro de los Salmos es el libro de oración por excelencia en el que hallamos expresos, en un lenguaje lleno de vida y de actualidad, los más sentidos afectos de admiración, de adoración, de temor filial, de agradecimiento y de amor, junto con las más ardientes súplicas en las más varias circunstancias y más angustiosas; las invocaciones del justo perseguido a la justicia divina; los ayes de dolor del pecador contrito y humillado; la esperanza del perdón y de la misericordia, y la promesa de una vida mejor. Leerlos una y otra vez, meditar en ellos, y con ellos acompasar nuestros afectos, es cosa que mucho santifica. [Compendio de Teología ascética y mística, n° 575 c.]

* Testigo 90º: Mons. Audino Rodriguez y Olmos, Arzobispo de San Juan

– La Revista Bíblica… constituye un síntoma revelador. Ello significa que estamos volviendo de lleno a las fuentes de espiritualidad que habíamos descuidado, y retornamos al camino que ha de conducirnos a la vida, con renovada comprensión y perfecta conciencia. [Carta al Director de la Revista Bíblica, 12 Oct. 1939]

* Testigo 91º: Paul Claudel

– Creo que todo el mundo estará de acuerdo conmigo para otorgar a la Biblia el título del más grande Libro de la Humanidad. Es el libro por excelencia; en él toda nuestra civilización cristiana ha aprendido a leer; de él nosotros, pueblos de Occidente, hemos extraído todas nuestras ideas morales, artísticas y literarias; de él desbordó, como de un río gigantesco de aguas fecundas un tesoro inagotable de santidad y de genio, desde las catedrales románias hasta el “Mesías” de Haendel, pasando por la Capilla Sixtina. El gran beneficio que nuestros hijos obtendrían de un conocimiento siquiera fuese superficial de la Sagrada Escritura, siempre tan viviente y tan actual, reside en que ella establece entre el mundo físico en que vivimos y el mundo interior de donde extraemos nuestras razones de vivir, una relación sustancial llena de hallazgos e inestimables satisfacciones para espírituos ingenuos y sanos. Y a la par que nos interesa y nos deleita, alimenta a nuestra alma. Ese libro prodigioso ha quedado a nuestra disposición, y resulta muy triste comprobar que hoy sea objeto de olvido, incomprensión y desconocimiento tan generales.

* Testigo 92º: Mons. Carmelo Ballester Nieto, Obispo de León

– A las Sagradas Escrituras, más particularmente al Nuevo Testamento, y más específicamente aún a los Santos Evangelios, debe recurrir el Sacerdote para ser un ministro verdadero del Señor. En el Evangelio debe formar su corazón, su mente; en él debe mirarse como en un espejo para saber cómo debe vivir; en él debe leer para aprender lo que tiene que enseñar al pueblo; en él debe meditar el contraste de consuelo y de horro que ofrece a todo ministros de Dios la conducta santa de Sacerdotes y de personajes como Zacarías, el Precursor, el Príncipe de los Apóstoles, el Discípulo predilecto, y la conducta tan triste de los Sumos Sacerdotes Anás, Caifás, Ananías y del Apóstol traidor, Judas. El Sacerdote, en el Evangelio encuentra también a Ejsús, el Sacerdote por excelencia. ¡Qué encantadora resulta para todo Sacerdote la Persona de Jesús! ¡Cuán fácilmewnte se le ve modelo de vida interior, siempre unido a su Padre, a su Santísima Voluntad, recurriendo con frecuencia a la oración! ¡Cuán fácilmente se le ve también odelo de esa vida apostólica serena, pura de intención, y siempre activa, que debe ser la vida de todo sacerdote! [Prólogo del Nuevo Testamento]

* Testigo 93º: Mons. Antonio M. Barbieri, Arzobispo de Montevideo

– Su obra, por todos estos motivos, es altamente meritoria, y contribuirá sin duda a una mayor inteligencia del texto sagrado cuyo estudio se hace cada día más necesario. Le felicito, pues, de corazón por su trabajo, esperando que pueda completarlo con los volúmenes que han de seguir a este primero, y asegurando una larga difusión a esta edición. [Carta al Director de la Revista Bïblica (25 Marzo 1943)]

* Testigo 94º: Cardenal Santiago Luis Copello, de Buenos Aires

– En esas sagradas páginas el cristiano encuentra siempre el alimento espiritual que su alma necesita. Ahí el cristiano humilde templa su fe, aumenta su caridad y fortalece su esperanza, asegurando su eterna salvación con todas y cada una de las acciones de su vida realizadas conforme a esas hermosas enseñanzas evangélicas. [Prefacio de la edición argentina de los Santos Evangelios del Cardenal Gomá]

– La mayor desgracia de la humanidad ha sido y es, el haberse apartado de la lectura y la práctica de la Doctrina predicada por Jesús Nuestro Señor, y contenida en los Santos Evangelios. Volver a la lectura y a la meditación constante del Santo Evangelio, para luego, por medio de las obras, poner en práctica esa Doctrain, será el único remedio para tantos males que afligen a la humanidad.

– Volvamos al Evangelio, para que el Evangelio vuelva a la Sociedad, a las familias, a las conciencias, y sea estudiado, comprendido, vivido y difundido.

– Bendecimos la formación de los Grupos del Santo Evangelio que proyecta esa Federación (de Maestros Católicos) con todas las garantías establecidas por la Santa Iglesia y concedemos 200 días de indulgencia a cuantos asistan a sus reuniones.

* Testigo 95º: Mons. Juan P. Chimento, Arzobispo de la Plata

– Sin desconocer los méritos de las obras ascéticas, cuyos quilates están definitivamente consagrados por los más prestigiosos maestros de la vida sobrenatural, es evidente que nunca pueden ser puestas en parangón con el mensaje celestial que hallamos en las Sagradas Escrituras. Entre éste y aquellas media la distancia infinita que va de la palabra humana a la palabra divina. [Carta-prólogo al Nuevo Testamento ed. Guadalupe]

* Testigo 96º: Resoluciones del Primer Congreso Argentino del Evangelio (10-13 Oct. de 1942)

– Entre otras: El Primer Congreso del Santo Evangelio resuelve: Hacer revivir especialmente las recomendaciones de S.S. León XIII en su Encíclica del 18 de Noviembre 1893. El Soberano Pontífice recomienda cuatro medios para restituir el Evangelio a su debido lugar en el mundo:

1) Que todas las familias cristianas posean el libro del Santo Evangelio; que se lea un pasaje a lo menos a la noche después de la oración hecha en común. Que esta lectura se haga algo más provechosamente en las largas noches de invierno.

2) Que se lo lea y se lo estudie en todas las escuelas católicas, primarias, secundarias y superiores. Es necesario, en la enseñanza católica, dar ante todo el primer puesto al Santo Evangelio. Es necesario estudiarlo más que la Aritmética y la Gramática.

3) Que en las Parroquias se haga una corta lectura del Santo Evangelio en todas las reuniones de los fieles, asociaciones, cofradías, etc., además del Evangelio dominical.

4) Que en cada Parroquia o asociación católica haya un pequeño grupo de hombres o de fieles, de distintas categorías, más profundamente instruidos en el Evangelio. Podrán reunirse todas las semanas o a lo menos todos los meses para estudiar el Evangelio con un sacerdote. Serán para las Parroquias y las asociaciones lo que los Apóstoles de N.S.J. después de haber sido evangelizados por Él, han sido para el mundo entero.

* Testigo 97º: Gustavo Martínez Zuviría (Hugo Wast)

– La Eucaristía que es el Cuerpo real de Cristo, y la Biblia, que es la verdadera palabra de Dios, son los alimentos por excelencia del alma católica.

– No hay lectura ni más substancial ni más adecuada para los tiempos que corren; siempre que sea hecho con reverencia y atención al sentido que le da la Iglesia, su exégeta infalible, o que le dan los Santos Padres, en los muchos puntos en que no hay interpretación fijada por ésta. [Rev. Bíblica, num. 6, pag. 15]

* Testigo 98º: P. B. Pujol, Superior General de los Operarios Diocesanos

– Los autores de tales libros nos estimulan a que estudiemos también nosotros directamente bajo tal aspecto la Sagrada Escritura. Quien así la estudie, hasta sin nombrarla, será capaz de darla constantemente a conocer y de hacerla amar intensamente; y ese estudio e interés del educador le convertirán, por decirlo así, en un compendio del Evangelio. Si escribió Tertuliano esta bella frase: “Christianus, compendium Evangelii”, ¿cuánto más aplicable deberá ser a todo formador del clero? Dios, en su infinita bondad, dé a la Santa Iglesia en el mundo entero abundancia –legión- de tan cabales educadores. [Revista Bíblica 1942, pag. 139]

* Testigo 99º: Mons. Edwin V. O’Hara, Obispo de Kansas City

– Que la Iglesia vea en la Biblia un libro popular se sigue del hecho de que ella antes de la invención de la imprenta pintara todas las escenas y lecciones bíblicas en las paredes y vidrieras de sus catedrales, y que ella, después de llegada la imprenta, haya multiplicado con infinita solicitud las ediciones del Sagrado Texto en todas las lenguas, concediendo de su tesoro espiritual indulgencias a todos los que procuren leerla con espíritu de piedad y docilidad. [Véase Plassmann: “The Book called Holy”, Prefacio]

* Testigo 100º: Pío XII, Papa

– El Evangelio es principio, fuerza y fin de todo Apostolado [Carta al Cardenal Gomá, 3 de Mayo de 1936]

– No permitáis, pues, se debilite vuestra constancia y virtud; sacad de las inagotables fuentes de los Sagrados Libros, diariamente, en cuanto posible sea, el espíritu de Jesucristo y de los Apóstoles, el cual resplandezca siempre en vuestras almas, palabras y obras. [Alocución a los Seminaristas, 24 Junio 1939]

– Vosotros debéis siempre llevar adelante vuestra campaña para propagar el Evangelio con discreción y hacer que las gentes comprendan la aplicación de los principios eternos a las necesidades y condiciones de los tiempos actuales. [Alocución a los jóvenes, 10 Nov. 1940].

Minientrada | Publicado el por | Etiquetado , ,

Cien testigos (2/3)

2. EDAD MEDIA

Testigo 25º: San Beda el Venerable, Doctor de la Iglesia (+ 735)

– Te ruego encarecidamente que te dediques en primer lugar a la lectura de los Libros Sagrados, en los cuales creemos encontrar la vida eterna. [De arte metr. ad Wigbert]

Testigo 26º: Santa Lioba, abadesa y colaboradora de San Bonifacio (+ 782)

– Narra el monje Rodolfo de Fulda que escribió la Vida de la Santa, que ésta fortalecía siempre su espíritu por la lección continua de las Letras Sagradas. Cuando trabajaba, no dejaba de reflexionar sobre alguna palabra de la Escritura; y cuando no estaba trabajando, se hallaba en su mano el libro sagrado. Y en tanto grado sabía de memoria la Biblia que, vieja ya, se despertaba en seguida cuando la lectora que estaba junto a su cama se equivocaba en la pronunciación de una palabra.

Testigo 27º: Rabanus Maurus (+ 856)

– Ella (la Biblia) es la luz imperecedera que ilumina todo el mundo. Si existe alguna ciencia que para sí pueda pretender el atributo de ‘sabiduría’, nace de esta fuente

Testigo 28º: Nicolás I, Papa (858-867)

– Exhorta a los fieles al descanso dominical, para que el cristiano pueda dedicarse a la oración y ocuparse de la Sagrada Escritura. [Responsum ad consulta Bulg.]

Testigo 29º: Juan VIII, Papa (872-882)

– ¡Qué sabiduría más oculta bajo el velo de palabras pasajeras, pero qué verdad más perdurable y qué descanso para el corazón puro que disfruta de la lectura (de la Sagrada Escritura)! Quien al leer la Sagrada Escritura no experimenta esta alegría se queda en la superficie y no obtiene frutos interiores. Así como un poco de vino no solamente sirve para la salud del cuerpo sino que también produce mucho deleite en el espíritu, de la misma manera la Palabra Divina ha de alegrar tanto a los oyentes como a los lectores… La Sagrada Escritura si bien es sencilla y deleitable al que la lee, sin embargo más gusto y placer nace de la esperanza de la vida prometida en ella. [Altercatio Synagogae, cap. 7]

Testigo 30º: San Pedro Damián, Cardenal y Doctor de la Iglesia (+1072)

– Siempre dedícate a la lectura de la Sagrada Escritura. A esto entrégate enteramente, persevera y vive en ella. [Epist. 29 ad Steph.]

– La Sagrada Escritura no por otro motivo ha sido copiada tantas veces sino para aprovechamiento de los hombres; porque todo lo que ella manda o prohibe, es sin duda útil para la salud de nuestra alma. [Epist. 12 ad quendam thesaur.]

Testigo 31º: San Anselmo de Canterbory, Arzobispo y Doctor de la Iglesia (+1109)

– Nuestro sermón resulta sin provecho para salud de las almas, si no tiene su fuente y su orientación en la Sagrada Escritura.

Testigo 32º: San Bruno de Asti, Obispo de Segni (+1123)

– Así como las hierbas aromáticas despiden más intensa fragancia cuando se trituran, así es más vivo el sabor de la Escritura cuando con detención se la rumia. [Vease Gomá, La Biblia y la Predicación pag. 235]

Testigo 33º: San Bernardo, Doctor de la Iglesia (+1153)

– Tenemos necesidad de leer la Sagrada Escritura, puesto que por ella aprendemos lo que debemos hacer, lo que hay que dejar y lo que es de apetecer. Por lo cual dice el Salmo 118: ‘Tu palabra es antorcha para mis pies y luz para mis sendas’. Meditante la lectura de la Sagrada Escritura se forman los conceptos y se ejercita el entendimiento. La lectura nos enseña a orar y trabajar… Sé tú, pues, constante en la lectura y meditación de la Sagrada Escritura; camina siempre en la ley de Dios; muestra celo por leer la Escritura, y nunca has de dejar de hacerlo. [De modo bene vivendi, cap. 50]

– La Sagrada Escritura es amabilísima, sobremanera atrayente y tan aleccionadora su lectura, que resulta un gozo investigar lo que tiene de oscuro al para que su dulce contenido evita todas las dificultades del cansancio. [Serm. 1 super Cant.]

– Todos los sexos y todos los estados, cuando se empeñan en buscar, pueden encontrar en la Sagrada Escritura lo que necesitan para la salvación. [De Epist. S. Pauli]

– Aunque estés muerto en el pecado, si oyeres la voz del Hijo de Dios, vivirás; porque la palabra que pronuncia es vida y espíritu. Si tu corazón está endurecido, enviará su palabra y lo derretirá… Si estás tibio, te inflamará; porque su habla es muy ardiente. Si lloras por hallarte en tinieblas, la Palabra del Señor será antorcha para tus pies, y lumbre para tus sendas… Si te combaten ejércitos enemigos, toma la espada del espíritu, que es la Palabra de Dios, y con ella fácilmente alcanzarás la victoria. [Serm. XXIV]

– La Palabra de Dios es viva y eficaz, así que entra en el alma, la saca de su marsmo, mueve, ablanda y hiere el corazón, ese corazón endurecido, ese corazón de piedra y siempre enfermo. Empieza también a arrancar y a destruir, a edificar y a plantar, a regar lo que era árido, a iluminar lo que estaba en las tinieblas, a abrir lo cerrado, a abrasar lo helado, a enderezar lo torcido, y a allanar los caminos tortuosos; de tal manera que entonces el alma bendice al Señor, y todas sus facultades alaban su santo nombre. [Serm. LXXIV]

Testigo 34º: Hugo de San Victor (+1141)

– La Sagrada Escritura es como un maestro público que siempre ha de estar en medio del pueblo, no sólo por la autoridad de que disfruta, sino también por el buen ejemplo que da a los otros. [Miscellan. lib. 1]

– En algunos pasajes, la Sagrada Escritura es semejante al pan duro que se digiere con dificultad, en otros, empero, se toma tán fácilmente como el vino; mas en todos puede ella dar al lector saludable medicina para su alma. [Misc. lib. 1]

Testigo 35º: Ricardo de San Victor (+1173)

– La lectura, y más aún la lectura atenta de los Libros Sagrados, fortalece el alma, debilita al enemigo y le quita las fuerzas. Quien la guarda bien en su memoria y la toma por regla del obrar, es más capaz de vencer al enemigo; pues el conocimiento de la Escritura instruye; y el vivir según ella es luz. [In Cant.]

Testigo 36º: Inocencio III, Papa (1198-1216)

– Acudamos a la Sagrada Escritura cada vez que tengamos que luchar con graves tentaciones; en ella encontramos cosas que nos causan maravillas, y ejemplos que imitar. [Serm. 3 in Dominic. I Quadrages.]

Testigo 37º: Gregorio IX, Papa (1227-1241)

– Siendo probado, como lo es, que la ignorancia de la Escritura ha originado muchos errores, todos tienen que leer o escuchar las Sagradas Escrituras; porque la divina Inspiración, que ha dispuesto estas enseñanzas para la posteridad, quiso también que fuesen aprovechadas por todos los contemporaneos para su propio convencimiento. [Epist. 6 ad Germanum Patriarch]

– Todas las ciencias han de servir a la Sagrada Escritura [véase Denifle-Chatelain, Chartul.]

Testigo 38º: Alejandro de Hales, llamado “Doctor irrefragabilis” (+1245)

– El fin de toda especulación teológica consiste en penetrar plenamente en el conocimiento de la Sagrada Escritura. [S.T.p.I,q.1,membr.4,art.3,4,5]

Testigo 39º: Alejandro IV, Papa (1254-1261)

– De allí brota el profundo pozo de las Escrituras, del cual el mundo bebe copas de profunda inteligencia. [Véase Denifle-Chatelain, Chartul.]

Testigo 40º: Hugo de San Caro, Cardenal (+1264)

– La Sagrada Escritura contiene el alimento y la bebida espiritual, con la cual las almas piadosas pueden recrearse y saciarse espiritualmente. [Prolog. super lib. Jud.]

– Leed con ánimo piadoso la Sagrada Escritura, por la cual se llega al conocimiento de Dios, y entendedla bien. La lee con ánimo piadoso aquel que la ama íntimamente y no reprende lo que no entiende, sino que lo estudia con mayor empeño. [Super Psalm 57]

Testigo 41º: Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia (+1274)

– Es también propio de la Sagrada Escritura, la cual por regla común se propone a todos (según lo que dice S. Pablo a los Rom 1: “Deudor soy igualmente a los sabios y a los ignorantes”), que las cosas spirituales sean expuestas bajo la imágen de las corporales, a fin de que por lo menos de esta manera la comprendan los indoctos, que por su propia inteligencia no son capaces de entenderla. [S.Th.I, 9]

Testigo 42º: San Buenaventura, Cardenal y Doctor de la Iglesia (+1274)

– Todas estas ciencias han sido ordenadas al conocimeinto de la Sagrada Escritura, en la cual aquéllas se encierran y se perfeccionan, y mediante la cual son elevadas a la sabiduría eterna. Por lo cual todo nuestro saber debe tener su fundamento (statum) en el conocimiento de la Sagrada Escritura. [De reductione artium ad Theologiam]

– Por la lectura de la Sagrada Escritura se mantiene firme nuestra alma.

– Sicut Verbum incarnatum, ita verbum inspiratum: La palabra inspirada (de la Biblia) es lo mismo que el Verbo encarnado.

Testigo 43º: Sancta Mectildis (+1283)

– Lo más loable a Dios que pueden hacer los ojos es prodigarse en dulces lágrimas de amor y la lección asidua de las Sagradas Escrituras; y los oídos escuchar de buen grado la Palabra de Dios y estar siempre alerta y diespuestos a obedecer. [El libro de la Gracia especial III, cap. 48]

Testigo 44º: Santa Brígida (+1373)

– La Escritura que llamáis santa vosotros los que vivís, dice que ninguna obra buena quedará sin premio. Esta es la Escritura llamada por vosotros Biblia, pero nosotros, los bieaventurados, la llamamos ‘sol más resplandeciente que el oro’, que fructifica como la semilla que da ciento por uno. Porque como el oro aventaja a los demás metales, así la Escritura que vosotros llamáis santa, y nosotros en el cielo llamamos oro, excede a todas las demás escrituras; porque en ella se honra y predica al verdadero Dios, se recuerdan las obras de los Patriarcas y se explican los vaticinios de los Profetas. [Revelaciones, lib. IV, 1]

Testigo 45º: Tomás de Kempis (+1471)

– Así que me diste (oh Señor), como a enfermo tu sagrado Cuerpo para recreación del ánima y del cuerpo, y pusiste para guiar mis pasos una candela, que es tu palabra. Sin estas dos cosas ya no podría yo vivir bien, porque la Palabra de tu boca luz es del alma, y tu Sacramento es pan de vida. También éstas se pueden decir dos mesas puestas en el sagrario de la Santa Iglesia, de una parte y de otra. La una mesa es el Santo Altar, donde est{a el Pan santo, que es el Cuerpo Preciosísimo de Cristo; la otra es de la Ley divina, que contiene la Santa Doctrina, y enseña la recta fe, y nos lleva fimemente hasta lo secreto del velo, donde está el Santo de los Santos. [Imit. de Cristo IV, cap. 11]

– En las Santas Escrituras se ha de buscar la verdad, no la elocuencia.

– La Sagrada Escritura se ha de leer con el mismo espíritu con que se hizo.

– En la Sagrada Escritura debemos buscar más bien el provecho que la sutileza de las palabras.

– Hemos de leer con tanto gusto los libros devotos y sencillos como los sublimes y profundos. [Imit. De Cristo I, cap. 5]

– Debiéramos tomar las divinas Escrituras con la reverencia con que el anciano Simeón tomó a Jesús en sus brazos [Opusc. 11, De Doctr. Iuv., c. 5]

Minientrada | Publicado el por

Cien testigos (1/3)

Cien testigos que dan testimonio del valor espiritual y ascético de la lectura, meditación y estudio de la Sagrada Escritura.

ERA PATRISTICA

  1. San Clemente Romano, Papa
  2. San Ignacio de Antioquía, Obispo y Mártir
  3. San Policarpo de Esmirna, Obispo y Mártir
  4. San Justino, Mártir
  5. San Ireneo, Obispo y Doctor de la Iglesia
  6. Clemente de Alejandría
  7. Orígenes
  8. Acta Martyrum
  9. San Cipriano de Cartago, Obispo y Mártir
  10. San Antonio Magno, Abad
  11. San Hilario, Obispo de Poitiers
  12. San Atanasio de Alejandría, Obispo y Doctor de la Iglesia
  13. San Efrén, Doctor de la Iglesia
  14. San Basilio de Cesarea, Obispo y Doctor de la Iglesia
  15. San Cirilo de Jerusalén, Obispo y Doctor de la Iglesia
  16. San Gregorio Nazianceno, Obispo y Doctor de la Iglesia
  17. San Ambrosio de Milán, Obispo y Doctor de la Iglesia
  18. San Juan Crisóstomo, Patriarca de Constantinopla y Doctor de la Iglesia
  19. San Jerónimo, el Doctor Máximo
  20. San Agustín de Hipona
  21. San Benito de Nursia
  22. San Gregorio Magno, papa y Doctor de la Iglesia
  23. San Isidoro de Sevilla, Obispo y Doctor de la Iglesia
  24. El Areopagita

EDAD MEDIA

  1. San Beda el Venerable, Doctor de la Iglesia
  2. Santa Lioba, abadesa y colaboradora de San Bonifacio
  3. Rabanus Maurus
  4. Nicolás I, Papa
  5. Juan VIII, Papa
  6. San Pedro Damián, Cardenal y Doctor de la Iglesia
  7. San Anselmo de Canterbory, Arzobispo y Doctor de la Iglesia
  8. San Bruno de Asti, Obispo de Segni
  9. San Bernardo, Doctor de la Iglesia
  10. Hugo de San Victor
  11. Ricardo de San Victor
  12. Inocencio III, Papa
  13. Gregorio IX, Papa
  14. Alejandro de Hales, llamado “Doctor irrefragabilis”
  15. Alejandro IV, Papa
  16. Hugo de San Caro, Cardenal
  17. Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia
  18. San Buenaventura, Cardenal y Doctor de la Iglesia
  19. Sancta Mectildis
  20. Santa Brígida
  21. Tomás de Kempis

EDAD MODERNA

  1. Adriano VI, Papa
  2. Fray Luis de Granada
  3. Luis de León
  4. San Juan de la Cruz, Doctor de la Iglesia
  5. Santa Teresa de Jesús
  6. San Francisco de Sales
  1. P. Luis de la Puente, S. J.
  2. J. J. Olier, Fundador de la Congregación de S. Sulpicio
  3. Pascal
  4. J. B. Bossuet, Obispo de Meaux
  5. Pío VI, Papa
  6. Felipe Scio de San Miguel, Obispo de Segovia y Traductor de la Biblia al Castellano
  7. Pío VII, Papa
  8. Gregorio XVI, Papa
  9. Félix Torres Amat, Obispo de Astorga y Traductor de la Biblia al Castellano

61.Beato Federico Ozanam, Fundador de las Conferencias Vicentinas

  1. Juan Donoso Cortés, Marqués de Valdegamas
  2. E. Lacordaire
  3. Cardenal Gibbons y el Tercer Concilio Plenario de Baltimore
  4. El Arzobispo de Caracas
  5. León XIII, Papa
  6. Santa Teresita del Niño Jesús
  7. Mons. J. F. Wood, Arzobispo de Filadelfia
  8. San Pío X, Papa
  9. Mons. Enrique, Obispo de Palencia

71.Arzobispo de Santiago de Chile

  1. Cardenal Arcoverde, de Río de Janeiro
  2. Mons. M. Landrieux, Obispo de Dijón
  3. R. Vigoroux, editor de una políglota de la Biblia y célebre escriturista
  4. Benedicto XV, Papa
  5. L. Cl. Fillion, Traductor de la Biblia al Francés
  6. Mons. Pablo G. Von Keppler, Obispo de Rottenburgo
  7. Cardenal L. E. Dubois, de París
  8. Cardenal D. J. Mercier
  9. Pío XI, Papa
  10. Los Obispos de Suiza
  11. March – Ferreres
  12. Mons. Mario Besson, Obispo de Friburgo (Suiza)
  13. Cardenal Isidro Gomá y Tomás, de Toledo
  14. Cardenal Miguel Faulhaber, de Munich
  15. P. Cordovani, Maestro de los Sagrados Palacios
  16. Cardenal Nasalli Rocca di Cormeliano, Arzobispo de Bolonia
  17. Mons. Luis Civardi
  18. P. A. Tanquerey
  19. Mons. Audino Rodriguez y Olmos, Arzobispo de San Juan

91.Paul Claudel

  1. Mons. Carmelo Ballester Nieto, Obispo de León
  2. Mons. Antonio M. Barbieri, Arzobispo de Montevideo
  3. Cardenal Santiago Luis Copello, de Buenos Aires
  4. Mons. Juan P. Chimento, Arzobispo de la Plata
  5. Resoluciones del Primer Congreso Argentino del Evangelio
  6. Gustavo Martínez Zuviría (Hugo Wast)
  7. P. B. Pujol, Superior General de los Operarios Diocesanos
  8. Mons. Edwin V. O’Hara, Obispo de Kansas City
  1. Pío XII, Papa

ADVERTENCIA

Los testimonios que siguen a continuación, necesitan una palabra de aclaración:

1) Citamos solamente cien. Podríamos publicar doscientos y más testimonios. Pero ¿para qué este desperdicio? Aquellos que no creen a cien testigos, tampoco darán crédito a doscientos.

2)Las citas son tan exactas como le es posible a uno que ha dejado su colección de citas en Europa y tiene que arreglárse con los recursos que le prestan las pocas e insuficientes bibliotecas que están ahora a su alcance. Los escrituristas encontrarán algún error y lo perdonarán y rectificarán, porque saben de experiencia qué labor tan ardua es hacer una cadena de testigos desde Clemente Romano hasta Pio XII

3)Conforme al fin de este trabajo han sido elegidos solamente aquellos testigos que recomiendan la Sagrada Escritura como instrumento y medo de la piedad cristiana. Hay también quienes señalan los peligros de una lectura indiscreta de los Libros Sagrados, y se entiende por sí mismo que en aquella época, en que a raíz del Protestantismo la lectura de la Biblia en lengua vulgar estaba prohibida a los que no tenían permiso especial (1564-1757, en España hasta 1781), el número de Testigos es relativamente escaso.

4)Registrando los nombres, notamos dos épocas de apogeo en la valorización del Libro divino para la piedad cristiana: la era patrística y el siglo XX. ¿Es acaso porque el tiempo moderno tiene tanta semejanza con los primeros siglos el Cristianismo, en cuanto a la decadencia de las costumbres y falta de espiritualidad? El hecho es que desde León XIII la voz de la Iglesia Docente y de los hombres de espiritualidad recomiendan cada vez más el Libro de los libros como remedio contra los males que han invadido un mundo que todo lo posee menos la espiritualidad del Evangelio.

5)Los cien testigos representan toda la Iglesia de todos los siglos, de Occidente y de Oriente, del Antiguo y Nuevo Mundo, y todos los estados eclesiásticos: Papas, Cardenales, Arzobispos, Obispos, Sacerdotes, Religiosos, laicos, hombres y mujeres. Encontramos entre ellos 16 Sumos Pontífices, 18 Doctores de la Iglesia, 42 Cardenales, Arzobispos y Obispos, 24 escritores católicos. Entre todos estos 34 han llegado al honor de los altares.

  1. ERA PATRISTICA

* Testigo 1º: SAN CLEMENTE ROMANO, PAPA (92-102)

– Vosotros, amados, sabéis bien las Sagradas Escrituras; tenéis un profundo conocimiento de las palabras de Dios. Guardadlas para acordaros de ellas. [Epístola a los Corintios, cap. 53]

* Testigo 2º: SAN IGNACIO DE ANTIOQUÍA, OBISPO Y MÁRTIR (+107)

– Acudo al Evangelio como a la Carne de Cristo, y a los Apóstoles como al presbiterio de la Iglesia.

– No celebremos más el sábado, según costumbre judía, con ociosidad, sino que cada uno de nosotros lo celebre para salud del alma, no (sólo) con recreo y descanso corporal, sino con el deleite de la meditación de las Sagradas Escrituras. [Epístolas a los Magnesios]

* Testigo 3º: SAN POLICARPO DE ESMIRNA, OBISPO Y MÁRTIR (+156)

– Tengo la confianza de que estáis bien versados en las Sagradas Escrituras. Pablo, estando ausente, os ha escrito cartas que os edificarán si las leyereis reflexivamente. [Epístoa a los Filipenses]

* Testigo 4º: SAN JUSTINO, MÁRTIR (+165)

– Siempre nos acompaña nuestro caudillo, la Palabra de Dios… La Divina Palabra compenetra nuestra alma con su vigor… A los mortales nos convierte en inmortales y nos conduce de este mundo al otro. [Orat. ad Graecos, cap. 5]

* Testigo 5º: SAN IRENEO, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA (130-200)

– Leed con el mayor empeño el Evangelio que nos ha sido transmitido por los Apóstoles; leed los Profetas, y encontraréis anunciados la historia, las enseñanzas y la Pasión de Nuestro Señor [Adv. Haereses lib. 4, cap. 66]

* Testigo 6º: CLEMENTE DE ALEJANDRÍA (150-215)

– Así como el mar está abierto para todos y el uno lo aprovecha para nadar, el otro para hacer comercio, el tercero para pescar, y así como la tierra es común de todos y el uno sobre ella camino, el otro se desvía, el tercero hace un edificio, así sucede en la lectura de las Escrituras Sagradas: el uno por el conocimiento de las Sagradas Escrituras se fortalece en la fe, el otro en las costumbres, el tercero renuncia a la superstición. [Apud. Damasc. Lib. 2, Paral. c. 49]

* Testigo 7º: ORÍGENES (+254)

– Ojalá que todos cumpliéramos lo que está escrito: Escudriñad las Escrituras. [Hom. 2 in Is., c. 7]

– Necios y ciegos son todos los que no comprenden que la lectura de la Sagrada Escritura suscita conceptos grandes y dignos. [In Matth. tract. 25, c. 23]

* Testigo 8º: ACTA MARTYRUM

– En las persecuciones, muchos cristianos murieron mártires por guardar en su casa los Libros Sagrados, p.ej. Saturnius, Esperatus, los mártires escilitanos, Sta. Irene, Marcullius, Catulinus, Euplius. Este último confiesa ante el juez: Soy cristiano; no me es lícita entregarlos; prefiero morir. Estos libros me aseguran la vida eterna; quien los entrega, la pierde. Ofrezco mi vida para no perder la vida eterna.

* Testigo 9º: SAN CIPRIANO DE CARTAGO, OBISPO Y MÁRTIR (+256)

– Hállese en vuestras manos la Sagrada Escritura, y la memoria del Señor en vuestros corazones. [Sermo de zelo et livore]

– El cristiano que tiene fe se dedica a la lectura de las Sagradas Escrituras. [De Spectaculis]

* Testigo 10º: SAN ANTONIO MAGNO, ABAD (+356)

– Empéñate en leer las Sagradas Escrituras, porque ellas te darán amparo. [Orat. ad Monach.]

* Testigo 11º: SAN HILARIO, OBISPO DE POITIERS (+366)

– Dios habla para nosotros, y no para Sí, y en la redacción de sus Escrituras ha querido usar de nuestras palabras y maneras de decir y se ha amoldado a los usos y costumbres de nuestra locución. [Expln. in Psal. 126, n.6]

* Testigo 12º: SAN ATANASIO DE ALEJANDRÍA, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA (+373)

– No se aleje de tu boca la Palabra de Dios, ni de día ni de noche. En todo tiempo consista tu obra en la meditación de las Sagradas Escrituras. Has de tener el Salterio y has de aprender de memoria los Salmos. [De virgin. 12]

– Como la Sagrada Escritura sobrepuja a todos los libros, aconsejo que la lean con frecuencia quienes desean saber más de ella. [Epíst. a los Obispos de Egipto y Libia, c. 4]

– Estos (los libros del Antiguo y Nuevo Testamento) son los manantiales de la salud, de los cuales todos los sedientos pueden sacar la Palabra de Dios. [Epíst. festal 39]

* Testigo 13º: SAN EFRÉN, DOCTOR DE LA IGLESIA (+373)

– Cuida de leer frecuentemente los Libros Sagrados… Si por ventura no sabes leer, recurre a otra persona de la cual puedas oírlos con aprovechamiento [Sermo 60]

* Testigo 14º: SAN BASILIO DE CESAREA, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA (+379)

– Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil, escrita únicamente con la asistencia del Espíritu Santo, a fin de que toda alma que busca la salud pueda elegir en ella como en un común depósito de medicamentos, los remedios saludables y apropiados a su debilidad. [Hom. in Psalm 1]

– Obedezcamos el mandato del Señor: Escudriñada las Escritura. [De Bapt. cap. 4]

* Testigo 15º: SAN CIRILO DE JERUSALÉN, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA (+386)

– ¡Recrea tu alma con la lectura de los Santos Libros, ante todo en este tiempo de Cuaresma! [Catech. I]

– Los Salmos ahuyentan a los demonios, llaman en socorro a los Angeles, suministran armas contra los temores nocturnos. En ellos consiste el descanso después de las labores cotidianas, la seguridad de los niños, el adorno de los jóvenes, el consuelo de los ancianos, la gala más conveniente de las mujeres. Ellos dan vida a la soledad, sabiduría al foro. A los principantes son principio; a los adelantados incremento; firmeza a los perfectos. Son la voz de la Iglesia, llenan de alegría los días festivos, crean aquella tristeza que es de Dios. [Ench. Ascet. 246]

* Testigo 16º: SAN GREGORIO NAZIANCENO, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA (+389)

– Con tu mente y tu lengua, ocúpate siempre de las Letras Divinas [Carm. Lib. I, n. 1, carm. 12]

– Adquiere los grandes tesoros de ambos Testamentos de los cuales uno se llama el Antiguo, el otro el Nuevo… Emplea toda aplicación y celo en leerlos; porque en ellos podrás aprender cómo formarte en las mejores costumbres y servir al único y veradero Dios con ánimo devoto.

* Testigo 17º: SAN AMBROSIO DE MILÁN, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA (+397)

– No deje nuestra alma de dedicarse a la lectura de las Letras Sagradas, a la meditación y a la oración, para que la Palabra de Aquel que está presente, sea siempre eficaz en nosotros. [De Abraham lib. 2, c.5]

– Si eres tentado por la concupiscencia y los apetitos, lee el Evangelio; dígate Jesucristo: No se perturbe tu corazón. Si te agobia algún temor, dígate Cristo: No se perturbe tu corazón ni se amedrente. Si el perseguidor te inflige tormentos, lee el Evangelio; dígate Jesús: No se turbe tu corazón ni se amedrente. Lee al Apóstol que dice: Los sufrimientos de la vida presente no son de comparar con la gloria venidera. Si navegas y contra ti se levantan grandes oleadas y se desencadena una oscura tormenta, dígate Jesús: Soy Yo, no temas. Y si te sobreviene una grande y grave prueba, di antes: Resuelto estoy, y nada me arredra, a cumplir tus preceptos. [Encha. Ascet. núm. 417]

* Testigo 18º: SAN JUAN CRISÓSTOMO, PATRIARCA DE CONSTANTINOPLA Y DOCTOR (+407)

– Sea cual fuere la desgracia que pese sobre el ser humano, en la Escritura encontrará el antídoto adecuado, que ahuyenta todo pesar. Así, pues, es necesario no sólo oír las lecturas en la Iglesia, sino leerla también en casa y hacer que la lectura sea provechosa. [Hom. 29 in cap. 9 Genes.]

– No os contentéis con mirar esas palabras adorables. Es menester alimentarse de ellas, asimilarlas: la verdadera causa de nuestros males es la ignorancia de la Palabra de Dios. [Hom. 9 in cap. 2 ad Col.]

– La Santa Escritura es semejante a un tesoro precioso. Porque si es verdad que upede adquirirse una riqueza considerable con sólo una pequeña parte de un tesoro, ello puede decirse con mayor razón de las Escrituras Santas. Una sola de las sentencias, por breve que sea, encierra plenitud de pensamiento y una riqueza inefable. Es también la Escritura divina semejante a una fuente de abundante e inagotable caudal. Nuestros antepasados bebieron de sus aguas, según sus fuerzas; los venideros beberán también, sin que agoten la fuente, antes al contrario, manará más copiosa y serán más abudantes sus aguas. [In Gen. Hom. 3]

– Es absolutamente necesario que nos armemos continuamente con las Escrituras y saquemos de ellas los remedios eficaces para tantos males. [Homilía sobre Lázaro]

– La lectura de las Sagradas Escituras refresca y alivia y consuela el corazón afligido y atormentado por angustias mortales, atenuando la intensidad y el aguijón del dolor y ofreciendo un sosiego más dulce y apacible que el de la sombra de aquella enramada. [Hom. 4 de poenit. et orat.]

– Un prado es agradable, y es agradable un jardín; pero es más agradable todavía el estudio de la Sagrada Escritura. Porque sus flores se marchitan, pero las palabras de la Escritura tienen un vigor de vida perdurable. El céfiro sopla allí, pero aquí la inspiración del Espíritu Santo… Un jardín está sujeto al cambio de las estaciones; mas la Sagrada Escritura, aún en invierno, está cubierta de hojas, y en todo tiempo de frutos. [Hom. de capt. Eutrop. 1]

– Aunque no entendáis los secretos de la Escritura, con todo, la simple lectura de ella causa en nosotros una cierta santidad; porque no puede ser que dejéis de entender algo de lo que leáis. Porque, a la verdad, por esto dispuso la gracia del Espíritu Santo que estas Escrituras fuesen compuestas por publicanos, pescadores, artífices de tiendas de campaña, pastores, cabreros, torpes e ignorantes para que ningún iletrado puede alegar por excusa la dificultad de comprenderlas, y a fin de que todos entiendan fácilmente lo que en ellas se contiene. [Hom. 3 de Lázaro]

* Testigo 19º: SAN JERÓNIMO, EL DOCTOR MÁXIMO (+420)

– Sé muy asidua en la lectura y estudia lo más posible. Que el sueño te encuentre con el Libro en la mano, y que sobre la página sagrada caiga tu cabeza agobiada por el cansancio. [Carta a santa Eustoquia: Ep. 22, 17]

– Libremos nuestro cuerpo del pecado y se abrirá nuestra alma a la sabiduría; cultivemos nuestra inteligencia mediante la lectura de los Libros Santos: que nuestra alma encuentre allí su alimento de cada día. [In Tit. 3, 9]

– ¿Cómo podríamos vivir sin la ciencia de las Escrituras, a través de las cuales se aprende a conocer a Cristo que es la vida de los fieles? [In Is. Prol.]

– Ignorar las Escrituras es ignorar al mismo Cristo [In Is. Prol.]

– Debemos, pues, con el mayor ardor leer las Escrituras y meditar día y noche la ley del Señor; así podremos distinguir, como ejercitados cambistas, las monedas buenas de las falsas. [In Eph. 4, 31]

– A la matrona romana Leta le da sobre la educación de su hija, entre otros consejos, el siguiente: “Cerciórate de que estudie cada día algún pasaje de la Escritura…; que en vez de las alhajas y sederías se aficione a los Libros divinos… Tendrá que aprender antes el Salterio, distraerse con sus cantos, y extraer de los Proverbios de Salomón una regla de vida. El Eclesiastés le enseñará a hollar los bienes del mundo; Job le brindará un modelo de fortaleza y de paciencia. Pasará enseguida a los Evangelios, que deberá tener siempre entre las manos. Asimilará ávidamente los Hechos de los Apóstoles y las Epístolas. Después de haber recogido esos tesores en el místico cofre de su alma, estudiará a los profetas, el Heptateuco, los libros de los Reyes y de los Paralipómenos, para terminar comprendiendo el Cantar de los Cantares”. [Ep. 107, 9, 12]

– Mientras estés en tu patria, haz de celda un paraíso, come los frutos variados de las Escrituras; pon tus delicias en estos Santos Libros y goza de su intimidad… Ten siempre la Biblia en tus manos y bajo tus ojos; aprende palabra por palabra el Salterio, que tu oración sea incesante, tu corazón vigile constantemente y permanezca cerrado a los pensamientos vanos. [Ad Rusticum. Ep. 125, 7, 3; 11, 1]

– Una vez que conozcas bien las Divinas Escrituras, y te hayas armado con sus leyes y testimonios, que son los vínculos de la verdad, marcharás sobre tus enemigos, los enlazarás, los encadenarás y los traerás cautivos; y luego de estos adversarios y cautivos de ayer harás hijos libres de Dios. [Ad Fabiolam. Ep. 78, 30]

– Relee con frecuencia las Divinas Escrituras, más aún, que el Santo Libro no se aparte jamás de tus manos. Aprende allí lo que luego has de enseñar. Permanece firmemente adherido a la doctrina tradicional que te ha sido enseñada, a fin de estar en condiciones de exhortar según la santa doctrina y de refutar a aquellos que la contradicen. [Ad Nepot. Ep. 52, 7, 1]

– Si hay alguna cosa, oh Paula y Eustoquia, que pueda sujetarnos aquí abajo a la sabidur{ia y que en medio de las tribulaciones y torbellinos del mundo conserve el equilibrio de nuestra alma, yo creo que es ante todo la meditación y la ciencia de las Escrituras. [In Eph. Prol.]

– Nos alimentamos con la Carne de Cristo y bebemos su Sangre no solamente en el Misterio (de la Misa), sino también leyendo las Escrituras.

* Testigo 20º: San Agustín de Hipona (+430)

– La Escritura habla de tal manera que su sublimidad confunde a los soberbios, su profundidad amedrenta a los atentos, su verdad apacienta a los grandes y su afabilidad nutre a los párvulos [De Gen. ad Lit. I, 5, c.3, n.6]

– Si toda ciencia, hasta la más profana y la más fácil, reclama para ser adquirida la ayuda de un hombre docto y de un maestro, ¿puede habr algo más orgullosamente temerario que pretender conocer los Libros que contienen los secretos divinos sin el auxilio de quienes son sus propios intérpretes? [Ad Honorat. de utilit. cred. XX, 17]

– Se nos ofreció la dulzura de las Santas Escrituras, para que pudiéramos mantenernos en el desierto de la vida humana… Acércate a la mesa del Señor, al banquete de las Escrituras; pero cuida de llevar vestidura nupcial, es decir, amor de Dios y del prójimo. [Sermo 90, n.9]

– Cuanto es más pobre el hombre de su propio fondo, más debe enriquecerse en estas fuentes sagradas. Pequeños como somos para expresar las grandes cosas de la fe, hemos de crecer mediante la autoridad de las Escrituras. [De Doctr. Christ. 4, 5]

– Leed la la Escritura, leedla, para que no seáis ciegos y guías ciegos. Leed la Sagrada Escritura, porque en ella encontraréis normas sobre lo que habéis de hacer y lo que habéis de evitar. Leedla, porque es más dulce que la miel y más nutritiva que cualquier otro alimento. [Sermo 48]

– Dadme, Señor, que publique y confiese en vuestra presencia todo cuanto yo hallare y entendiere en vuestros Sagrados Libros; que oiga aquellas voces de alabanza vuestra; que sacie mi sed, bebiendo allí vuestro espíritu y que considere las maravillas que nos refiere vuestra santaLey, comenzando desde el principio en que creáistes el cielo y la tierra, hasta el perfecto establecimiento de aquel reino, que ha de durar con Vos eternamente en vuestra santa ciudad y celestial Jerusalén. [Confes.XI, 2]

– Quien no se aplica a oír en su interior la Palabra de Dios, será hallado vaíoen su predicación externa. [Sermo 179]

– El verdadero Cristo se halla (entre nosotros) tanto en la Palabra como en la Carne. [In Ev. Joh. tract. 26,12]

– Para todas las enfermedades del alma proporciona la Sagrada Escritura un remedio. [Sermo 1 in Psalm. 48]

– Todas las divinas Escrituras son saludables a los que las entienden bien; pero son peligrosas a los que quieren torcerlas para acomodarlas a la depravación de sus costumbres [Sermo 1 in Psalm. 48]

– Ama las Sagradas Escrituras y te amará la Sabiduría.

* Testigo 21º: San Benito de Nursia (+543)

– ¿Qué página o qué sentencias hay en el Antiguo y Nuevo Testamento, que no sean una perfectísima norma de vida humana? [Regla, cap. 73]

* Testigo 22º: San Gregorio Magno, papa y Doctor de la Iglesia (+604)

– ¿Qué otra cosa es la Sagrada Escritura sino una carta que el Señor todopoderoso ha querido por su bondad dirigir a su creatura? Por cierto, en cualquier lugar o situación que te hallares, oh Teodoro, si recibieras una carta del emperador, al punto y sin la menor dilación la leerías: ni tendrías reposo alguno ni dormiría, sin querer saber primero lo que la majestad imperial te ordenaba. Pues habiéndote enviado el Emperador del cielo y el Señor de los hombres y de los Ángeles sus cartas en la que se te trata de tu propia vida: ¿cómo te descuidas en leerlas, y no manifiestas ardor y prontitud en saber lo que en ellas se contiene? Por lo cual, te encargo estrechamente, que te apliques a este estudio con la mayor afición, y que medites cada día las palabras de tu Creador. Aprende por la Palabra de Dios, cuál es para contigo el corazón de Dios. [Ad Theod. Med. Ep. 31]

– La Palabra Divina, la cual está llena de misterios para ejercitar los entendimientos más elevados, contiene también verdades muy claras, propias para nutrir a los sencillos y menos ilustrados. Es semejante a un río, cuyo cauce (ensanchándose) fuese en algunas partes tan poco profundo que pudiese pasarlo un corderito; y tan hondo en otras, que pudiese nadar un elefante. [Carta a San Leandro, Obispo de Sevilla]

* Testigo 23º: San Isidoro de Sevilla, Obispo y Doctor de la Iglesia (+ 636)

– El camino que conduce a Cristo es la Sagrada Escritura, mediante la cual los justos se acercan a Dios y le reconocen tal ual es. Las santas y sublimes Escrituras son semejantes a montes que nos proporcionan alimento; todo hombre piadoso que los sube, tiene el pleno goce de encontrar alimento eterno. [De Summo Bono, lib. I, c. 13]

* Testigo 24º: El Areopagita

– Leer la Biblia es rezar, meditarla es hacer oración, reverenciarla es adorar la incomprensibilidad divina, familiarizarse con la Biblia es entrar en conversación frecuente con Dios y empezar a gozar de Él.

 

__________________________________

En: Straubinger, Juan. La Iglesia y la Biblia. Guadalupe, Bs. As., p 189 y ss.

Minientrada | Publicado el por | Etiquetado , , ,

¡Sursum corda!

descarga

Si queremos comenzar por un comienzo debemos  saber quién es FUSA. La llamada CASA FUSA, con domicilio en calle Lezica número 3902, del barrio de Almagro, CABA, con teléfonos n° 011-4981.4241 y 0111.4982.1981, con una clínica de tres pisos, y cuyo secretario es el Sr. Daniel Levit, es la que inició la CAMPAÑA. Es decir, la actividad encaminada a disminuir la población del país mediante la legalización del delito de aborto. La Casa Fusa no es más que la sucursal de la ONG del Partido Demócrata  de USA, IPPF (International Planned Parenthood Foundation), a la cual el Presidente Donald Trump le quitó  los suculentos subsidios que recibía por atentar contra el crecimiento demográfico de los EE.UU. ( y negociar con los tejidos de los fetos abortados). De todas maneras, a esta ONG no le falta dinero para apoyar la acción abortera en el orbe, toda vez que recibe buenos fondos de la Fundación Rockefeller y de otros magnates, entre ellos, George Soros (quien acaba de ser expulsado de la Federación Rusa por ese motivo). En su actividad está asociada a Human Rights y Amnesty International (y está prohibida en Hungría y Polonia). Su especialidad consiste en sembrar de clínicas abortistas las inmediaciones de las Universidades, donde estudian sus principales clientes (que no son las mujeres pobres, precisamente). En cualquier caso ellos sostienen que no hacen más que cumplir con la política que décadas atrás enunciara el ex Secretario de Defensa de USA, Robert Mac Namara, luego presidente del Banco Mundial, avalada por el Secretario de Estado, Henry Kissinger, de reducir la población mundial mediante la difusión del aborto. Pues ha sido FUSA la que acá ha solventado la propaganda abortera, sobornando a  periodistas de diarios, radio y televisión, amén de la compra de votos legislativos. Entonces, cuando se quiera saber quién financió todo ese despliegue mediático debe tener muy presente a FUSA y su  Campaña. A ese respecto el Dr. Roberto Castellano ha mostrado que FUSA recibe  de IPPF alrededor de tres millones y medio de dólares para su Campaña. Esa generosa beneficencia hacia nuestro país, no empobrecerá mucho a la matriz, puesto que el capital de IPPF es enorme, del orden de los 700.000.000 de u$s.

Acto seguido pasemos a los sucesos del día 14 de junio, aniversario de la derrota nacional en Malvinas de 1982, y  del cual el proyecto abortista es una secuela obligada. Porque la victoria da derechos, dirían los vencedores de Puerto Argentino, o como manifestó el nieto de Winston Churchill en la Cámara de los Comunes británica, el 6 de junio de 1982, “debemos hundir  a la Argentina en la tierra de la humillación”. A su propósito, recordemos que dos jalones anteriores de tal intención fueron la sanción de la Ley de Divorcio de Raúl Ricardo Alfonsín, que destruyó los diques de contención de las desavenencias familiares, y la aprobación del Matrimonio Igualitario, de Néstor y Cristina Kirchner, que equiparó la institución ancestral de la humanidad con el apareamiento de los sodomitas. Faltaba el aborto para coronar la empresa destructiva. El “Aborcio” (aborto más divorcio, como por entonces se dijo), el TNT (trinitro tolueno) para dinamitar la familia, base secular de cualquier sociedad. En eso estamos.

A fin de desarrollar el punto, ante todo, registremos la realidad de los hechos ocurridos en la Cámara de Diputados de la Nación.

Veamos. La punta de partida del ovillo, el hilo de la madeja, lo  proporcionó el Ministro de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, Javier de  la Torre. Él dio a entender que el dinero para obras sanitarias que recibiría la provincia de La Pampa se sustraería del presupuesto bonaerense (ver: diario “El Día”, La Plata, 15 de junio de 2018, p. 10). Tal dato se correlaciona con otro aparecido en el mismo periódico platense en el que se da cuenta que el gobernador pampeano peronista Carlos Verna “instruyó a los tres diputados  de esa provincia para que apoyen la iniciativa” abortera (“El Día”, citado, p. 6). Se añade que quien primero estuvo advertido del cambio de posición de los pampeanos (Melina Delú y Ariel Rauschenberger) junto con el radical puntano José Riccardo y el macrista fueguino Gastón Roma, varios de los cuales se habían fotografiado pocos días atrás en un grupo de legisladores que estaban en contra del proyecto despenalizador- fue Daniel Lipovetzky (del PRO, Presidente de la Comisión de Legislación General de esa Cámara), secundado por la macrista Silvia  Lospennato). A la siete de la mañana del día 14 de junio “los impulsores del proyecto improvisaron una  conferencia de prensa para pedirle al gobierno una  decisión política sobre el  tema” (“El Día”, 15 de junio, p. 4). Concretamente, fue Lospennato quien se conectó con Mauricio Macri (en idem). La respuesta fue el acuerdo Verna-Macri, que cambió el número de sufragios, y que provocó la indignación de la jefa de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, quien se retiró del recinto para no hablar y no tener que romper la agrupación “Cambiemos”. Esa es la verdadera historia del triunfo del proyecto abortista en la Cámara de Diputados de la Nación. Un típico y sucio chanchullo politiquero, de la más baja estofa. Eso  es lo que festejan en la calle las estudiantes porteñas del “pañuelazo verde”. De paso, anotemos que las “verdes” (que habían usurpado nueve colegios secundarios y la Facultad de Humanidades en La Plata) estuvieron muy bien acompañadas por  las “rojas” (las banderas rojas) de los marxistas Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), del Partido Socialista de los Trabajadores (PST), y del Polo Obrero junto a la Cámpora kirchnerista (ver “La Nación”, 14 de junio de 2018, p. 9). La última noticia al respecto se ha publicado en el diario “La Nación”, del día 17 de junio. Ahí se explica que existió un “Operativo Roma”, encaminado a hacer cambiar el voto del diputado macrista fueguino,  Gastón Roma. Roma tenía “buenos vínculos con la logia masónica”, y por ese lado fue presionado por el otro diputado fueguino Héctor “Tito” Stefani, a quien “acompañó un agente externo del ejército verde: el empresario Daniel Grinbank” (p. 12). Grinbank es un empresario de los festivales rockeros, representante  de los Rolling Stone en la Argentina, que aportó fondos a la Campaña. El negocio de los patrocinadores del aborto apuntaba a que ese crimen entrara en el “Plan Médico Obligatorio”, con las consiguientes franquicias (tal como IPPF había logrado que el aborto  ingresara en el “Fondo de Población” de la ONU).

Confirmando lo antedicho aparece en el “Boletín Oficial de la República Argentina” del 14.6. 2018, la Resolución 305/ 2018, por la cual el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación convalida el “Convenio  Complementario” entre la ANSES y la Provincia de La Pampa, de adecuación y financiamiento del Sistema Previsional (n° 001 Registro Protocolar de la ANSES). Jerga burocrática tras la  cual se esconde el envío de 400 millones de pesos del Gobierno Nacional al gobierno de La Pampa. Remesa  que sugestivamente coincide con el cambio de votación de los diputados de esa provincia… A buen entendedor… Quizás, el súper-ministro de Hacienda, Nicolás  Dujovne, definido abortista, haya dado su aprobación a esa transferencia…

Bien, ahora pasemos al estado de la legislación vigente en nuestro país referente al tema en cuestión.

Desde 1922 rige pacíficamente el Código Penal de la Nación. En  su Título Primero, de los Delitos contra las Personas, Capítulo Primero, de los Delitos contra la Vida, está el artículo 88, que pena con uno a cuatro años de prisión  a la mujer  “que causare su propio aborto o consintiere en que otro se lo causare”. Son reprimidos tanto la  mujer, que dolosamente aborta como a sus cómplices y  partícipes criminales. Basta con el dolo eventual, conforme a la jurisprudencia de los máximos tribunales  del  país. “El bien jurídico protegido es la vida, la del feto, siendo su elemento la destrucción de una vida intrauterina” (Carlos J. Rubianes, El Código Penal y su interpretación jurisprudencial, Bs. As., Depalma, 1966, t. II, p. 567. Cf. también Bach del Chazal, Ricardo, El aborto en el derecho positivo argentino, B. Aires, el Derecho, 2009). No se tipifica la “interrupción del embarazo” (eufemismo usado por los autores del proyecto abortista), sino la destrucción de una vida; matar, asesinar.

Acá anotemos al pasar, para medir el nivel de cultura de esa Cámara, la intervención del diputado macrista Fernando Iglesias. Este caballero ha escrito varios libros a favor de la disolución de las naciones y de la entrega de las Malvinas a los kelpers,  ostenta el título de “Commendatore” italiano, y acá es sólo un Licenciado en Educación Física. Pues, él, horro de saber jurídico, sostuvo en el debate que el aborto no  era  un homicidio porque tenía distinta pena, lo que provocó el aplauso sostenido de la bancada kirchnerista. Con haber abierto el índice del Código Penal hubiera comprobado que el aborto, junto a otros homicidios, simples, atenuados, agravados, dolosos, culposos, de diversas penalidades, integraba el capítulo de los Delitos contra la Vida.

Precisamente, por atentar contra la vida en su inicio. Como lo establece el art. 26° del Código Civil y Comercial, la persona humana existe desde el momento de su concepción. Jurídicamente, ese  encuadre  se conforma con lo dispuesto por el art. 4° de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, o Pacto de San José de Costa Rica, del 1 de marzo de 1984, sancionada por la Ley 23.054 y ratificada por  la Ley 24.390 y por la Convención de los Derechos del Niño, ratificada por la ley 26.061, y el  art.  7° de su Decreto Reglamentario. Pues, esos tratados internacionales forman parte de nuestra Constitución Nacional (arts. 31 y 75 inc. 22). Por lo tanto, si una nueva ley ignorara tal encuadre superior (supra-legal) podría ser impugnada de inconstitucionalidad. Eso es lo que no sabían aquellos que en la Cámara  y en la TV vivaron al ignaro Iglesias.

Por cierto que la cuestión va más allá de lo jurídico.

Desde luego por lo genético. Según tal disciplina científica, cuando los gametos (óvulos maduros y  espermatozoide) se fusionan forman el cigoto, o  primera célula humana. Esa célula contiene 22 pares homólogos y un par de cromosomas sexuales. Los 46 cromosomas, a su vez, contienen los genes (ADN) y proteínas para el desarrollo y la conducta humana. Digamos, y esto es fundamental, que ahí está ya el Código Genético, que especifica al ser humano, el que otorga la personalidad. El ADN completo, puesto que después de ese instante inicial, ningún otro tipo de información entra en el futuro.  Entonces, cabe afirmar que la humanidad de los seres humanos se halla en los primeros momentos de la fecundación. A partir de ahí, toda interrupción del desarrollo del embrión equivale a su muerte, es decir a su asesinato, o sea, al aborto, previsto y penado en el Código Penal Argentino y en las Convenciones Internacionales. Crimen que se consuma de inmediato, sin esperar 14  ó 20 semanas, ni días, ni horas (curiosamente, en el Proyecto se pone un tope a las 14 semanas  de gestación: 14 semanas menos un día, es impune; 14 semanas y un día vuelve a ser delito.¡ Qué maravilla!).

Por supuesto que los abortistas inventan distinciones falsas entre embriones y fetos, arguyendo que al embrión inicial le falta desarrollo. Lo que no exponen es que hasta los dieciocho años un ser humano no está fisiológicamente completo. Por lo pronto, recién a los siete años se instalan las conexiones cerebrales del razonamiento; a los quince la maquinaria químico-eléctrica alcanza su pleno funcionamiento. Por manera tal que si alguien cree que se puede matar al embrión por falta de desarrollo, también hasta los diecisiete años y 11 meses podrá asesinar por el mismo motivo. Ese fulano quizás no sepa que al sexto día de su fecundación el embrión da órdenes a su madre para detener la menstruación y que a los 15 días ya late su corazón, tiene piernas, brazos y cerebro (ver: Le Mené, Jean Marie, El profesor Lejeune, fundador de la genética moderna, Madrid, Encuentro, 2013).

Para concluir con esta faceta del asunto, anotemos que el proyecto de ley abortista, por su art. 11, establece que: “Queda prohibida la objeción de conciencia institucional y/o ideario”. Aparte de coartar la constitucional libertad de los médicos hospitalarios (art. 14 de la C.N.), va directo contra el Juramento hipocrático que deben prestar todos los médicos al diplomarse, que expresamente dispone: “No daré veneno, ni procuraré método abortivos”. O sea, que el art. 11 del Proyecto configura una excepción tiránica a la regla libertaria universal. A raíz de lo cual varias clínicas y asociaciones de médicos ya han anunciado que no darán cumplimiento a tan despótica norma.

Nada digamos de las referencias legislativas a la situación de las mujeres violadas y dementes, ya normada en el art. 86, inc. 2° del Código Penal. Regla que ha sido enturbiada por la actual Corte Suprema de Justicia de la Nación, en el caso “F.A.L. 2012”, al separar los recaudos del llamado aborto terapéutico y permitir  que la alegación de la violación habilite sin más el aborto. Empeorando ese dato, el Presidente del CSJN, Ricardo Lorenzetti, redactó un “Protocolo” que enviado (inconstitucionalmente) a las Provincias ha supuesto un “piedra libre” para el aborto. En efecto, por ese “Protocolo” se tolera que la mujer menor de edad, sin asistencia de sus representantes legales, denuncie policialmente una supuesta violación, acerca de la cual no está obligada a proporcionar datos sobre el violador, modo, circunstancias de tiempo o de  lugar del delito, etc. Basta su palabra para exigir que se le entregue una copia certificada de su denuncia para llevarla al hospital  a que le practiquen el aborto.

Bien, pasemos a otros capítulos de la materia.

El citado Fernando Iglesias (“Il Commendatore”) y otros parlanchines han dicho en el recinto que en los países donde se aprobó una reforma similar al  proyecto local, bajó el número de abortos. ¿Por qué?, debieron haberse preguntado. ¿Acaso la sanción de esas leyes incitó a las mujeres a no gozar de esos beneficios? Eso  es una estupidez; una norma que actúa como la lámpara de Aladino… Entonces: ¿qué es lo que pasó allí? Pues, algo muy simple. Las cifras de los abortos clandestinos que ellos mentaban, no eran tales. De ahí que al registrarse, cayeran notoriamente. Por eso, hablan de 500.000 abortos clandestinos, sin mencionar la fuente estadística en que apoyan sus dichos (petición de principios, desde que si son ilegales no se puede llevar la cuenta). Pues, la diputada Laura Alonso (PRO, de la Oficina Anticorrupción), abortista, indicó que el año pasado murieron 43 mujeres, conforme a los registros oficiales (“La  Nación”, 11 de junio de 2018, p. 7). Cuarenta y tres sobre quinientos mil no es mal porcentaje de seguridad (¡!). Aborto “Seguro”. La médica forense, Dra. Chinda Brandolino les explicó a los sabios legisladores que no existe aborto seguro, sea clandestino o legal, porque siempre el médico trabaja a ciegas en su raspado, con un legrado sangrante, con consecuencias imprevisibles. Ni legal ni seguro. Será un delito impune, tranquilo, si se superan los riesgos propios del ilícito. ¿Barato? En las manifestaciones “verdes”, apoyadas por Marcelo Tinelli, Florencia Peña, Moria Casán, Florencia de la V y otras fulanas de la farándula (¡con altísima autoridad moral!), no se ha visto ni por casualidad a una mujer  humilde (quien quiera verificarlo que mire la portada del diario “La Nación” del 14 de junio, donde comprobará que las únicas caras morochas o amerindias están en el sector “celeste”). Todas las  “verdes” eran niñas de clase media, contentísimas de saltar gritando las consignas que les habían hecho llegar los de la Campaña. Resulta que las mujeres pobres son la que tienen más cantidad de hijos. Y aunque se habiliten hospitales gratuitos, las damiselas de clase media continuarán acudiendo a las clínicas privadas abortistas, que las hay por montones, con habitaciones privadas confortables y onerosas. Mujeres porteñas, además. Destaca el diario “La Nación” (16 de junio, p. 27): “Otro dato interesante es que la mayoría de los rechazos femeninos provino del interior del país, mientras que el mayor caudal del voto  positivo se cosechó en la Capital y Buenos Aires”. Buenos Aires, esa “ciudad de extranjeros”, que diría Sarmiento. Aborto Porteño: ni legal, ni seguro, ni gratuito.

Añadamos acá otro dato subsiguiente. Los aborteros no dejan de citar un plebiscito irlandés a favor del aborto. Debieron aclarar que se trata de Irlanda del sur, toda vez que Irlanda del Norte o  Ulster no admite el aborto. Incluyen a los Estados Unidos en esa bolsa, sin aclarar que corresponde  a un mero fallo judicial, contra el cual existe una campaña muy sostenida para modificarlo. De hecho, en la mayoría de los Estados norteamericanos, sus constituciones prohíben el aborto. “Choise”, dicen, elección. Sí elección, pero antes del coito; con el uso de procedimientos anticonceptivos (diu, preservativos, etc.), o lo que sea. Después la mujer debe atenerse al resultado de su acción, desde que todo acto implica una consecuencia. Por eso, no interesa si el embarazo fue deseado o no. Lo que importa es que siempre debe ser aceptado y protegido.

Maestros baratos del sofisma, los diputados abortistas han comenzado  sus discursos  con la afirmación de que en tanto que católicos ellos están en contra del aborto. Pero, agregan de inmediato,  acá se  trata de un problema de “Salud Pública”. Salud que se consigue matando, aunque cuente con el beneplácito  del Ministro de Salud Pública de la Nación, Dr. Adolfo Rubinstein  (apoyado por su ex colega, el también abortista G.G.G., Ginés González García). Tras lo cual, aquellos sofistas mentan como base lógica que “el aborto existe”, por más legislación que haya en contra suyo. Si te duele la cabeza, cortátela. Linda analogía: el robo también existe, ergo… despenalizándolo se concluirá con el ataque a la propiedad privada. No se rían: eso  es lo que propala Eugenio Raúl  Zaffaroni y su escuela abolicionista del Código Penal (desde que el hombre es naturalmente bueno, y como señaló Juan Jacobo Rousseau, si hace el mal es porque la sociedad lo corrompió. Por si acaso, por si las  moscas, el dulce maestro homosexual tiene sus dinerillos colocados en el exterior).

Entonces, según el feminismo con su doctrina de género intoxicante (ver el estudio de Agustín Laje acerca de  la malvada teoría  del género), de lo que se trata es que la mujer haga lo que se le dé la gana con su propio cuerpo y, de paso, con el que ella ha engendrado.

Bueno, bueno. Con la mención anterior arribamos al núcleo central del problema.

La cuestión es ésta: ¿somos  dioses  o somos  creaturas del Creador?

Porque si somos dioses, antropoteísmo, el hombre es el único dios del hombre (homo homini deus, de Ludwig Feuerbach, maestro de Karl Marx). Vive para el hedonismo, para gozar indefinidamente de su placer y para evitar las molestias, las cargas y las responsabilidades (entre otras, la de tener el cuidado de la crianza de los hijos. Hacer como Rousseau, que mandó sucesivamente sus cinco hijos al orfanato). Posee una libertad sin límite alguno,  igual al libertinaje, tal como lo enseñara el sádico Marqués  de Sade. El hombre decide quién y cuándo debe nacer, eugenesia, y quién y  cuándo debe morir, eutanasia. Si resuelve suicidarse, es asunto suyo; si realiza un aborto, ella sabrá por qué. No hay alma  inmortal, y el cadáver es como el de un perrito; se incinera y a otra cosa. No hay Creador, no hay Creación, no hay Creaturas. En tal marco de inmanentismo subjetivista, el aborto es un episodio vulgar, como una operación de amígdalas. Si no hay Dios, todo está permitido. No hay bien ni mal. La única regla es la del egoísmo trascendental. Tampoco hay patria  (el lema es “ubí bene, ibi patria”, donde estoy bien está mi patria), ni bien común.

Pero, si tras los progenitores y los ancestros hay que remontarse a una causa primera, a un primer motor inmóvil, diría Aristóteles, damos con el Creador de la Creación, el Todopoderoso Señor del Universo que regula la marcha de las galaxias para que no choquen entre sí. Él crea, también, a las creaturas humanas, mediante el acto sexual de los progenitores. Él los crea varón y mujer para que crezcan y  se multipliquen. Los crea a su imagen y semejanza, dotados de razón a fin de que conozcan el orden de la Creación en el que se sitúan junto a sus congéneres, y deseen alcanzar la Verdad, alejándose del  Error. A ese efecto inscribe en sus conciencias la ley moral, para que aprendan a distinguir el Bien del Mal. Luego, Él está en el comienzo y el fin de sus creaturas. Tal, en apretada síntesis, la visión teocéntrica de la naturaleza, la que estudia la Teodicea. Empero, si además del orden natural accedemos al plano sobrenatural, daremos con el orbe Cristocéntrico, expuesto en las Sagradas Escrituras. En su Pentateuco se escriben las Tablas de la Ley que Dios le entregó a Moisés en el Sinaí. Y, dentro  de ellas, el Quinto Mandamiento de la Ley de Dios, que ordena: No matarás. De esa suerte, dentro de esa visión teocéntrica y cristocéntrica  es donde se desarrolló la Civilización Occidental. De ese modo, los romanos ordenaron la convivencia humana, con sus códigos jurídicos. Y los cristianos, al retomarlos, incluyeron el homicidio por aborto. Así, los cristianos- católicos, protestantes, ortodoxos, etc.- , los judíos creyentes y los musulmanes, rechazan el procedimiento abortivo. Entonces: ¿quiénes son los que propician el aborto? Los que no creen ni en el sol que los alumbra, los ateos (como el ínclito gimnasta Fernando Iglesias). Asimismo, en el mismo ámbito de esa civilización se ha desenvuelto el amor a la Patria (la  tierra que cubre a los huesos de los padres en los cementerios). Y es con el patriotismo donde fructifica el bien común de todos en el todo. El patriotismo que rompe con el individualismo hedonista y el marxismo utópicamente inhumano. Y nuestra personal patria, como dijo el poeta  Leopoldo Lugones, “es hija de la gloria y de la fe”.

Si los señores diputados de una Nación, cuya  población en un 76 por ciento se declara católica, si pensaran según su fe, jamás hubieran votado la legalización de un crimen contra las personas indefensas e inocentes. O, cuando  menos, no se hubieran prestado a ser títeres del  juego cuyos hilos mueve la IPPF- Casa Fusa, para achicar la población nacional.

No obstante, el 14 de junio,  infausto día malvinero, con chicanas la Cámara de Diputados de la Nación le otorgó media sanción al proyecto abortista. Y ahora, algunos ponen su esperanza en el voto del Senado. Los abortistas alegan sobre la necesidad de dar a las niñas mayor educación sexual para disminuir el número de abortos. Eso es como queter enseñar a los padres cómo se hacen los hijos. Las referidas clases solo aumentan la pérdida del pudor. Si se quiere que las muchachas aborten menos, lo que hay que hacer es darles lecciones de moralidad, de moral religiosa para que aprendan a defender su pudor, guardar su castidad, eviten pecados y delitos y no imiten a las faranduleras.

Eso no nos preocupa en exceso. La oclocracia (gobierno de los peores) nativa, gobernada por la plutocracia internacional, ya verá  lo que hace. Y que Dios les ayude y nos ayude.

Lo que realmente nos atemoriza es la conclusión que sacarán de todo esto los muchachos y las chicas que en estos meses se han volcado con la  enjundia y el brío típicos de la juventud a defender la vida en gestación. Ya que diría Paul Claudel, la juventud no se ha hecho para el placer hedonista sino para el heroísmo. Tememos que desfallezcan al contemplar el panorama del  desastre nacional, que se depriman y se refugien en un pesimismo inmovilista.

No debe ser así. Los jóvenes movilizados Pro-Vida deben mantenerse atentos y vigilantes en sus puestos, sin rendirse al desaliento. Porque tal vez ellos no adviertan la magnitud del operativo laico- de los clérigos, y el episcopado, no hablaremos- que han desarrollado en este tiempo. Han sacado la Verdad a las calles de la República, como desde muchos años atrás no ocurría. Esa una conquista histórica que no debe olvidarse ni menoscabarse. Ellos, como lo enseñara San Pablo, han librado “el buen combate” (II Timoteo, 4,7) de mantención de la fe de sus padres.  Entre tantas labores, ellos trabajaron por la presentación al Congreso de un escrito anti-aborto con 400.000 firmas (“La Nación”, 13 de junio, p. 6), y organizaron las manifestaciones que han hecho revivir a la Argentina. No les debe preocupar si los indiferentes o los cobardes los acusan de “exaltados” extremistas.  También a Nuestro Señor Jesucristo alguno de sus allegados lo trataron de “exaltado” (Mc. 3, 30).

Hay, pues, que dar la cara, enfrentarse al enemigo inicuo, a los sicarios de la civilización de la muerte, alto el escudo de la Verdad. Deben recordar que el Señor no nos pide que triunfemos en estas batallas, sino que las demos con entereza, con tesón y con fortaleza.

Entonces, queridos nietos, levanten el ánimo que, quizás, ya llegará el tiempo de vencer. ¡Sursum Corda! (arriba los corazones, como se reza antes del prefacio de la Misa). Hasta siempre.

 

                        Enrique Díaz Araujo

 

Minientrada | Publicado el por

La lectura en niños y jóvenes: vía de acceso a la Belleza

“La vida del lector consiste en
vivir contemplativamente la belleza”
Pedro Lain Entralgo

 

No hace falta hablar con demasiadas personas para percatarse que la sociedad actual es apática a la lectura. Los motivos son varios. El más común, los aparatos tecnológicos[1]: la televisión, el uso de internet y el celular. El mundo de los artefactos nos mantiene distraídos, dispersos de las cosas verdaderamente importantes, nos hacen vivir en un mundo virtual donde todo, hasta las experiencias más nobles como la amistad, el amor y el juego, es mediado por una pantalla o un teclado. Y así, la aurora bañada en violáceos o el ocaso arrebolado pasan inadvertidos para muchos. Lo triste de esto es que el uso de estos aparatos se da cada vez más en niños pequeñitos que abandonan el país soleado de los juegos, la fantasía y la imaginación al aire libre por los estrambóticos video-juegos ¿Por qué decimos esto? Existen cientos de estudios[2] que comprueban que el uso indiscriminado afecta lo más medular de la mente infantil: bloquea la capacidad de aprendizaje, perturba el desarrollo de su potencialidades intelectuales y morales, acorta el tiempo de atención y ahoga lo propio del niño: el asombro.

Antes de dejarse llevar por la virtualidad del mundo de la televisión e internet que hacen todo por nosotros[4], nuestros hijos deben consolidar su hábito de lectura. Existen diversos modos. En un primer momento deben seguir atentamente la lectura del adulto. Aunque no lleguen a entender el cuento, la historia o la fábula del todo ni seguir el hilo argumentativo, se sienten atraídos, bien por la cadencia de las palabras, o por el simple hecho de la alegría de estar con papá o mamá o el abuelo, o el hermano mayor. Esta primera aproximación a la lectura por medio de la escucha es de vital importancia para que puedan internalizar lo alegre y placentera que es, pues ellos captan vívidamente la atmósfera que los rodea. De aquí se colige que como padres debemos darle el tiempo suficiente a compartir una lectura con nuestros hijos.

Sabemos, además, que en el niño el factor imitativo es preponderante. Valora cada uno de nuestros gestos. Si ve como algo común que los padres leen y le leen, crecerá en él las ansias de hacer lo mismo porque lo va a considerar bueno, ya que sus padres lo hacen.

Poco a poco el pequeño lector va a empezar a sentirse atraído por las imágenes y los colores (que es lo primero a lo que atienden). Esas ilustraciones y esos colores deben denotar belleza, orden y proporción para que los niños se vean arrebatados por lo verdadero y lo bueno. Pues lo bello es esplendor de lo verdadero y bueno. Por tal motivo debemos elegir libros con bellas ilustraciones[6].

A medida que van creciendo y son capaces de leer por sí mismos y en ellos es asidua la lectura, naturalmente la muda sonoridad de la palabra escrita se irá convirtiendo en una diáfana resonancia que irradia la perfección de las cosas y su belleza. Porque si el escritor escribe bien y bellamente, en sus palabras vibrará el ritmo armónico de la Creación y su fuego consumirá el alma del lector ¿Acaso no hay libros que son pura fiesta[7] para el espíritu?

Si la lectura es fiesta, entonces en la lectura hay recreación del alma lectora. El alma que ha gozado de una buena y bella lectura ya no es la misma. La palabra escrita que deja oír la voz del autor leído tiene la fuerza de modelar el alma.

Debemos dejar en claro que sólo hay buena lectura cuando hay perfección del alma, plenitud dinámica de su existencia. Y hay perfección si hay verdad. Y si hay verdad hay transfiguración de la existencia. Porque quien conoce la verdad ya no puede actuar de la misma manera, tiene que cambiar, girar el ojo de su alma hacia esa verdad que ha contemplado. Así lo ha dicho bellamente Lain Entralgo:

“Siempre que merced a un libro hemos vagado por el campo del ensueño (…) volvemos a nosotros mismos más jóvenes, más ágiles, mejor dispuestos para la vida que no es un sueño; en una palabra, recreados”.

Baste verse a uno mismo al leer, por ej., alguna novela, nos sentimos familiarizados con los personajes, sufrimos y reímos con ellos, nos alegramos y nos entristecemos con ellos. Hasta nuestro cuerpo refleja la tensión, el drama, o la alegría. Esto es así porque las lecturas nos enseñan a amar las cosas y los hombres. ¿Quién alguna vez no ha querido ser un valiente mosquetero, o un avezado corsario o un intrépido jinete de Rohan? Entonces, no les robemos a nuestros niños y jóvenes esta posibilidad de sumergirse 20.000 leguas en el océano o viajar 80 días en globo alrededor del mundo o investigar cientos y cientos de casos con el P. Brown.

Estos ratos de verdadero ocio nos apartan de los bajos fondos de nuestra vida negociosa y nos ponen en contacto con nuestra vida espiritual. Porque la lectura genera un verdadero enriquecimiento de nuestro espíritu en un doble sentido: el regalo de la realidad a la que se refieren y de la palabra con que la expresan. Es la experiencia cotidiana cargada de matices, tonos y colores que nos hacen captar con nuevas luces nuestra realidad ¿Quién no se ha quedado embelesado con las maravillosas descripciones de un paisaje, un rostro o un alma realizadas por un Tolkien o un Chesterton? ¿Acaso no hay lecturas capaces de darnos alguna luz en el empeño de pensar o actuar?

La lectura hace de nosotros cuanto queremos ser. Por eso resulta irrisorio que hoy exista toda una corriente de literatura catalogada de “anti-héroe” o “anti-princesa” que a su vez se caracteriza por el desprecio de los cuentos clásicos. Lo que intentan es matar la imaginación en el niño, para inculcarles cuanto antes y contra su naturaleza una actitud “razonable”, que no va más allá de la tuerca y el tornillo. Este materialismo sesgado no se permite la más leve alusión espiritual o milagrosa. Como bien ha dicho Chesterton, los materialistas destruyen todo, la bondad, la esperanza, el coraje, la poesía… todo lo que es humano.

Pero volvamos a lo nuestro. Estas lecturas, estas buenas lecturas de fábulas y cuentos, de mitos y leyendas, de historias y poemas, para ponerles nombre, Grimm, Andersen, Stevenson, Dickens, Verne, Tolkien, Lewis son el terreno fecundo para la futura lectura de Platón y Aristóteles, de Agustín y Tomás. Con éstos nuestro joven podrá entablar un silencioso coloquio -porque leer no es otra cosa que conversar- rebosante de vitalidad y actualidad porque son clásicos, su filosofía es perenne y su pensamiento universal. ¡Y a qué alturas nos llevarán por los caminos del saber, del amor y la belleza!, permitiendo esclarecer y profundizar sobre lo que somos, enriqueciendo nuestro espíritu y mostrándonos, siquiera sea parcial y refractariamente, el brillo gozoso de la plenitud del ser.

Bueno también sería acercarlos a la poesía porque fluye y se desliza fácilmente en un mar infinito, permitiendo atisbar el perfil nunca visto del mundo.

Para ir cerrando estas reflexiones, no es menos importante tener presente el espacio en donde se lee, no puede ser cualquiera, pero si no existe un espacio especial –como lo puede ser un escritorio de estudio y lectura-, hay que buscar un espacio que cumpla una condición indispensable; un lugar que esté habitado por el silencio, para allí poder degustar parsimoniosamente del libro apetecido. Así, el niño o el joven, cuando disponga de algunas horas libres, hacia ese rincón dirigirá sus pasos, tomará lugar frente a la ventana por la cual de manera oblicua entra toda la luz del sol, dispondrá el libro sobre una mesa o sobre el regazo de sus piernas, como una madre coloca a su hijo, y luego con pausa y sin prisa abrirá el libro en el punto exacto donde la última vez quedó su historia. Pronto los personajes recobran vida y aliento y la historia reanuda nuevamente; a medida que la puerta del libro se abre, los contornos del mundo visible se hacen más borrosos y cobra nueva vida la Tierra Media o Narnia. Poco a poco su vida interior se comienza a henchir y se hace más amplia e intensa, el tiempo se demora, y ya no rige en su alma el tiempo del reloj, sino el del interior del Ropero.

Así la lectura se hace fiesta y el festejante puede asir al menos por unos instantes el gozo de la Belleza, el llamado del Llamador.

 

José Gastón

______________________________

NOTAS:

[1] Es cierto, esto no se puede negar, pero ésta es una fácil coartada, pues el que no se da tiempo para leer, aunque no existiera ningún aparato tecnológico, tampoco leería.

[2] Los realizados por la Academia Americana de Pediatría (AAP) o los realizados aquí por la Fundación Argentina del Mañana.

[4] El niño, ese soñador empedernido que puede crear realidades por medio de su imaginación, se ve reducido a un mero espectador que recibe imágenes que le son impuestas, por lo tanto deja de imaginar, de crear, de pensar.

[6] Se recomienda la lectura de las entradas I, II y III de “Ilustradores geniales” en el blog delibrospadresehijos.blogspot.com.ar

[7] Aquí “fiesta” no es sinónimo de diversión, sino que el término reúne en sí el significado de descanso, intensidad de la vida y contemplación.

Minientrada | Publicado el por | Etiquetado , , , | 2 comentarios

Carta a Nicolás Márquez de Antonio Caponnetto

Estimado Nicolás Márquez:

 Desde hace un tiempo ya prolongado, mis escritos o conferencias son dados a conocer desde “Prensa Republicana”, que entiendo co-dirige con Agustín Laje, y que es prolongación de algún proyecto periodístico  precedente en el que sucedía algo análogo.

Parece ser ésta, además, una modalidad frecuente en el llamado universo de las redes sociales. La menor expresión que alguien elabora e instala en las susodichas redes, pronto se “viraliza”, y casi al instante no se sabe más cuál o quién es la causa eficiente que primariamente la ha engendrado. El totum revolutum es total y completo.

 Me consta de un modo expreso –y debo dejar certificación de ello- que todas las veces que he sido incorporado a sus sitios, no ha habido de parte suya otra motivación más que la buena voluntad y el amical interés en promover mis módicas actividades. Y si bien es cierto que jamás se me pidió autorización para reproducir mis trabajos, también lo es que este modus operandi está ahora connaturalmente instalado en todo el ámbito de las llamadas publicaciones digitales.

 Cualquiera captura hoy lo que es de propia autoría y puede multiplicar su presencia en los lugares más impensados, ignotos y ajenos a las personales convicciones o raigales creencias. Cualquiera incluso puede osar el simulacro de adoptar el nombre de un tercero y dejar su comentario en los múltiples “posteos” diarios. Mi experiencia personal al respecto es desoladora.

 Creí sinceramente que el grueso de los usuarios o de los frecuentadores de estos medios estaban en condiciones de aplicar tales discernimientos. Pero no ha sido ni es así, sobre todo en los últimos tiempos. Y aunque a nadie en particular culpo por ello, lo concreto es que ya he recibido demasiadas pruebas del desconcierto o de la perplejidad que acarrea ver mi nombre instalado con involuntaria regularidad en las páginas de “Prensa Republicana”, con cuya línea editorial no me encuentro en comunión y sí, muchas veces y en cuestiones sustantivas, en franca colisión, hondísima discrepancia y profundo antagonismo.

Es por ello que –sin dejar de agradecerle cuanto ha cooperado a la difusión desinteresada y caballeresca de mi pensamiento- le solicito formalmente que,en lo sucesivo, no reproduzca mis escritos en sus medios de expresión. Entiéndase que el pedido no implica ni puede implicar que no adopte usted ante mi obra el juicio que crea merecerle, fuere de adhesión o de rechazo. Regla que rige para ambos y para todos los pensantes.

 El pedido apunta, sencilla y frontalmente, a que no se me tome como colaborador, columnista o cooperador de un proyecto como el suyo, con el cual, reitero, tengo graves, profundas y muy hondas y cruciales desinteligencias. Desde las atinentes a la doctrina política –en el sentido más abarcador del término- hasta las vinculadas al estilo, talante o modalidades.

El motivo de estas líneas –que le encarezco reproduzca en “Prensa Republicana”- no quiere dar inicio de mi parte a ningún debate. Quieren, por un lado, ser expresión de gratitud por el esfuerzo que pueda haberle significado difundir mis ideas. Quieren asimismo no dejar de reconocer cuanto de valía haya en sus esfuerzos, iniciativas y campañas, que las sé fatigosas. Pero sobre todo, quieren ser una pública y tajante divisoria de aguas. De allí que me vea obligado a hacer pública esta carta.

 Sigo donde siempre estuve, en las filas del Nacionalismo Católico, en la militancia Contrarrevolucionaria y Anti-Moderna, en pugna frontal contra la Judeomasonería, la Democracia, el Liberalismo y el Marxismo. Confrontando con derechas e izquierdas, locales o internacionales; en enemistad abierta con el Imperialismo Internacional del Dinero, sus secuaces nativos y sus mandantes extranjeros.

Celebro la caída del Muro de Berlín, pero también celebraría el derrumbe de otros dos muros, el de Street en New York, y el de los Lamentos, en tierras despojadas a sus legítimos dueños por la codicia hebrea. Entono aún emocionado: “en lo alto la mirada, luchemos por la patria redimida”, y a la par los cielitos federales que tributan preclaros honores a la figura impar e irrepetible de Don Juan Manuel de Rosas.

Sigo donde siempre estuve, opugnando con las mentiras históricas, no sólo de las últimas cuatro décadas argentinas, sino con las de la maldita propaganda aliada y aún con todas aquellas de más lejanos antecedentes. Sigo donde quiero aprender a estar: como vasallo de María Reina, en el testimonio solitario y austero de la Cruz, sin concesiones a los códigos de la sociedad del espectáculo o a los rituales del show business, en el que parece querer devenir hoy la vieja y noble actividad apologética.

 Y procuro seguir, sobre todo, con el auxilio de la gracia, donde con piedad sincera y afecto genuino, ruego a Dios que (despojándolo de tantas confusiones, errores y contemporizaciones con el espíritu revolucionario) los ubique a usted y a los jóvenes o adultos que buenamente lo siguen: en el pequeño rebaño de los derrotados por el mundo que aguardan, batallando y resistiendo, esperanzados  y  sin doblegamientos , el regreso victorioso de Cristo Rey.

                                               Sin dobleces va mi abrazo.

 

                                                Antonio Caponnetto

                                                Junio 5 de 2018.

                                                Ciudad de la Santísima Trinidad.

Se agradece difundir

 

Minientrada | Publicado el por | Etiquetado , ,

¿Hace falta “estimular” a los niños?

 

Si hay algo propio y connatural en el hombre es el deseo de saber, deseo que tiene su origen en un movimiento interior que nos pone de cara con la totalidad de las cosas que son y la luz misteriosa que las envuelve. Sí, hablamos del asombro. Y este asombro es propio del hombre en su primer albor, o sea, en la infancia. En ella inaugura un Universo nuevo, todo se estrena ante su mirada, es, como ha dicho el bonachón de Gilberto Chesterton, como el séptimo día de la Creación.

El asombro es lo que lleva al niño a descubrir el mundo, a admirarse ante la flor y su perfume, ante el zumbido de la abeja, ante el pequeño escarabajo, ante el rostro y la suave voz de la madre. Todo para él es motivo de admiración y lo hace ir en búsqueda. De este asombro temprano es que proviene la pregunta, esos “¿por qué?” del pequeño filósofo. Preguntas que a nuestros oídos de “personas mayores” nos parecen “ilógicas” y tratamos de darles “respuestas lógicas”. Atentos aquí, a veces la pregunta del niño no busca la respuesta, no la reclaman, sino que es otra cosa lo que quieren expresar. Es su manera de admirarse ante una realidad que es pero… que pudo no haber sido.

El asombro entonces es el motor que mueve al niño, desde el interior, en la búsqueda del mundo, por tal motivo los niños no necesitan que les motivemos, el asombro es su “estimulación temprana natural”.

Si los cargamos de cosas, de juguetes… de estímulos externos, suplantamos poco a poco su asombro ¡Ay, de nosotros! Si esto sucede, y está sucediendo cada vez más (sobre todo por el uso de la tecnología en los más pequeños), se dormirá, se aplacará la capacidad de asombrarse y cada vez necesitará más y más sobreestimulación para no aburrirse.

Quien pierde la capacidad de asombrarse de las cosas que encuentra ya no le son transparentes y abandona también la búsqueda de la verdad.

Lo único que debemos hacer es proteger el asombro de y en la infancia. Digamos con Chesterton:

“Cuando muy niños, no necesitamos cuentos de hadas, simplemente cuentos. La vida es de por sí bastante interesante. A un niño de siete años puede emocionarle que Perico, al abrir la puerta, se encuentre con un dragón; pero a un niño de tres años le emociona ya bastante que Perico abra la puerta”.

José Gastón

Minientrada | Publicado el por | Etiquetado ,

Aquí muere otro día

Aquí muere otro día

Durante el cual tuve ojos, oídos, manos

Y el vasto mundo a mi alrededor,

Y mañana empiezo otro.

¿Por qué se me conceden dos?

 

Chesterton

Minientrada | Publicado el por | Etiquetado